Nuevo Amanecer

Díptico de Leoncio Sáenz

I Casi luz “Cuando aún era de noche cuando aún no había día cuando aún no había luz...” Texto prehispánico náhuatl. Códice Matritense de la Real Academia, fol. 191 v. de M. León-Portilla

a J:C:V:

La cubierta del número 4 de la revista Taller editada por los estudiantes de la UNAN que ilustró Leoncio Sáenz en homenaje al poeta Leonel Rugama en febrero de 1970, un mes después de caer muerto en un fuego cruzado con la Guardia Nacional, no se produce todos los días, porque no todos los días un artista puede andar tan cerca de Michelangelo. Se dibuja el cuerpo desnudo y agujereado de un joven. Una de sus manos le tapa el sexo y la cabeza en escorzo está vuelta hacia un libro de poemas que fue dejado a medio leer. Sobre las páginas abiertas quedó tronchada una flor. Al lado del cadáver, el torso erguido de una mujer desdentada. Levanta el puño derecho a la altura del mentón, mientras su mano izquierda rasguña el ceño del cielo. “Yo sé que mi redentor vive y al fin se levantará sobre el polvo”, parece gritar con el desgarro de Guernica al tiempo que de sus ojos tan fuertemente llorando brotan racimos de lágrimas. La escena evoca la mañana pálida del cinco de septiembre de 1960, cuando en los patios de la Aviación, la misma Guardia Nacional presentó el cuerpo tiroteado de otro joven y el llanto de sus padres anegó a los Delgado, a los López, a los Guevara y a los Rivera, a Managua, a Matagalpa, a San Juan de Río Coco, a Jinotega, a Nicaragua. La fotografía de Luz Delgado junto a los restos del hijo, que la AP transmitió al mundo, no necesitó decir al pie stábat Mater dolorosa juxta crucem lacrimosa dum pendebat Filius, para que crujieran las piedras de los molinos de ira que muelen lento porque muelen fino. Ni se resigna la madre en Sáenz como La Pietá. Sus cabellos bandera agitan el aire que cruzan en vuelo dos aves de libertad. Ayax Delgado y Leonel Rugama. Geometría viva, plumilla y tinta. Puntos y líneas que convierten al negro plano en el color de la furia del cuchillo que se ahondó en la noche.

II
Amistad de Dador

“El verdadero artista todo lo saca de su corazón;
obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento,
obra como un tolteca, compone cosas, obra hábilmente, crea...”

Texto prehispánico náhuatl. Códice Matritense de la Real Academia, fol. 175 v. de M. León-Portilla

Un indio chele ha muerto ay ay ay. Velan su cuerpo en La Ronda tres ángeles y un serafín. Calderón y Padilla viste en Palsila mitra preciosa y capa pluvial, va en procesión bajo palio bendiciendo a diestra y siniestra, viene a llevarse al indio que va a poner de color los cristales del Sacramento. Señores y autoridades, dejen que los querubines lleven su alma en un maletín. En una carreta nagua los agüizotes transportan los cachivaches del indio. Los llevan a Piedra de Agua donde su madre lo espera dormida junto a una roca. Y cien mil pares de gatos alertas salen a maullar por la tinta china estarcida sobre papel crespo cremoso. Agua bendita de los caminos que no se nos vaya ese indio chele a modernizar, truenan los canónigos del cabildo cuando ven que al indio le da por desenterrar fragmentos de porongas y huesos de la oscura región de los muertos. Un indio chele ay ay ay murió después de que a pincel y cincel pintara a la Virgen del Rosario que ata con hebras de su cabello a la serpiente que va a destruir Matagalpa. En Puertas Rojas aguardan las viejas ladinas con sus rebozos que llegue el indio con la Mokuana entre diablos y aparecidos para hacer la cruz con los dedos. Señores y autoridades, dejen que los querubines lleven su alma en un maletín. En el Común los alcaldes de vara cuestionan, ¿dónde se ha visto un indio chele de mirada castaña con cabello rubio y lacio que pinte demonios y garabatos? Vascongado ha de ser ese indio español, que se prende una pluma de guacamaya en el pelo y se va a andar por los montes y sube a las nubes desternillándose de la risa hasta quedar bien seriecito, como quedan los muertos burgueses del cementerio matagalpino -musita el alférez mayor malicioso. ¿Cómo se llama ese indio que pinta los Nacimientos con pigmentos de flores frotadas para dar los colores planos soñados en la Porciúncula? -quiere saber el portero del cielo. Valle-Castillo lo llama Tlahcuilo, pues dice que narra con su plumilla y geometría las torturas de las prisiones, las fiestas de Namotive, el pregón de los mercados, el pandero de las plazas y el sonar de la ocarina. Tolteca se nombra --replican en coro los querubines y mensajeros-- porque trabaja la orfebrería, talla la piedra y hace pintura tanto de muros, como de códices; y aquí, por orden de Tata Obispo, a usía dejamos el alma del indio en forma de mariposa metida en un maletín con jaguares y mecapales, con iguanas y calaveras. San Pedro abre al punto el encargo. La mariposa vuela y se enrumba hacia el lugar del Color Rojo, al lugar del Color Negro -adonde mora Quetzalcóatl. El país de la Sabiduría dibujado al carbón por el chele que quiso ser indio firmándose Leoncio Sáenz, y a quien no borrará su pintura el Dueño del cerca y del junto.