Nuevo Amanecer

¿Cuán congelado estás, Nixon?


Entre marzo y abril de 1977, tres años después de haber renunciado a la presidencia por el escándalo de Watergate, Richard Nixon, por la cantidad de 600.000 dólares, le concede una serie de entrevistas al presentador británico David Frost, conocido por ser un maestro en el campo del conocimiento del medio televisivo, pero de una limitada inteligencia e intelecto.
Nixon, conocido por poseer una inteligencia brutal en todos los significados que pueda tener esta palabra, y una astucia y olfato político de amplio espectro, acepta el reto de enfrentarse a las cámaras, por considerar que puede aplastar a su oponente con el dedo meñique y largarse a su rancho de San Clemente con más de medio millón en su bolsa.
Pero la autenticidad de Frost, su especie de frivolidad exitosa y su metrosexualismo, le mueven el piso al prusiano ex presidente y hacen que confiese, de alguna manera y hasta donde puede, los errores, abusos de poder, encubrimiento y una serie de ilegalidades que como presidente lo llevaron a tener que renunciar a su cargo aquel 8 de agosto de 1974.
Sobre estos hechos, Peter Morgan, guionista de La reina (2007) y El último rey de Escocia (2007), escribe una obra de teatro: Frost/Nixon, que fue un éxito en Broadway y posteriormente el guión cinematográfico del mismo nombre (2008) que dirige Ron Howard, con Frank Langella, en el papel de Nixon y Michael Sheen, en el papel de Frost.
Es reconfortante encontrar un guión bien trabajado, tanto en su estructura como en el tendido múltiple de la trama, puesto que Morgan trabaja varios escenarios que vamos viendo avanzar hasta encontrase en un denominador común: la confesión de la verdad en contraposición a la mentira.
Los diálogos están bien trabajados y las afirmaciones autocráticas, prepotentes y racistas de Nixon, le dan el perfil fascista del presidente que lideró las guerras de Vietnam y Camboya, que llevaron a la muerte a miles de jóvenes norteamericanos e incontables vietnamitas y camboyanos.
“Lo que haga el presidente es legal”…sea lo que sea… nos quiere decir Nixon en su entrevista final, donde confiesa y se disculpa ante el pueblo de su país. Pareciera el invento reinventado de la revolución francesa: la democracia representativa y su división de poderes apenas puede contrarrestar la tentación del absolutismo en el poder, puesto que… “lo que haga el rey, sea lo que sea, es legal”, le hubiese expresado Luis XIV a Frost.