Nuevo Amanecer

El diálogo permanente


A Edgardo Buitrago, in memoriam

El título de este documental nació del pensamiento de nuestro gran Pablo Antonio Cuadra (PAC), quien dijo que el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) se fundó en el momento en que se sentaron a conversar Gil González Dávila y el cacique Nicaragua en el istmo de Rivas. Se fundó en la base de un diálogo; el resto de la historia era el reto.
Cuando uno hace una codirección, como en este caso, tiene que ceder en algunos casos en pro del trabajo en equipo y del producto final. Por ello, para mí, en la realización de este documental no era trascendental quién realizara las entrevistas, sino el encuadre, el plano, la composición y la coherencia de los colores, incluso el de la ropa de los entrevistados con el entorno.
Eso hacía mi ojo, mientras mi oído estaba atento a lo expresado y si no escuchaba algo que pudiese hacer falta dentro de la idea general del guión, entonces dirigía la pregunta correspondiente. El reto, para mí, era estructurar cronológicamente los hechos y que se concatenaran de forma que me dieran puentes diversos que me permitieran cruzar las historias de acuerdo con la investigación efectuada.
El cine es un arte multidisciplinario, cuya base es la fotografía en movimiento (cámara, lentes, celulosa y sales de plata), que deviene de la pintura como arte; el arte de pintar con la luz. Y hablando de luz: para Salvador Dalí, su maestro preferido no era precisamente Rembrandt, sino Johannes Vermeer, y con réplicas de su pinturas se bañaba el maestro del surrealismo en las aguas de su Port Lligat.
En el cine de la última mitad del siglo XX fue el maestro Vittorio Storaro quien mejor manejó la luz de la pintura-fotografía en el cine, a quien todavía releo en mis continuas noches de insomnio en angustia. Storaro, de una manera nicaragüense está presente en “El diálogo permanente”.
El hecho de la cronología en el guión implicaba necesariamente los hechos histórico político-sociales, que devinieron en el transcurso de esos cincuenta años a los cuales llegamos hoy, doce de octubre del presente. Los años de la dictadura somocista y el respiro democrático con René Schik; el terremoto que destruyó Managua, la insurrección, la revolución y contrarrevolución, la llegada al gobierno de Violeta Barrios de Chamorro, la visita del Rey de España, etcétera.
Originalmente, para darle un sentido de unidad --unidad que el cine comparte con las otras artes--, tenía las imágenes de un pianista que comenzaba su concierto, el cual continuaba en diferentes momentos y finalizaba después del homenaje a la primera junta directiva. Por razones de tiempo, no se logró al final.
Sin embargo, utilizando la melodía “España”, pieza de Alejandro Serrano Caldera, se consiguió un efecto análogo en relación al sentido de la unidad por medio de la música.
Lo que al final el guión quiere expresarnos es que el INCH, apoyado por la embajada de España y sus embajadores reunió a la mayoría de los intelectuales, artistas, escritores, poetas, músicos y cineastas nicaragüenses a través de este medio siglo de existencia, como parte de su junta directiva, de sus actividades y sus miembros, y que en todo este tiempo ha marcado la historia cultural de Nicaragua.
Y su sello lo podemos encontrar en las diferentes disciplinas artísticas. España incidió en nuestro devenir cultural, el reto es el futuro de esta cantera especial, al parecer única en Centroamérica: el INCH.
La despedida del documental sólo podía darse con un emotivo adiós a la primera junta directiva, quienes nos han precedido en el viaje. A Lolita Soriano, Julio Ycaza Tigerino, Andrés Vega Bolaños, Pablo Antonio Cuadra, Juan Munguía Novoa y nuestro maestro, Edgardo Buitrago Buitrago. Omnia Mors Aequat.