Nuevo Amanecer

Guardián de la obra de Rubén Darío


Recibo la noticia en Madrid, donde visito a mi hermano Edmundo que está enfermo. Isolda Hurtado, presidenta de la Asociacion Nicaraguense de Escritoras, nos avisa a la membresía, el fallecimiento del Dr. Edgardo Buitrago, nuestro queridísimo amigo dariano, aliado incondicional en la ceremonia anual de entrega del premio nacional de poesía “Mariana Sansón Argüello”, evento con el cual conmemoramos con él, los aniversarios de su musa y esposa amadísima, con quien tantas veces nos recibió en su casa con la calidez y la riqueza intelectual y artística de dos maravillosas personas que supieron construir además, una pareja feliz.
Cuentan que en la insurrección de 1979, don Edgardo, ayudado de su abnegada hija Merceditas, reunió los documentos y libros más valiosos del Museo Archivo Rubén Darío y bajo las balas y el bombardeo aéreo, se dirigió a las bóvedas del Banco Central para resguardarlos.
Dicho episodio yo lo recordaría en la década de los ochenta, cuando amenazados de un inminente bombardeo masivo, la jefatura del ejército ordenó, en el caso del Ministerio de Cultura, resguardar de las instituciones aquellos documentos, obras de arte y piezas arqueológicas de gran valor histórico que por ninguna razón deberían perderse. Las medidas consistían en el almacenaje adecuado de acuerdo con los procedimientos establecidos por la UNESCO; en algunos casos, el traslado de las piezas a otro sitio no considerado objetivo militar y en última instancia, sacarlas del país hacia naciones amigas.
Fue así que decidimos seleccionar el traje de embajador de Rubén Darío, exhibido en una vitrina del Museo Archivo de León, embalarlo y hacer las gestiones con la Embajada de España, para que además de preservarlo, fuese sometido a la ya necesaria restauración, debido a la antigüedad del mismo.
La directora de Patrimonio Histórico, Arq. Amelia Barahona, delegó al colega Jaime Vásquez para que con un equipo de técnicos del área, se encargara del traslado. Una vez que el Dr. Buitrago fue informado de la decisión y misión, él, alarmadísimo, se opuso rotundamente y angustiado me llamó a mí, que en ese momento desempeñaba funciones de Viceministra, y sumamente alterado me dijo que era una barbaridad lo que íbamos hacer, pues en el momento que el traje fuera sacado de la vitrina, al contacto con el aire, se iba a desintegrar. Yo le dije que me iba a comunicar con Amelia, pero que entendía que se iban a tomar todas las precauciones y recomendaciones técnicas. Por supuesto que no quedó tranquilo con mi respuesta y llamó a Sergio Ramírez, en ese entonces, Vicepresidente, quien a su vez nos llamó preguntando qué pasaba.
La Comisión regresó a Managua y más tarde retornó a León, con un ataúd, persuadiendo de esa manera al doctor, que el traje iba a ser trasladado con el mayor cuidado y que iba a regresar restaurado a su sitio, una vez que pasara el riesgo bélico. Fue muy difícil persuadirlo, pero finalmente se logró.
Al cabo del tiempo, una vez superado el peligro, el doctor Buitrago respiró aliviado cuando recibió intacto y en mucho mejores condiciones el traje magníficamente restaurado con hilos de oro por la solidaridad del gobierno español, el que se continúa exhibiendo en el santuario que este inolvidable fundador está legando a la ciudad de León. Leyendo el comunicado emitido por el Centro Nicaraguense de Escritores, quiero sumarme con esta anécdota sobre la pasión dariana de don Edgardo, al homenaje bien merecido que debe estar tributándosele a estas horas, sustentando el bien merecido título asignado por mis colegas a este brillante y generoso compatriota.

* Socia del Centro Nicaraguense de Escritores (CNE) y de la Asociación Nicaraguense de Escritoras (ANIDE)