Nuevo Amanecer

Yo, la peor de todas


Para Eunice

David Ocón

--¿Y desde cuándo está así?
--Desde que se cree Sor Juana.
--¿Y qué le dio por creerse la décima musa de México?
--Es probable que alguien se lo dijo y agarró la vara.
--¿Ya la vio el médico?
--Sí, y dice que no nos preocupemos, porque es de nacimiento, que sólo bastaba un detonante para quedar en onda.
--Pero a lo mejor sufre.
--A ella le gusta sufrir, tener motivos de queja la hace sentirse viva.
--Eso no es sano y puede hacerle mucho daño.
--Ya está acostumbrada y nosotras también. Mire, tenemos que seguirle la corriente, si la contradecimos hace rabietas. Estamos en el Convento de las Jerónimas, yo soy la Madre Superiora y a veces Sor Filotea, no puedo negarle que recibo sus cartas, también debo hacer de la hermana portera y entregarle las invitaciones de la Virreina.
--Eso es un disparate, están jugando con fuego y de repente todas van a acabar locas.
--Ni tanto, puedo afirmarle como Horacio a Hamlet que hay método en su locura, es una obcecada de la lógica, por ello estamos tranquilas si todo se rige por reglas y usos horarios.
--¿Y el hábito de dónde lo sacó?
--Tenía unas sábanas guardadas en el ropero, y como pinta bien se hizo el escapulario de la orden, le quedó muy hermoso, por cierto.
“Soy mala, soy mala, mírame cómo fumo, mírame cómo fumo”; Leonorilda Ochoa, la actriz cómica de Televisa repetía la cantinela soplando gran humareda y esforzándose por convencer. En el jardincito lleno de begonias las palomas blancas de Castilla picotean granos de trigo, la monja cavila y las alimenta.
--¿Y se puede saber cuáles son las reglas de su orden?
--Ningunas en especial, sólo nos impone comer pambazos con mole poblano, chicharrones en salsa verde y dulces de Amecameca de vez en cuando.
--¿Y por qué de ese lugar?
--Ella estuvo en el Convento de Agua Viva con los padres dominicos en un retiro espiritual. En su etapa mística, amando a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz, vio en el CUC, el Centro Universitario Cultural, la invitación para la Semana Santa. Pasó encantada y nos contó que la arquitecta María Elena Palacios diseñó la edificación conforme las curvas de nivel del terreno quebrado que se emplaza en las faldas de los volcanes; la capilla tiene como fondo del altar un inmenso paramento de vidrio que permite ver al Popo y el Ixtla con la nieve dorada reflejando el sol del atardecer. Iban al pueblo a comprar dulces en el tianguis de la plaza.
--¿No ha vuelto a México?,
--Visitó la Feria del libro de Guadalajara y en el zócalo del D.F., le hicieron limpia unos indios chichimecas.
--¿Y cómo le empezaron las ondas raras?
--Serán raras para usted, cualquier escritor que se respeta tiene fases, etapas diversas, cuando encuentra lo propio se jode, porque se repite dizque haciendo variaciones, estuvo enculada con el “Ulises” de Joyce y después siguió con Borges…
--Pero estar con esos dos es como asistir al diálogo entre un bosquimano y un aragonés.
--Ni tanto, el caos del uno equivale al orden del otro, ambos se complementan más de lo que parece.
--¿Y antes qué hacía?
--Escribía diatribas y despotriques contra la literatura pendeja o la estulticia de sus colegas, estaba harta de lo light y echaba sapos y culebras a borbollones, se armaba de alfileres, pinzas y cuchillas de afeitar para extraer pus de donde la hubiera, en pocas palabras filosofaba, la Teresa la considera la mejor de todas, la más profunda, precisa y punzante.
--Le sobra razón ¿y por qué repite tanto esa frase?
--Porque le encantó el filme de la argentina María Luisa Bemberg: “Yo, la peor de todas”.
Sor Juana meditaba caminando de una a otra esquina del pequeño patio y daba vueltas en torno a la fuente de piedra con la escultura de un reloj de arena junto a un sextante y un compás, de la bolsa sacaba puños de trigo para echárselos a las aves que acudían.
--Venga, acerquémonos que ni lo volverá a ver. Sigilosamente, para no interrumpir su rutina diaria, nos aproximamos; la monja se veía feliz.
--Tiene muy buen semblante, lo único que me preocupa es su fumadera, si le escondo los paquetes se arrecha pero está en su derecho.
Sor Juana se sentó en una banca y encendió un cigarrillo con avidez.
--Fuma como contratada.
--No se preocupe, yo controlo la situación. ¡Mire cuántas palomas y una codorniz y media! --añadió.