Nuevo Amanecer

Radio Corazón en una tarde cualquiera


Se cierra un capítulo más de otro Festival Ícaro, el onceavo, esa pantalla abierta a una visión del cine alternativo de la región centroamericana, incluyendo otros países y el nuestro, por supuesto. Traído de la mano de las colegas de Luna Films: Martha Clarissa Hernández y María José Álvarez. Un espacio cultural de exposición, intercambio y reflexión cinematográfica.
Es imposible poder hablar de toda la muestra pero podemos tomar dos ejemplos: Radio Corazón, film con que abrió la muestra, y Una tarde cualquiera, uno de los cortos proyectados en la clausura.
En Una tarde cualquiera (2009), el costarricense Hernán Jiménez mantiene con bastante acierto, en el transcurso de su cortometraje, la tensión de Claudia, una adolescente tratando de capturar el amor perdido de un padre que la abandonó de pequeña y el cual se siente incómodo en esta única cita que no volverán a tener, creando una distancia constante para no involucrarse emocionalmente.
El tiempo del film está muy bien manejado y los silencios son muy importantes para remarcar esa distancia angustiosa, hasta enterarnos por boca del padre, que al hijo menor le puso el mismo nombre que a la hija que tiene de frente: Claudio.
El resto es una despedida anunciada colmada de desolación y desamparo de una hija que en ese momento quedará efectivamente huérfana; ambos abandonan la pantalla y quedan las ventanas que perforan la pared del restaurante en que se encontraron. Una contradicción entre amor desamor desamparo orfandad y cuadratura del macho de la especie.
Radio Corazón (2007), del chileno Roberto Artiagoita, basada en el popular y muy escuchado programa radial: El chacotero sentimental, se enmarca en las películas de sketches de mediados del siglo pasado; tres historias diferentes unidas por este programa de radio alimentado por las narraciones de los radioescuchas.
El cine chileno ha explorado en los últimos años lo sexual, tratando de darle una connotación común y ordinaria en la vida diaria de los chilenos. Jugando entre la sátira y el drama convencional, como en: Sexo con amor, Lokas y En la cama, una remembranza de Mi noche con Maud, del entrañable Eric Rohmer.
Al basarse en historias contadas por los propios intérpretes de las mismas, es imposible dejar a un lado el melodrama y desde esa perspectiva hay que analizar este film. La vida cotidiana es un eterno melodrama que el artista, el guionista, transforma en drama o tragedia, para trascenderse a si mismo.
La obsesión de perder la virginidad de una adolescente que la lleva a chantajear al padrastro para que “la haga mujer” antes de cumplir los dieciocho años; la madre que en un momento de locura se acuesta con su futura nuera, cortando de tajo el matrimonio de su hijo; la empleada que se convertirá en la futura mujer impulsada por la misma esposa agonizante de enfermedad terminal, en un Chile en que las diferencias entre las clases sociales están debidamente marcadas; son los dramas que componen las tres historias de este film.
La línea divisoria entre el melodrama y el drama o la tragedia es muy delgada y sólo el bisturí del talento puede transformar lo cotidiano en lo trascendental.
Considero que Artiagoita no tiene más pretensiones que contarnos estas tres historias con sencillez y sin ninguna pretensión; al fin y al cabo el cine es también una diversión que a veces hay que disfrutar sin esperar más de lo que estamos viendo.
El misterio, por el que tanto propugnaba nuestro Buñuel, debemos guardarlo en algún rincón de nuestra imaginación a la espera de mejores tiempos.