Nuevo Amanecer

Cortázar era un invento


Se ha dicho siempre que Julio Cortázar es un escritor para escritores, pero también lo es contra ellos, como demuestra la lectura de estos Papeles inesperados, que te puede llegar a deprimir profundamente en algunas de sus páginas, al hacerte pensar que con lo que él dejó perdido en el cajón tú podrías haber parecido un genio.
Naturalmente, en este volumen, que a los 25 años de su muerte rescata cuentos, poemas, artículos, discursos, autoentrevistas, prólogos o fragmentos de libros como Un tal Lucas o Historias de cronopios y de famas, tiene de todo, como cualquier obra miscelánea, pero la verdad es que algunos de los textos que incluye son extraordinarios y vuelven a poner sobre la mesa al mejor Cortázar, aquel inventor de lenguajes dentro del lenguaje cuya destreza narrativa mostraba un equilibrio único entre la tradición y la vanguardia y cuya imaginación parecía capaz de cualquier cosa.
El relato que se titula ‘Los gatos’ es una prueba magnífica de lo primero, y muchos de los episodios inéditos de Un tal Lucas demuestran lo segundo con rotundidad. Por haber, en esa última sección hay hasta una brevísima pieza, titulada ‘Lucas, las cartas que recibe’, capaz de maravillar incluso a quienes cada vez que oímos la palabra “microrrelato” nos ponemos hechos unos dinosaurios.
Un detalle curioso de estos Papeles inesperados es el modo en que Cortázar sólo es tan literario cuando él quiere, y asombra su facilidad para dosificar ese poder, para ejercerlo a pleno rendimiento en las ocasiones que he citado y en muchas otras -qué hermosos los poemas Blues for Maggie y La mosca-; a medio gas en algún apunte autobiográfico, como el que dedica a su amistad con Pablo Neruda, muy emocionante y lleno de hallazgos e invenciones, o uno, muy divertido, en el que describe un viaje a Cuba, donde le reclamaban una ponencia que nunca pensó escribir.
O cuando no quiere eso y quiere otra cosa, Cortázar escribe sin ningún tipo de alarde, por ejemplo, en los textos más políticos, cuando de lo que se trata es de hablar de las dictaduras latinoamericanas: ahí su estilo cambia de manera radical, se vuelve directo, casi utilitario.
La lección que sacamos de estos Papeles inesperados es que Cortázar era una construcción de Cortázar, lo cual le da aún más valor, si cabe, a su trabajo. Ser un descubridor ya tiene su mérito, pero inventarte el lugar que luego vas a descubrir sólo está al alcance de los genios como él.

El País

Una invitación a releer a Cortázar
Papeles inesperados (Alfaguara, 2009), de Julio Cortázar, fue lanzado simultáneamente este año en más de veinte países de habla hispana, y está dividido en tres partes: poemas, prosas y autorretratos. Los textos proceden, en su mayoría, de una vieja cómoda que el escritor dejó llena de papeles en París. Según los editores, Carles Álvarez y Aurora Bernárdez, viuda y albacea del escritor; todos los textos están acabados, excepto uno, dedicado a su última esposa, Carol Dunlop, que decidieron incluir en la publicación debido a “su enorme belleza”.
Para Álvarez y Bernárdez, Papeles inesperados es como “un caleidoscopio muy coherente”. Según dijeron, hubo dudas a la hora de elegir el título. Ellos apostaban por Papeles sueltos y otras hierbas, pero a la agente literaria Carmen Balcells no le parecía suficientemente serio. Finalmente, quien dio en el clavo fue Juan González, director de contenidos del grupo editorial Santillana. Se le ocurrió leyendo el informe de lectura que encargó la agencia literaria: “Es un libro inesperado al que habrá que volver una y otra vez”.