Nuevo Amanecer

Poemas de Ledo Ivo


VALS FÚNEBRE DE HERMENEGARDA

Heme junto a tu sepultura,
Hermenegarda, para llorar tu
carne pobre y pura que ninguno
de nosotros vio podrirse.
Otros vendrían lúcidos y
enlutados, pero yo vengo
borracho, Hermenegarda,
yo vengo borracho.
Y si mañana encuentran la cruz
de tu fosa tirada en el suelo
no fue la noche, Hermenegarda,
ni fue el viento.
Fui yo.
Quise sostener mi embriaguez en tu
cruz y caí al suelo donde reposas
cubierta de dondiegos, triste no
obstante.

Heme junto a tu fosa, Hermenegarda,
para llorar nuestro amor de siempre.
No es la noche, Hermenegarda, ni es
el viento.
Soy yo.

(As imaginacoes, 1944)

EL DÍA
De las profundidades de la tarde viene
el día en que se vive eternamente
igual que el agua murmurante entre
los peñascos donde poco antes
del amanecer se ocultan los peces
perseguidos por los hombres.
No se percibe el otro día melodioso
allá afuera en las perspectivas de los
rascacielos, en los cines y en el tránsito.
La hora tiene una espesura de secreto
guardado y las gargantas de donde las
sedes emigraron suplican apenas lo
que sobró del frío y del sueño.
Los ruegos duermen en el aire, con
una resistencia de ángeles,
y las dulzuras se desfiguran en una
ilusión de rodillas hendidas en el agua
como si los cuerpos sintieran
que el tiempo se fue.
La vida, liberada de los
vocabularios eventuales, se
festeja sin memoria
en el espíritu encadenado a
un infinito ahora eternamente
presente como el océano en las
playas.

(Cántico, 1951)

EL SILENCIO
DE LA VIDA
No quise iluminarme al fuego
de tu agua abierta a los rodeos
de las estrellas altísimas.
Aspiré a la canción simple
que es como la raíz del
océano en la tierra en busca
de las estaciones que el hierro
bebió y jamás brotaron del
suelo.
No quise ser la imitación de
destellos en la vertiente del
mediodía descomunal.
Como los objetos necesitados
de marea, yo anhelaba los
impulsos que llevan a los
grandes fines.
Y la vida era bella como el
desorden y la tarde era una
vaguedad de ríos afluentes.

(Linguagem, 1951)

EL CAZADOR
Vuelvo a atravesar los campos
donde las golondrinas esconden
sus nidos azules.
Y el zorro maldecido en todos los
patios me acompaña entre los
matorrales.
¡Inocencia, rocío evaporado!
Tiré piedras a los pajaritos.
Arranqué las alas de las hormigas
mineras.
Mutilé lagartijas y mariposas.
Las flores no apagan mi olor a
sangre.
Por las hojas trémulas oigo el
avance rencoroso y fraterno de ese
animal que ve nacer en mi hombro
la escopeta de un encuentro futuro,
y me punza el dolor de ser un
hombre.

(Curral de peixe, 1995)

LAS ILUMINACIONES
Me precipito en ti como una
bandada de pájaros.
Y todo es amor, es magia es cábala.
Tu cuerpo es bello como la luz de
la tierra en la división perfecta del
equinoccio.
Suma del cielo gastado entre dos
hangares, eres la altura de todo
y serpenteas en el fabuloso suelo
esponsalicio.
Cambia la noche en día porque
existes, femenina y total entre mis
brazos, como dos mundos gemelos
en un solo astro.

(Um brasileiroen Parìs, 1968)

El brasileño Ledo Ivo siendo, a sus 85 años, una de las grandes voces que nortea la poesía iberoamericana desde hace más de medio siglo, puede maravillarnos con la musique expresada en todas sus posibilidades, desde el versículo torrencial hasta el soneto, desde el verso libre y el poema en prosa hasta el verso breve de tono culto o popular. Pero siempre comprometiendo al lector en la vitalidad y el estremecimiento de “alguien” que, en esa voz personalísima, rebelde a todo gregarismo, preñada de la presencia de su Nordeste natal, dice cosas tan indispensables al ser humano como el amor por la vida, el dolor de lo injusto, la compasión, la búsqueda de sí mismo y de Dios.

Marta Spagnuolo