Nuevo Amanecer

El luchador

a Pepe Montoya Rourke

¿Qué es el cine? ¿Un retrato de la realidad o la realidad en un retrato en movimiento? Estas preguntas me acosan saliendo del cine después de presenciar el retorno triunfante de Mickey Rourke a la pantalla con El luchador (2008), dirigida por Darren Aronofsky.
El guión es un complot dramático en el que la vida misma del actor, su vida real, es tomada y transformada en la vida ficticia del personaje de Randy “El Carnero” Robinson, por el guionista Robert D. Siegel. Y este personaje ficticio se convierte en la realidad cinematográfica del filme.
Conocemos la vida de Rourke llevada a sus excesos, mantenida en los límites que le llevaron a desfigurar su cuerpo y su rostro, reconstruidos por la cirugía; límites en los que el caos es una manera cotidiana de existir y que se funde perfectamente sobre la vida de El carnero; este antihéroe circense que pasa la vida fingiendo unos golpes y caídas debidamente preparadas de antemano.
No ha cambiado la humanidad en sus gustos y el circo romano, en el que morían de verdad los gladiadores, ha sido superado por la tecnología mediática y hoy es una empresa multimillonaria que nos ilusiona con combates de oropel y mentira, en regordetes combatientes embutidos de clembuterol que hacen el ridículo a satisfacción de los espectadores, que pagan por ser engañados por unas horas.
El guionista reconstruye la historia de este luchador profesional que tuvo su mejor época en los años ochenta y que después de sufrir un ataque al corazón, en plena lucha libre, decide reflexionar y tratar de rescatar su vida y a los seres que, como su hija, ha hecho a un lado cegado por el triunfo.
Sin embargo, la fuerza de la costumbre, las deudas y sobretodo su constante sentido de competencia, hacen que caiga en la trampa de la revancha contra su eterno rival, que lo llevará al borde de la muerte.
Lo que el guionista quiere decirnos es que la redención sólo es posible dentro de la contradicción vida-muerte y que probablemente pase por esta última. Pareciera que la vida le ha dado al soberbio actor Rourke la oportunidad de surgir de sus propias cenizas, en el entendido que la redención sólo se da una vez, antes de volver a caer en la trampa que nos aguarda a mitad del camino.