Nuevo Amanecer

Ruta de lágrimas


Erick Aguirre

“Ruta de lágrimas” es el primer libro publicado por el periodista Luis Raúl Bonilla Urbina, y se trata de una novela sociológica que narra el drama de una pareja originaria del asentamiento Manchester, en Managua, que toma el camino de la emigración hacia Estados Unidos, donde cada uno por su lado sufre vejámenes y humillaciones, aunque al final logran sellar un destino común que los hace volver a su tierra.
Luis Raúl Bonilla es egresado de la carrera de Comunicación Social de la UCA y ha realizado estudios de cine y televisión en Los Ángeles, California. Es, pues, un conocedor de la materia que trata su novela.
“Ruta de lágrimas” está facturado con un tono narrativo fácil de asimilar y que por eso mismo nos atrapa desde el comienzo hasta el final. Sus voces narrativas y la manera en que vertiginosamente nos conducen por los meandros de la ruta de los migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos, podría llevar a algunos a clasificarla como literatura naive, ingenua o primitivista. Pero eso no es tan cierto: “Ruta de lágrimas” es una representación dramática, en su lenguaje y en su trama, del drama de la migración Sur-Norte y del doble drama que se vive en ambos puntos cardinales.
Es también una novela de amor entre hombres y mujeres del llamado “tercer mundo” con hombres y mujeres del “primer mundo”. Pero como ya he dicho antes, repitiendo a mis escritores favoritos: siempre hay algo de vulgar en el amor, sin mencionar siquiera el sexo. Los efectos del amor, en cualquier estrato o condición social, invariablemente confluyen en una relación de vulgaridades sublimes.
“Ruta de lágrimas” es también una especie de prolongación o derivación menor del tipo de literatura que quiso emprender Franz Galich con “Managua Salsa City” y “Mariposa traicionera”. Bonilla se acerca a ellas y se asocia a la intención de Galich por esa complacencia con la vulgaridad y los sentimientos y expresiones vulgares, generalmente evidentes en los personajes de sus novelas. Ambos parecen compartir la idea de que todo lo vulgar es humano. Y ante la vieja sentencia filosófica que nos llama a escoger entre la soledad y la vulgaridad, Bonilla también ha optado por ambas para sentarse a escribir. Y lo felicito.
Quienes puedan sentirse decepcionados con la naturaleza supuestamente “subliteraria” de este tipo de textos, tendrían que detenerse a escuchar las cosas que Galich decía de la literatura de aventuras y del comic como futuros sustentos de las grandes narrativas de Latinoamérica. Porque leyendo las aventuras de Sindulfa y Juvenal en la novela de Bonilla, he recordado lo que me decía Galich acerca de la imperecedera vulgaridad del Quijote, y de las múltiples aventuras, llenas de ocurrencias y chistes, pero también de sucesos dramáticos de los dos personajes clásicos de la literatura.
Sindulfa y Juvenal representan la otra cara de Nicaragua, narradas con pluma de escritor de aventuras por un comunicador que también ha sido un inmigrante y conoce las “entrañas del ogro”, un periodista y camarógrafo que ha trasladado su ojo certero a las páginas escritas en esta novela; un nicaragüense “de a pie” que transitó por esos oscuros senderos, por esas redes llenas de hoyos de quienes buscan una oportunidad en el llamado país de las oportunidades.
Este es un libro ameno, para ser leído de un tirón y sin muchas exigencias académicas ni críticas. Independientemente de sus méritos o limitaciones literarias, lo sustenta la fuerza con que el relato es capaz de atraparnos, y que finalmente nos muestra la cara oculta de esa sociedad de opulencia que cada día atrae a más y más inmigrantes, a quienes les esperan sorpresas no siempre agradables, pero que en esta novela se nos revelan con la crudeza del realismo y con la verdad de la representación ficcional. Saludemos, pues, esta nueva novela nicaragüense.