Nuevo Amanecer

Una pistola, un divorcio y diez mil francos

El proceso de divorcio del poeta Rubén Darío fue probablemente el más polémico del que se tenga conocimiento en la historia de Nicaragua, sin embargo abrió las puertas a una reforma a esa ley que se mantenía intacta, y que culminó más tarde con la llamada “Ley Darío”.

Un oscuro romance que habría protagonizado Rubén Darío con la hija de un embajador en Río de Janeiro, en el que se combinaron el lujo de la aristocracia, el poder de la política, y el juego de la seducción, motivaron de alguna manera para que el poeta nicaragüense tomara la decisión de divorciarse de Rosario Murillo, su segunda mujer- la primera murió- y de quien había estado separado durante varios años.
El poeta regresó de Brasil, donde había participado como representante de Nicaragua en una conferencia panamericana, con la idea del divorcio revoloteando sobre su cabeza. En Francia le esperaba su trabajo como diplomático, y también su segunda mujer quien había llegado de Nicaragua para reclamar sus derechos de esposa, los que desde hacía varios años había dejado de disfrutar y a los que se negaba a renunciar.
La resentida mujer, con la que Rubén se estrenó en amores cuando aún era un adolescente, no estaba dispuesta a aceptar aquella separación, ni mucho menos las condiciones de aquella disolución, a menos que el vate le garantizara una compensación económica, que a juicio del mismo era desproporcionada.
Cansado de la persecución que le montó la celosa mujer durante varias semanas en París, con la complicidad de unos funcionarios de la embajada nicaragüense en esa ciudad, y por lo que tuvo que huir a varias ciudades europeas, el poeta decidió viajar a Nicaragua e iniciar su proceso de divorcio, y formalizar lo más pronto posible su relación con Francisca Sánchez, una española con la que convivía desde hacía ya varios años.
El día de la partida de París, Rubén se encontró en la estación de trenes con unos amigos a quienes les comentó su deseo de regresar a su país, de respirar ese aire y ver ese cielo, y olvidarse de la literatura, no obstante sus amigos sabían que detrás de ese deseo se escondía el nerviosismo y el miedo hacia su ex mujer. Temía que ésta fuera a esperarlos a la estación, le provocara un escándalo, o le pegara un tiro. Por eso subió antes al vagón del tren.
Los amigos, que sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo aquella noche, se quedaron esperando a que saliera el tren. En esas estaban cuando en uno de los andenes vieron llegar a Murillo en compañía de otra mujer.
Murillo intentó subir al vagón, pero los amigos del poeta se pusieron en la puerta y no la dejaron subir. La mujer se paseó desesperadamente frente al tren, lanzando miradas matadoras hacia el interior del vagón hasta que el tren partió.
Después de varios días de navegación el poeta llegó a Nicaragua para iniciar el ansiado proceso de divorcio, pero se enteró que los argumentos esgrimidos para la separación no eran legales, por lo que recurrió a sus amigos diputados, y éstos en connivencia con el presidente de la República de esa época, redactaron una reforma a ley de divorcio, que se aprobó posteriormente.
La aprobación de esa reforma revolucionó a la sociedad nicaragüense y por supuesto a la clase política que se dividió en dos bandos al momento de la votación, “los rubenistas y los rosaristas”. La posición del poeta era liderada en el parlamento por el diputado Buenaventura Selva, mientras que la posición de Rosario era respaldada por el general Aurelio Estrada.
La ley del divorcio establecía que la separación de los esposos durante cinco años, ella en un país y él en otro, eran causa inmediata de divorcio. La reforma a esa ley que plantean los amigos del poeta y que luego se conoció como “La ley Darío” consistía que para este efecto bastaba dos años de separación.
Llegó el día de la votación y con ella el fin de un acalorado debate en relación con los motivos para divorciarse en Nicaragua. Al final la votación quedó empatada, por lo que tuvieron que llamar a un diputado que no estaba en el parlamento para que ejerciera su voto. El diputado votó a favor del grupo que apoyaba al poeta y la ley fue aprobada.
Pero aún con la ley a su favor el poeta no pudo divorciarse de aquella astuta mujer. Ésta sacó de su maleta, unos papeles que databan de menos de un año, en los que supuestamente estaban unas cuentas que el poeta había pagado para los dos en un hotel de Londres y los recibos de un dinero que éste le había dado para que se regresara a Nicaragua.
Al ver fracasado su intento de divorciarse por la vía legal, al poeta no le quedaba otra alternativa que negociar el precio de su libertad y le propuso a Murillo un acuerdo económico de 10 mil francos. La negociación la realizó un embajador amigo de Darío y la mujer aceptó sin objeción y de inmediato, sin embargo luego rechazó la oferta y la elevó a 50 mil francos.
El poeta se sorprendió con la cantidad que le exigía aquella mujer, pero un amigo suyo le sugirió que aprovechara su reciente nombramiento- y salario- como embajador en España, y que podía solicitar un préstamo de los 40 mil francos que le faltaban.
Le hicieron la propuesta a un alemán que vivía en Nicaragua y éste aceptó sin condiciones la negociación y se comprometió a hacer la transacción desde Europa.
El embajador que servía de negociador, le comunicó a Murillo la decisión del poeta y le preguntó en qué banco europeo quería que se le depositara el dinero del divorcio. Finalmente la mujer respondió que le informaran al poeta que se alegraba que tuviese tal cantidad de dinero, pero que por su parte no se divorciaba ni por todo el oro de Rotschild.
Se sabe que en las últimas semanas de vida del poeta, éste llamó a Rosario desde Guatemala, por indicaciones de su confesor, para que le fuese a recoger y lo trasladará a Nicaragua. En esa ocasión le ex mujer del poeta llevaba en su cartera giros por un valor de 10 mil francos.
Una tarde de marzo de 1893 Rubén Darío se encontraba entregado inocentemente a los placeres de la carne junto a Rosario Murillo, en una casa ubicada frente al lago de Managua, cuando sorpresivamente apareció en la habitación el hermano de ésta quien al encontrarlos desenfundó un revólver y con insolencia amenazó al poeta con matarlo, si éste no se casaba con su hermana.
El poeta desconcertado con aquello que estaba sucediendo aceptó ser parte de aquel plan que habían fraguado con anticipación la mujer y el hermano de ésta, teniendo como cómplice al cura que llegó minutos después a celebrar el matrimonio religioso, único autorizado en esos años. Al día siguiente el poeta se despertó al lado de aquella mujer, no dijo nada, ni se quejó, pero se enteró que había sido víctima de una funesta historia que le marcaría durante toda su vida.
deylin2001@yahoo.com