Nuevo Amanecer

La mirada rubendariana del doctor Carlos Tünnerman Bernheim


En la polifacética vida del Dr. Carlos Tünnermann Bernheim, como testigo y protagonista de los distintos procesos culturales por los que atravesó la Nicaragua del siglo XX, no podía faltar, en su mirada poliédrica y crítica, el estudio al nicaragüense más universal, que es Rubén Darío. Académico de Número por los méritos que concurren en una vida entregada por completo a la cultura y la educación de nuestra lengua, en el ámbito de la Universidad, ocupa en la Academia Nicaragüense de la Lengua, desde el año 1995, el sillón que ocupara antes el gran estudioso de Rubén, Ernesto Mejía Sánchez. Supongo que es una responsabilidad moral para un humanista y educador.
Lo cierto es que el Dr. Tünnermann ha asumido la herencia del ilustre filólogo, dando a la luz una rica bibliografía nutrida de títulos tan notorios como “Estudios darianos” (1997); “La paideia en Rubén Darío” (1997); “Rubén Darío, maestro de la crónica” (2001); Rubén Darío puente al siglo XXI” (2003); “Rubén Darío y la Generación del 98” (2004) y, recientemente, “Darío siempre” (2010).
Su nuevo libro reúne un total de veinte artículos cuya mirada entra en la vida y la obra del gran poeta. Viene seguido de tres valiosos testimonios de nuestro célebre periodista Juan Ramón Avilés, que es oportuno rescatar para renovar el pasado de Darío y recordar que Nicaragua tuvo personalidades relevantes.
El libro es didáctico. Se trata de una obra que comunica muchos conocimientos, por su diversidad temática. Leer un artículo que resume todo el saber de quien lo ha escrito, supone recibir una lección magistral, sin la molestia de leer la obra. Este libro sirve para conocer mejor a Rubén Darío y discutirlo en los foros de la conversación cotidiana.
La portada que lo ilustra, un retrato de Rubén Darío, obra del pintor español Juan Téllez, realizado en París, en 1907, no pasaba de ser una obra apagada y mustia que colgaba en el Archivo Rubén Darío de la Universidad Complutense de Madrid, hasta que fue restaurado, con motivo de su traslado a la nueva sede de la Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla”, en 2008. Jorge Eduardo Arellano, con ojos como de chibola, y quien esto escribe, invitados a participar en la inauguración, admiramos con sorpresa la frescura del lienzo y esa mirada profunda del poeta que supo captar el pintor y que ahora podemos contemplar en dicha portada.
Inicia el libro “Un testimonio sobre el nacimiento de Darío”, que cuando leí por primera vez me pareció una contribución importante en la vida del muchacho de Metapa. Lo mismo opino del artículo siguiente, “La entrañable amistad de Darío y Doña Fidelina Santiago de Castro”, porque despeja y amplía momentos de las andanzas del joven Rubén, en León y Chinandega.
A estos dos artículos anecdóticos, que suponen el rescate del olvido, algo así como recuperar la memoria del pasado, los siguientes se ocupan del análisis, exposición y estudio referidos, principalmente a la vida o la obra del poeta.
El Dr. Tünnermann traza con maestría la figura del pintor mexicano Ángel Zárraga (1886-1946), quien fuera amigo de Darío. Dentro de los estudios sobre personajes, destaca el raro Ibsen, por la sutileza del tratamiento y la personalidad del obispo de Córdoba Fray Mamerto Esquiú, dibujado con la habilidad de un Goncourt.
Por lo que me corresponde, debo decir del artículo dedicado a la “Trilogía de Rubén Darío”, en edición crítica del catedrático español Antonio Alvar, publicada por la UNAN-León, en 2008, gracias al patrocinio de la Cooperación de la Universidad de Alcalá, que dirige Armando del Romero y Fernando Cerezal, que es el mejor por su altura crítica y académica.
Debo destacar otros dos temas bibliográficos, por su importancia. Se trata en ambos casos de ediciones facsimilares. “La Revista América”, dirigida por Darío en Buenos Aires, en 1894, que con sólo tres números se convirtió en el órgano de propaganda estética del modernismo en el sur americano. La otra, “La Patria” (1907-1908), refiere la llegada de Rubén Darío a su patria chica, León, y recoge el discurso dónde él mismo se reconoce portador del pensamiento visionario, a la manera de Dante o Whitman.
El resto del conjunto de trabajos forma un rico mosaico de ideas en torno a la rica personalidad de Darío, expuestas hábilmente por la pluma ágil y precisa en el crítico que hay en la mirada del Dr. Carlos Tünnermann. Destacan los ensayos escritos con ocasión de los centenarios de “Cantos de vida y esperanza” (1905), “El canto errante” (1907), “poema del otoño” y la primera publicación de “Canto a la Argentina” (1910).
No hay aquí temas baldíos, expuestos con vaguedad como esos artículos sin fondo, llenos de palabras y contenido vacío. No. El Dr. Tünnermann expone y enriquece. Convierte su mensaje en lectura lúcida y amena y, a medida el lector avanza, se siente sumergido en un mar de sabiduría, que es el espíritu de nuestro poeta Rubén Darío.