Nuevo Amanecer

Una ruptura epistemológica


Con La invención de Nicaragua (Editorial Amerrisque, 2008) Carlos Midence inició un desmontaje y desenmascaramiento de la historiografía nacional. Así, pues, en ese primer texto están ya los planteamientos básicos que se acentúan y esclarecen en su más reciente obra: Sandino y el pensamiento otro (Editorial Amerrisque, 2009), de la cual pretendemos ocuparnos en este trabajo. En aquel inicial desmontaje no se trataba solamente de una nueva lectura de la historia oficial en sus diversos momentos canónicos, sino más bien de una reconstitución de la discontinuidad de lo que se ha dado por obvio o deja vu (la construcción de la identidad llevada a cabo por los grupos letrados).
Hay, entonces, que reconstituir los encadenamientos, llenar los baches, los huecos monstruosos de una historia que ha justificado la conquista inicial de los españoles, su colonización y pillaje con la narrativa de un mestizaje que nunca se llevó a cabo sino por medio de la violencia y el desprecio étnico de nuestros aborígenes. Pero la lucha, las rebeliones, la insurgencia en contra de los españoles y demás epígonos en diversos momentos de nuestra historia no ha cesado. Pero para advertirlo hay que volver a los documentos apartados u obviados, hay que leer lo que ha quedado desvanecido detrás de ellos. De la reconstitución de estos vacíos, del reescudriñamiento de documentos es que parte el trabajo de Midence.
Las grandes series históricas deben ser leídas de otra manera, sugería Midence en La invención de Nicaragua, y así la independencia de Centroamérica fue llevada a cabo por la élite letrada que asume la representación del subalterno, de las clases otras, los marginados: negros, indios, mestizos. Y es en esa época, precisa Midence, que comienza a forjarse el imaginario nacional de Nicaragua con su cuerpo de letrados que coadyuvarán a inventar o fundar la nación nicaragüense. Para ella será necesario instrumentalizar la lengua, crear una cultura, una literatura, una gramática, no siempre asumida por los sujetos políticos sino más bien por los intelectuales, poetas, profesionales, periodistas, historiadores. Se conservan los valores esenciales de la colonia y “entonces la poesía de la época funge como epifanía sociopolítica”. Alrededor de la hegemonía cultural de Granada y León -señala Midence- se consolida la unificación del poder central en una sola ciudad y en una sola facción política. “En este proyecto fundacional llevado a cabo por los letrados, el indígena, las clases pobres o populacho, quedan excluidos”. Así, la invención de Nación, es la del desarraigado, del criollo que no siente que tenga algo que lo ligue con las comunidades autóctonas.
“La colonialidad -señalaba Walter Mignolo en su prólogo a La invención de Nicaragua- es el lado oscuro de la modernidad”; afirmación que ha funcionado como dispositivo genotextual para desenguaracar el verdadero y hasta ahora no auscultado pensamiento de Sandino. Es, pues, desde la óptica de la modernidad-decolonialidad que Carlos Midence deslee la historia canónica de Nicaragua y da cuenta de las rupturas que han sido tergiversadas por ideologemas partidarios neocolonialistas, desde los cuales ha sido escrita.
La escuela de la decolonialidad nace y se produce como tentativa de repensar la historia de Indoamérica (término acuñado por el propio Sandino y que prefiero al de Latinoamérica), Africa, India, Australia, desde sus propios márgenes, y utilizando como herramientas sus propios saberes ancestrales. Sandino y el pensamiento otro, como podemos suponer ya, no se inscribe dentro del cúmulo bibliográfico descriptivo de la vida y gesta del héroe de Las Segovias. Tampoco trata de exaltar la figura de éste valiéndose del mero artificio retórico. Recordemos que el pensamiento y la figura gestora de Sandino han sido ubicados frecuentemente dentro de un contexto histórico vinculado con la revolución mexicana y el anarco-sindicalismo de ese mismo país, así como también con un primario socialismo que tendría sus raíces y proyección en el pensamiento de Carlos Marx y la revolución bolchevique. Para Midence el pensamiento de Sandino es absolutamente original, y esta originalidad reside en su independencia del eurocentrismo, de cualquier cuño que fuere, así como también del colonialismo norteamericano, nocividad constante para nuestro desarrollo. Y es por ello que la propuesta libertaria del héroe de las Segovias es también “una intervención epistémica que zanjaría las relaciones coloniales, colonialistas e imperiales”. Sandino, además, funda y crea una cultura, que llega a constituir lo que Midence precisa como el “giro decolonial”.
Así, pues, el Sandino que para la mayor parte de autores es sólo el fundador de una estrategia insurgente de guerra de guerrillas, para Carlos Midence no sólo “enuncia una forma de protesta”, sino que más bien desencadena un proceso sociocultural y sociopolítico “que reinterpreta, reapropia y subvierte las ideas, conocimientos y prácticas devenidas desde las fundaciones de las llamadas repúblicas independientes en Centroamérica”. Además, los textos y manifiestos de Sandino se nutrieron de las costumbres, habla y tradición de los marginados, creando una “cartografía de pensamiento que va desde los pueblos originarios en la costa Caribe nicaragüense hasta lecturas disímiles como Gandhi y Joaquín Trincado”, así como saberes populares de la zona norte de Nicaragua (toda la zona de Jinotega, Las Segovias)”. Sandino, continúa Midence, “crea un lenguaje nuevo, con vocación trascendentalista y giro muy propio” para oponerlo al pensamiento eurocéntrico y a lo que Midence llama –en la terminología de la escuela decolonial- “las grandes narraciones epistemológicas-políticas que circulaban en la época”, es decir las concepciones, ideas y modos de pensar y actuar del colonialismo.
¿Qué se propone Midence? Demostrar que Sandino constituye un corte epistemológico, la gran ruptura con el logos ontometafísico europeo y la linealidad del discurso de la “modernidad-colonialidad como sistemas de dominación”. Sandino no es sólo el creador de un modo de lucha, catalizadora de la insurgencia constante que desde la llegada de los españoles a nuestras tierras se ha producido en nuestro país, sino que crea a su vez desde su praxis guerrillera y discursiva el primer brote de pensamiento anticolonialista original en Nuestra América y en los países hermanos víctimas de lo que Midence enfatiza como Colonialidad/imperialidad.
Sandino y el pensamiento otro es un texto que no repite nada de lo que hasta ahora se ha dicho sobre el héroe de las Segovias. Midence ha escudriñado la copiosa bibliografía existente sobre el tema, pero su lectura obvia caer en la trampa positivista reconstructora de datos. Estructura su libro a partir de citas esenciales, las cuales, en grandes términos, se centran sobre autores claves de la escuela decolonial (Walter Mignolo, Enrique Dussel, Aníbal Quijano, Santiago Castro Gómez, Ramón Grosfoguel), cuya visión coincide y coadyuva a mejor interpretar la decolonización emprendida por Sandino. Lo que más interesa a Midence, desplegando todo el aparataje y léxico de la escuela de la decolonialidad, es demostrar que la figura de Sandino surge como una consecuencia dialéctica del ascenso de la cadena de insurgencias acaecidas en Nicaragua, “desde el arribo de los europeos hasta llegar a la emblemática rebelión de los indígenas de Matagalpa en l88l”.
De eso trata la primera parte del texto, compuesto de tres con su conclusión respectiva. La segunda parte, breve pero intensa, funciona como una bisagra histórica: interpreta el pensamiento insurgente de Benjamín Zeledón, pero al referirse a la exhibición de su cuerpo contemplado por Sandino adolescente, este cuerpo se transforma en el cuerpo de la Nación, de la Nación insurgente, desde luego. Un verdadero hallazgo metafórico-conceptual que Midence precisa como “la restitución del cuerpo de los sometidos”, surgido en ese momento de contemplación. De esa contemplación emerge Benjamín de forma triunfante, provocando “una de las insurgencias armadas y epistémicas más sintomáticas de nuestro continente”.
En su tercera y última parte del libro Midence enfoca a fondo el pensamiento de Sandino y su proyección mediática en Indoamérica y el mundo, a través de sus manifiestos, cartas y arengas, que fueron “un desafío para el avance expansionista del sistema-mundo impulsado primero por Europa, a través de la colonización y luego por medio del imperio inglés y francés”. Sandino levanta un dique contra la geofagia colonialista norteamericana, cuyo estandarte es “nacionalismo, reforma agraria, nacionalización de recursos, ampliación de mercados, creación de escuelas, proyectos de salud”.
La gesta y pensamiento de Sandino desbordaron, continúa Midence, el utopismo en el cual han querido encasillarlo algunos autores nicaragüenses, utopismo que propuso una reforma social sin revolución. El proyecto de Sandino propone, más que cambios, verdaderas rupturas epistémicas, subvirtiendo “el sentido jerárquico de los campos de producción de conocimiento moderno/decoloniales/imperiales, y plantea una defensa de la naturaleza, del hábitat, de las intersubjetividades nacionales/populares”.
Este texto de Carlos Midence, más que inscribirse en la establecida bibliografía sobre Sandino, arremete contra ella, es decir contra la rígida reconstrucción cronológica de hechos, y centra su tesis en demostrar que la originalidad del pensamiento del héroe de las Segovias es asumido de manera propia, precisamente al hacer suyo “el pensar con el otro y no pensar por el otro”. Esta asunción del pensamiento otro (de las etnias marginadas, de los oprimidos, de los condenados de la tierra en su patria) constituye el verdadero “giro decolonial” subyacente en todos los textos, cartas y proclamas, que hasta ahora no había sido ni siquiera vislumbrado, y que Midence nos descubre paso a paso, uniendo todos los cabos sueltos de una historia hasta ahora no leída, sino más bien obviada y acomodada a los intereses clasistas de nuestros historiadores oficiales.
Sin lugar a dudas, Sandino y el pensamiento otro es un libro cuya lectura será indigesta para muchos de los lectores acostumbrados a lo meramente anecdótico de la historia, o a la linealidad ensayística de nuestra usual retórica. Midence se revela contra la prosa ensayística tradicional, y así, tanto La invención de Nicaragua como este libro sobre Sandino imponen una disciplina de lectura epistemológica, donde la historia debe ser reconstruida por el lector desde “la gramática central de las insurgencias” o desde “el cuestionamiento del logos colonial-moderno que se funda en dos sistemas de pertenencia jerarquizada”: el sistema de desigualdad y el sistema de exclusión.
Se trata, hay que decirlo, de un texto reiterativo aparentemente, pero en cuyas reiteraciones el autor agrega siempre algo nuevo. La originalidad de Sandino está vista y abordada desde todos los ángulos posibles (sociológico, epistémico, histórico, geográfico, esotérico) y ello demuestra la consistencia del pensamiento de aquel, así como la vigencia de su praxis y de su pensamiento decolonizador, modelador de otra concepción de la historia, que es a la que Midence trata, insistentemente, de aproximarnos con todos los fierros y arreos de la escuela de la decolonialidad.

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