Nuevo Amanecer

Rubén: su sola palabra


Es indudable que, fiel a su naturaleza de poeta, en el conjunto global de la obra poética de Rubén Darío se proyecta poderosamente lo grandiosa que es. Pero, dentro de ese universo, la sola palabra, la frase suelta, la luminosa estrofa, son de por si suficientes para que captemos esa singular grandeza. Alrededor de ellas podemos obtener un amplio tejido de alegorías literarias que satisfacen a plenitud nuestro disfrute espiritual. Es así que le basta a Rubén esa palabra, esa frase, esa estrofa para mostrarnos su genialidad cotidiana.
Veamos en sus “Versos a un poeta”: comienza diciendo: “Nada más triste que un Titán que llora”. Esta sugerente expresión nos lleva a reflexionar en que siendo la tristeza un sentimiento propio del ser humano, el poeta nos convence que también es susceptible que la experimente un semi-dios, como lo es un Titán condicionado a una simbiosis con el poeta dentro de un trance así, susceptible por tanto a un fenómeno sentimental creado en la química literaria del bardo en la que la tristeza adquiere profundidades oceánicas.
Y, usando el concepto griego, sigue advirtiéndonos: “Hombre montaña encadenado a un lirio”, en donde dentro de sus propósitos, nos remarca la amplitud de esa tristeza, al obligarnos a imaginar que ese ser inmenso como una montaña se somete lloroso al encadenamiento de una flor tan frágil y delicada como es el lirio, símbolo de la mujer. El Titán, el hombre, el poeta, cuando siente el amor, se sujeta, se encadena sumiso a la mujer, lirio frágil y bello, al punto que vertiendo lágrimas cumple cabalmente con sus deseos. Estas expresiones del genio nos hacen recordar la consecuente expulsión que del paraíso terrenal fueron objetos Adán y Eva, hechos bíblicos plasmado por Milton en su obra “El Paraíso perdido”, temática sintetizada en cuatro líneas por Rubén.
En el “Coloquio de los Centauros” pone en los labios de Quirón la siguiente estrofa: “La muerte es la victoria de la progenie humana”. Es decir, todo el mundo de criterios que a través de los siglos se han vertido sobre la muerte y su relación con el hombre, lo concretiza resolviéndolo en una sola frase, convenciéndonos que ella es el triunfo sobre las vicisitudes de la vida terrenal, otorgándonos de una sola vez el concepto de que al morir vamos a un mundo mejor, contrario al que nos pinta el Dante en “La divina comedia”.
Más adelante, en boca del mismo Quirón, nos expresa: “La pena de los Dioses es no encontrar la muerte”, concepto este genial, reafirmativo del anterior que ubica al hombre como un ser privilegiado por el mismo Dios, a quien hace un triunfador, conquistador de la muerte, lo que no concede a los dioses del Olimpo Griego puesto que estos siguen eternamente dentro de la vida cósmica en la que pueden experimentar el dolor, las penas, las angustias propias de estos grandes espacios. El hombre victorioso recobrador del paraíso. Otra vez Milton, en su otro poema, sintetizado en estrofas sueltas de nuestro Rubén Darío.