Nuevo Amanecer

Poemas de Octavio Robleto


UN DÍA UNO SE MUERE

Un día uno se muere,
se acaba todo
ya no veremos al sol ni la luna,
no gozaremos de la lluvia,
no veremos el mar ni los ríos,
ya no se oirán los ruidos de la calle
no saludaremos a los amigos conocidos
no podremos amar a una muchacha.

Un día uno se muere
y la vida continúa para otros,
para mí no habrá calor
no habrá leche
no habrá vino,
mi camisa será inútil,
mi hamaca estará inmóvil.

Se acaba uno tristemente.

LA PARÁBOLA

Cuando el extraño peregrino dijo la parábola
toda la ciudad la comprendió muy bien,
los diarios la publicaron y los que la leyeron
también entendieron muy bien.

Y el primer ministro le dijo al presidente:
«Estas cosas le hacen mucho bien al pueblo,
así aprenden a respetarle».

Y el presidente quedó muy satisfecho.

Y al primer ministro le dijo su secretario:
«¿Ya oyó la magnífica parábola?
¡Qué espléndida lección para sus enemigos!»

Y el secretario del ministro con sus amigos en un bar
comentaban: «¡Qué gran cosa es la parábola!»

Y las mujeres se preguntaban entre ellas:
«¿Ya conocerá el presidente la parábola?»

Y el pueblo entusiasmado repetía:
«Es necesario que el presidente conozca la parábola.
Es necesario tocarle su conciencia».

MI NOVIA

Mi novia se parece a una vaca,
es mansa y apacible, es dócil y es láctea.
Mi novia tiene miedo a las tempestades
y busca refugios en su casa como las vacas en la loma.
Mi novia huele a zacate y es mañanera y canta.
Se echa en su hamaca y se adormece:
es maternal y tierna, es cuidadosa y brava.
Ama a los terneritos y conoce sus balidos.
Mi novia es arisca y orejana y sin fierro,
sin embargo, es inconfundible
y con ella iré a sestear un día
bajo el elequeme.

AUTOSONETO

Lo primero que tengo, que todo justifico.
Ya sea bueno o malo, yo todo me lo explico.
Sólo en lo ruin y necio de eso no testifico.
En lo bello y lo hermoso mi atención aplico.

Como yo soy humano, lo humano santifico.
No hago dioses de barro, esto no glorifico.
Si he cometido errores, yo mismo rectifico.
Mis vicios y virtudes, los callo, no publico.

Mi vida está verde, quiero verla madura,
a veces considero que es muy triste y que es dura
pero hay momentos plenos de paz y de ternura.

Sé que el tiempo es corto, que marcha con premura,
sé que hay desperdicio de vigor y cordura
y sé que estoy haciendo mi propia sepultura.

AJETREOS CON HORARIOS FIJOS

A las seis de la mañana
en Managua, Nicaragua,
un quince de febrero
yo pude unir cielo y tierra,
quiero decir mi cuerpo a otro cuerpo.

Dos carnes diferentes en éxtasis de quejas.

A esa misma hora, estoy seguro,
dos cuerpos disfrutaban de lo mismo
en la ciudad de Washington, D.C.
siendo allá las 7 a.m., hora del Este
y en Nueva York igual
En el 9° apartamento de un edificio de 40 pisos.

En Madrid ya era de día, casi medio día,
pero en alguna recámara discreta
las frazadas continuaban en desorden.

En Tokio la noche comenzaba
y los comerciantes encendían luces multicolores
en sus escaparates.

En Río de Janeiro se abrían las oficinas,
se ofertaban joyas raras y vestidos a la moda.

En Vancouver eran las cuatro
y en Los Ángeles el clima registraba 20 centígrados.

En Tombuctú eran las dos de la mañana
y en Tierra del Fuego las 7 am.

En Estocolmo Oslo declinaba el medio día;
todo en correspondencia a iguales ajetreos
como el mío a las seis de la mañana,
en Managua, las Sierritas.

UNO DE TANTOS CUMPLEAÑOS

Es mi cumpleaños
y haciendo un recuento
desfilan los otros que han pasado.
De todo ha habido:
alegrías espontáneas
sorpresas inesperadas
duelos y quebrantos
amorcitos pequeños
y pasiones, pasiones, pasiones.

La suma de los años de experiencias
pero todos quisiéramos tener unos cuantos olvidos
y sustituirlos con hechos simples,
más valiosos que acontecimientos importantes.

La juventud siempre está presente
pero sabemos que es irrepetible,
un gesto bondadoso
un almuerzo familiar
el pasado sin reproches
y el futuro rutinario
suman lo que significa una vida,
pero algo más deseamos
y no somos capaces de señalar ese vacío.

Algo falta en el costado,
no es la punta de una lanza
ni la mano palpando el milagro.

La angustia existencial
hace su nido
justamente donde te picotean águilas y cuervos.
He visto ángeles guardianes con las plumas marchitas
y también me han acompañado arcángeles
con espadas de fuego en actitud altiva.

¡Cuántos trozos de recuerdos!
Y pareciera que cada uno se relaciona con el otro,
pero es la misma telaraña
donde a veces me enredo
y en otras circunstancias
salgo airoso!

ANTE UN JAZMÍN FLORECIENDO

A Socorro Bonilla Castellón,
jardinera

De la nitidez de su blancura provenía su esplendor
y con los rayos dorados del sol
el verde era más verde
y su fragancia
se esparcía por todos los rincones.

Una tarde vi caer una flor
sin ruido
-ángel desmayado-
y por la noche
blancos pétalos reflejaban la luz de la luna.

LA MUERTE

A Ernesto “Tito” Castillo

¿La Muerte?
No me asusta. La he visto en diferentes formas;
cada día y en diferentes prójimos. En mí también.
En mi corte de uñas, en mi corte de pelo, en mi afeitada
diaria. Máscaras de la vida, como mis zapatos,
como mi camisa.
Uno se muere cada día y no se da cuenta. Respira,
toma un vaso de agua, orina; son pequeñas estancias de la muerte.
El final está seguro. El cuerpo es disciplinado,
horizontal, de lado; en sábana pulcra o
en fétido desecho, es el mismo. Florecerá
la misma podredumbre. Y al final, un montoncito de huesos;
pero no seamos pesimistas. Hagamos el recuento:
Primero que todo amé.
Una, dos, tres veces; no importa.
Vi a mi prójimo y especialmente observé a mi próxima.
Viví frente a un jardín; gocé de un río. Fui feliz
frente a un llano, y me asaltaron reflexiones en mi hamaca
viendo nubes pasajeras.
De todo he hecho, pero mis lecturas son las preferidas.
Cada poeta orienta y son muchos los que me han enseñado.

¡Gracias sol! ¡Gracias luna!
Gracias, cielo estrellado y mundo enmarañado.
Viví.
Me dispersé en cariños.