Nuevo Amanecer

Una casa vacía

Luz Marina Acosta y Luisa Guerrero inaugurarán una exposición con sus obras pictóricas el próximo 9 de septiembre, a las siete de la noche, en Galería Códice

Llegamos “más allá de Las Cumbres”, un lugar donde es fácil observar el espejeo del inmenso Xolotlán y la arquitectura de la desordenada Managua en miniatura. Al final de la “Calle Xalteva”, un espacio privado cuyos adoquines magistralmente empalmados conducen sólo a dos casas, una verja corrediza se hizo a un lado para permitirnos entrar en el tabernáculo de una mujer sensible, expresiva, talentosa y amante del arte.
Promotora cultural, poeta, fotógrafa y ahora pintora, Luz Marina Acosta nos recibió en su hogar con la calidez y hospitalidad que le caracteriza. El buen gusto de la artista está impregnado en cada rincón del inmueble. Finas esculturas de Ernesto Cardenal por doquier, paredes tapizadas con cuadros de todos los tamaños, imágenes de la “Virgen” confeccionadas en los más inusuales materiales, en fin, más que un hogar, parecía que estábamos recorriendo la filial de un museo de bellas artes.
Sin embargo, nuestro asombro alcanzó su máxima expresión cuando llegamos a la terraza, un espacio en el que el aire puso fin al bochorno que cargábamos producto del transitar en las calles de Managua, cerca del mediodía. Ese sitio, con una maravillosa panorámica natural, ha sido consagrado por Luz Marina para dar rienda suelta a su ímpetu creador ligado a la pintura. En honor a la verdad, Acosta nació con el don para plasmar en lienzo sus sentimientos, sin embargo, no había abierto el caparazón en el que tenía encerrado ese talento.

Pintora de mentira, artista de verdad
De sus primeros pasos en la pintura, Luz Marina rescata que siempre ha tenido el “vicio del dibujo”, y fuimos testigos de unos cuadros que pintó hace unos 30 años. Asimismo, compartió que mientras estuvo en el exilio, en México, pintó unos cuadros que gustaron tanto que una pareja de recién casados le encargó un retrato, mismo que elaboró y vendió.
Con una pícara mirada recordó que cuando se gestaban los movimientos de insurrección popular se dedicaba a alquilar casas en las que se hospedarían los revolucionarios buscados, como Carlos Fonseca. “A los dueños de las casas yo les decía que era pintora y que necesitaba el local para hacer mis cuadros, pero eso era mentira. Entonces si la gente llegaba yo me ponía a simular que pintaba”, agregó.
Sin embargo, después de que en 2007 su esposo le regaló una mesa para dibujo arquitectónico, su pasión por grabar figuras, formas y colores se apoderó de su ser, al grado de que se ha convertido en una pintora compulsiva, pero disciplinada y obsesionada con la técnica.

Del papel al lienzo, y de las frutas al mar
En la cocina de su casa observamos obras de 2007 elaboradas en papel. Todas están relacionadas con frutas tropicales, en especial con mangos. Los colores que utilizó son poco degradados, dando la sensación de que las frutas están más que maduras. Ese olor dulce de los mangos que invitan a ser degustados se funde con el de una sandía excesivamente roja y con cortes cubistas ubicada en la terraza. También hay otras frutas cultivadas ese mismo año en su parcela pictórica.
Por otro lado, admite que la pintura llena el espacio que sus hijos dejaron al partir, por asuntos académicos. “Mis tres hijos estaban fuera del país y esta gran casa vacía me sumía en la tristeza, por eso la pintura ha venido a ser como un alimento espiritual que me mantiene ocupada y me permite expresarme”, aseguró.
En su afán por aprender a “cocinar” los colores y a adquirir técnicas, decidió contratar al pintor Xavier Sánchez, quien le ha ayudado a consolidarse. En los cuadros recientes, la evolución de Acosta es notoria. De las frutas en papel, Acosta pasó a dibujar flores exóticas en óleo. “Las flores exóticas me agradan porque gozan de una personalidad fuerte e imponente, no necesitan estar en conjunto, pues una sola puede decir mucho”, explicó.
Asimismo, en su taller nos salpicó la brisa marina (a propósito de su nombre) proveniente de San Jorge, San Juan del Sur y Río San Juan, congelados en paisajes con barcos solitarios, sin tripulantes, rodeados de cielos abiertos y de hermosas puestas solares. “Ese amor por el mar está ligado a algunos recuerdos de infancia”, agregó.
También encontramos cuadros intimistas, con una pintura introspectiva en la que se contemplan las sombras de sus tres hijos ausentes. Además del motivo ecológico, plasmado en una visión de un San Juan del Sur oscuro y seco, falto de vida, producto de la contaminación ambiental. Así que a quienes aún no han visto su trabajo, les decimos que, sin lugar a dudas, Luz Marina cuenta con una obra variada y de calidad.
Por otra parte, también cabe destacar que esta mujer se ha abierto campo trabajando hombro a hombro con el poeta Ernesto Cardenal, de quien es su asistente. “Si me preguntás cuál es mi profesión, te voy a decir que antes que poeta o pintora, soy la asistente de Ernesto Cardenal”, confesó orgullosa.

Dos nuevos talentos a luz
Para mostrar al mundo su arte, Luz Marina Acosta participará en una exposición pictórica el próximo 9 de septiembre, a las siete de la noche, en Galería Códice. Ese día los asistentes serán testigos de la madurez artística de esta luchadora e incansable mujer, así como de la habilidad de su amiga Luisa Guerrero, quien también mostrará sus cuadros por primera vez.

Una talentosa mujer de hogar
Irrumpimos en la tranquilidad de su hogar, donde a diario se preocupa porque sus hijos y nietos coman, hagan tareas, estén listos para ir al trabajo, tengan la ropa limpia y todo en orden. Doña Luisa Guerrero, una socióloga que dejó a un lado su profesión para dedicarse a su familia, también a ratos ha dejado fluir su capacidad creadora. Motivos religiosos, torsos desnudos y frutas forman parte de las figuras que ha logrado crear y que celosamente ha conservado en la intimidad de su casa. Prácticamente sólo su familia y amigos han sido testigos de su habilidad, sin embargo, Luz Marina Acosta logró convencerla para que participe junto a ella en la exposición del 9 de septiembre y muestre con orgullo su trabajo.
“Luz Marina es necia, dice que pinto bien, pero la verdad es que yo no soy de andar en exposiciones y esas cosas, soy más de ocuparme de las cosas de la casa”, admitió con sencillez. A diferencia de Luz Marina, se reconoce indisciplinada, porque “prioriza a los demás”, sin embargo, considera que a través de la pintura puede exteriorizar sentimientos y estados emocionales. “Pinto porque es algo que me viene de adentro”, manifestó. Ojalá que después de esta exposición doña Luisa Guerrero y Luz Marina Acosta sigan trabajando en la pintura y participen en otras muestras, para deleitarnos con sus hijos enmarcados.