Nuevo Amanecer

Un negro en los valles de Neptuno

Para vos Sam Angel came down from heaven yesterday She stayed with me just long enough to rescue me And she told me a story yesterday, About the sweet love between the moon and the deep blue sea And then she spread her wings high over me She said she’s gonna come back tomorrow

Come on sugar: Let the good times roll. Mientras escribo los bose se revientan casi con Come on III. Pero no es Hendrix. Vendrá luego James Marshall. Este es Stevie Ray Vaughn. Sensibilidad gemela a la de Jimi. Me recuesto sobre el hombro de Samanta, que sos vos con otro nombre, y el negro, esta vez sí, agarra aquella stratocaster como si fuera hecha de un material de gran plasticidad. Casi barro o cera. Jimi, que es zurdo modela en ella la distorsión, el ruido y el sonido. Lo hace con todo su cuerpo y su alma. A la cacho volteada, por detrás de la nuca, entre las piernas, con la boca. Clímax llega cuando le pega fuego a la susodicha. Cierto antes lo había hecho Nam, pero ¿quién lo vio? El problema eterno del Fluxus temprano: es artículo de culto. Hendrix en todo caso redefinió la relación entre el guitarrista y su instrumento. La convirtió en una extensión de sí mismo. Otro apéndice legendario.
Regresó de Londres a Monterrey en 1968 y encendió cada cabeza de hippie que lo escuchó. Incluso la de la abuela de Bob Dylan. Después agarró kerosén y las llamas tocaron hasta el cielo. Excuse me while I kiss the sky --dijo. Pete Townsend se quejaba amargamente en Inglaterra de que el negro se les estaba yendo arriba con los antics y piruetas. Ignoraba que Hendrix había pagado sus dues desde mucho antes que a él o a Clapton se les ocurriera descubrir el blues o a John Mayall. Y pagando esos dues fue que Jimi encontró aquel arsenal de maromas e insinuaciones sexuales con la guitarra. Todas provenían de una tradición legítima del blues y el R&B. ¿Cómo negarlo? Que ver lo que hacían los Who en su afán destructivo haya despertado la memoria de Hendrix, esas son otras cien libras lad. Pero de que his dusty boots habían caminado bastante no había la menor duda. Era un highway child. Un voodo child curtido y recurtido en el Chitlin’ Circuit.
Ahora acaba de sacar un disco nuevo. Los valles de Neptuno. Jimi para la generación de Andrea. ¿Y cómo suena el Hendrix del siglo XXI? La pregunta parece tonta dado que Hendrix murió hace cuarenta años. Sin embargo es cierto, hay un disco nuevo y lleva más de cuatro meses en el best seller list de 2010 de Amazon, encima de Lady Gaga. O sea que acá en estos valles vamos a encontrarnos, además de a un Hendrix suelto y relajado (la cinta de grabación sólo estaba corriendo), con mucha colaboración de Eddie Kramer, el excelso ingeniero de sonido y cómplice de Hendrix desde los tiempos de Axis Bold as Love. Y eso está bien dadas las circunstancias. Hendrix ya no está. ¿Acaso entonces Valleys of Neptune es otro asalto a mano armada de la familia Hendrix? No. ¿Acaso Eddie es ahora cómplice de la fundación Hendrix? Quizás. Y si fuese así, ¿acaso su familia no tiene derecho de ordeñar al negro un poquito? ¿De ensuciar un poco más su legado? ¿Y a quién le importa realmente? Oír algo nuevo de Hendrix, además del paradójico flashback garantizado, es y será siempre una exquisitez.
El disco dichosamente no es una basura como gran parte de las 200 y pico de ediciones póstumas de Hendrix (con las raras excepciones de siempre). Suena bien Valleys. Suena canallada de hecho. Un disco inacabado, loose, que probablemente no hubiese visto nunca la luz del sol si Hendrix estuviese vivo. Se sabe que Jimi era un perfeccionista en el estudio, su otro instrumento favorito. Pero este disco inacabado e imperfecto es lo que tenemos, así que o sos fan del negro o no sos fan del negro. Y si sos fan del negro Hendrix, que para estas alturas es un clásico, a pesar de que nunca supo leer ni jota de música, el disco es una delicia. Éxtasis psicodélico. Orgasmo cósmico. Y toda la palabrería zodiacal que se te ocurra broder y/o brodersita. Aún estamos después de todo en la era de Acuario. Compuesto por grabaciones realizadas en 1969, es decir, posteriores a Electric Ladyland, muestran a Hendrix en estado de transición. La transustanciación del negro. Acá están los últimos vestigios de la Experiencia y el inicio de la Banda de Gitanos.
Pero no todo es pan de rosa en Neptuno. Una sola pieza “verdaderamente” nueva en el CD. Come on: said the joker to the thief. Viva la piratería mamones. De algún modo tienen que aprender. En todo caso el relleno no es chanfaina. Nuevas versiones de clásicos (Fire, Bleeding heart, Hear my train..., Stone free, Lover man, Sunshine of your love). Jimi trabajando, jameando, variando, cambiando, estirando, distorsionando, descubriendo, construyendo, de-construyendo. Y de repente, 9 minutos casi de Red House. ¿Quién dice que Hendrix no era un blusero grueso y soberbio? ¿Quién puede afirmar seriamente que era un negro tocando como un blanco imitando a un negro? Red House es el blues clásico acerca de un maje que se enamora de una maje que vive en una casa colorada, y un día al regresar el maje a casa su llave no abre la puerta y entonces...
La nota es que Red House es la prueba, si es que fuese necesaria, de que Hendrix pertenece al Panteón del Blues. Justo allí al ladito de Elmore James, de BB King, de Muddy Waters, y claro, de Robert Johnson. Esta casita roja de Valleys te hace olvidar la Red House de Smash Hits. Lo que es casi una blasfemia escribir, pues con esa pieza conocí una noche de tormenta, a volumen altísimo retumbando en el plexo, donde Margarita Toruño (god bless her soul and heart wherever she is) y cuando aun Managua existía, al grandioso y sin igual Jimi Hendrix. Pero insisto, acá en los valles de Neptuno y en 2010, el sonido de Jimi Hendrix en Red House es más expansivo y demoledor. Es posible, esto no es nostalgia. Es música como no la encontrás fácilmente ahora en los tiempos del videoclip. Música que perturba y destruye preconcepciones. Como vos, Sam, o como la docena de Vesparax que decidió colocarse aquella noche mortal de 1970 Johnny Allen Hendrix. Había grabado apenas 4 LP. Los suficientes para cambiarle la carita feliz al rock contemporáneo. Atrás quedaban Los Beatles. Tenía 27 años apenas. Miembro del club de los 27. Igual que Masaccio.

Raúl Quintanilla Armijo
D.Row/ Abril-mayo, 2010, Managua - Panamá
40 aniversario de la muerte de Jimi Hendrix