Nuevo Amanecer

Selección poética de “La desnudez del asombro”


LA DESNUDEZ DEL ASOMBRO

    A Claribel Alegría

Los pies, las manos,
   las manos de la mano,
   los sudores del vientre enamorado

lo que puebla el reino de los ojos,
   las nubes de rayos húmedos

adentro de los cuerpos,
   la liturgia de los tactos,
   la piel en el surco del silencio
   a las una de la noche de mi noche

las criaturas de los tiempos,

las creaciones sin tiempos,
   esas que sobreviven plagas,
   cruces, sables, campanas y cristales,

ellos, ellas, todos
   somos un secreto de amor
   a ser descubiertos
   con lento asombro.

LADY DI

Conserva su sonrisa juvenil,
el brillo de la tiara
de la Catedral de Westminster
en su rostro.

Nunca será vieja, como la Reina.

Sus ojos todavía danzan
la vida rubia,
en ella no pasa
la belleza insomne de sus piernas
que dio príncipes
a quien vida no le diera,
y recibió con llamas de joven
el cariño de todos sus secretos.

Compasiva sin política;
deseó el amor hasta las raíces

inspiró sus rutas generosas,
saltando por las religiones del planeta.

Nunca será vieja, como la Reina

u otras que tienen arrugas
de protocolo
y de tristeza.

28 de agosto de 2007

DISTANCIA DE PAPEL

“¿Cantaría el poeta sin la angustia del tiempo?”
Antonio Machado

Se apresuran los eventos,
pantallazos en un viaje a 300 kilómetros por hora,
y el futuro pasa por debajo de los pies.

La agenda, mi vieja agenda,
se está poblando de muertos.

Los ojos van enturbiando mis iniciales;
las fotos tienen palidez de losa.

La ciudad amanece
y se cansa en las caras.

Me sobrecoge el placer de visitar a Poe
en su tumba urbana de Baltimore.

El río desnudo ya casi estanque y violeta.

Mi amante, una flor cansada
de tanta primavera y verano.

El argumento del tiempo
es un argumento desesperado.

TE ENCUENTRO EN LA MAJA DE GOYA

El alba desviste la noche
y tu canvas me regala vida.
Celebro mi liturgia en tu altar desnudo
hasta dibujar tu cuerpo
en la tela de mi piel y de mi mente.

Con las sombras se crean las figuras,
los pintores pintan.
Yo, cantor de la penumbra, me ilumino
extrayendo los pezones de tu espuma,
pintando el grito de nuestros dos colores
en una misma sílaba.

Me ilusionaría en algún momento
darte vuelta para recorrer tu espalda,
con inquisición de lujuria,
que explore tus acantilados tibios
la exquisitez de los contornos
tu oculto domicilio.

Querría luego ver los destellos
de cielo y agua en tus ojos oscuros
y gozar sin secretos el color de tu alma:
pero, Maja, dime: ¿es de noche o es de día,
es de oro, o es de fuego?

Museo del Prado