Nuevo Amanecer

Francisca Sánchez del Pozo en Masaya


Un tributo a la vida de la última compañera de Rubén Darío fue dedicado por la licenciada María Isabel Tiffer Alduvín, en el Cafetín Literario Kolschitzky. El evento se llevó a cabo el sábado 15 de agosto, recordando la muerte de Francisca Sánchez, quien dejó este mundo el 6 de agosto de 1963. Este evento fue muy concurrido por intelectuales de nuestro país, entre ellos Julio Valle Castillo, Arturo Cruz Porras e Iván Uriarte, sólo por mencionar algunos.
Tiffer dedicó varios meses a la investigación para realizar esta ponencia, que según varios de los asistentes fue casi una cátedra sobre Francisca Sánchez. Los invitados manifestaron que fue un acto muy noble ya que “Doña Paca”, como se conocía a Francisca Sánchez, fue siempre dejada al margen, por no estar ni legal, ni religiosamente casada con Rubén en una época y sociedad de profundos tintes conservadores mezclados con hipocresía.
“Doña Paca”, a quien Rubén llamaba “conejita” o “tataya”, conoció al bardo en los jardines del Palacio Real de Madrid, donde su padre trabajaba como jardinero y al que Darío accedió con permiso del marqués de Borjas y acompañado de Valle Inclán. Fue en ese escenario de cuentos de hadas donde ambos quedaron prendados. Francisca Sánchez, que era analfabeta, tuvo los mejores maestros, Rubén Darío y Amado Nervo, quienes le enseñaron a leer y a escribir. Con el poeta procreó tres hijos, siendo el último el único que pudo alcanzar una edad adulta, Rubén Darío Sánchez, conocido como “Güicho”; los otros dos murieron a corta edad.
Luego de la muerte de Rubén Darío, “Doña Paca” contrajo matrimonio con un hombre que estaba casi tan enamorado de Darío como ella, José de Villacastín. Éste dedicó gran parte de su fortuna para la recopilación de la obra dispersa del “Padre del Modernismo”.
Uno de los episodios más emotivos de la ponencia de Tiffer fue la narración de la triste y melancólica despedida de Darío de Francisca y su hijo antes de partir rumbo a Nueva York. Luego, el relato nos traslada a León, a la muerte del poeta y doña Paca oye por las calles los rumores de la muerte de un príncipe, sin saber que era su príncipe el que había fallecido. Siete años después de la muerte de Rubén, doña Paca hace su primer y último viaje a Nicaragua, acompañada de José de Villacastín y Rubén Darío Sánchez, donde aprovecha para gestionar herencias, pero principalmente ver el león durmiente que yace sobre los restos del Príncipe de las Letras Castellanas.
Francisca Sánchez donó toda correspondencia y artículo escrito de puño y letra de Darío que ella poseía a la Universidad Complutense de Madrid, en donde se conservan hasta hoy. Gran parte de esta investigación estuvo basada en la joya de libro escrito por Carmen Conde sobre la vida de “Doña Paca”.