Nuevo Amanecer

“Diez pequeños poemas” de Melissa Solórzano


EL UNIVERSO ¿AZAR O PIEDAD?

El universo teje el azar,
borda con sutiles agujas
un encuentro en la penumbra
de la habitación vacía,
sin jadeos ni gemidos.
Quizá no fue su juego de azar sino piedad.
El deseo cobró con ímpetu su ser.

Y voy tras pasos ya dados por mis sueños.
Nos encontraremos añorando libertad.
Por liberarnos de una soledad confortable,
pero cegadora.

HUBIERA QUERIDO SER VIENTO

Hubiera querido ser viento.
Como el viento de la meseta de los pueblos,
sacudir las copas de los árboles de madroño,
estremecerlos.

La naturaleza me dio un cuerpo,
un cuerpo de mujer, piel, labios.
Hubiera querido ser viento.
Ser ese viento
y calar tus entrañas.

CADA PASO, UNA IMAGEN
Paseo por la calle.
La noche y su mudez.

Cada paso guarda una imagen.
Veo la parroquia, el atrio,
el parque, los viejos añorando
la pasión flameante,
las viejas casas esquineras
de adobe y tejas
cayéndose.
***
Paseo por la calle.
La noche y su mudez.

Cada paso trae una imagen.
Entre paso y paso silencioso,
he revivido un recuerdo.
Clara en verdad la imagen, eras tú
y detrás de ti la naturaleza imponente
del volcán.
Llegó como una postal esperada
en silencio, con fe.

EL ÁNGEL DE LA NOCHE
El ángel de la noche posó sus alas en ella,
carente, necesitada, sobreviviente de sus penas.
Parecía renacer cuando pudo ser el final.
Ni los suspiros por utopías la salvarían.
Sin temor se entregó.

¿Qué sería de mañana si no volvieras?, preguntó
cuando sintió el frío y su soledad.
Rogó a su Dios la libertad del ángel, su regreso.
Las únicas cortantes palabras que pronunció.

ME PREGUNTO
¿Qué mano trazó el camino
que me condujo a ti?
¿Quién nos dijo que estaríamos allí,
en la espera de lo antes buscado y no encontrado?
¿Pero a quién esperábamos siendo desconocidos?
¿Quién me hizo saber
que eras tú quien aguardaba
para ser amado?
¿Quién te hizo saber
que era a mí a quien ibas a amar?

¿Por qué tú?
¿Por qué yo?

Parecías ser ya parte de mí.
¿Desde cuándo me habitabas?
¿Habrás nacido en el momento en que yo nací
o yo ya había nacido en ti?
¿Será que fuimos un único ser?
¿Cómo te reconocí sin memoria?

CANCIÓN TRISTE
Una canción triste retorna a mí cada noche.
En un sueño tú cantas.
Te busco y no te encuentro.
Despierto y no recuerdo la canción.

Hoy he decidido ir en busca de tu canto,
tocarle la piel, sellarlo en mis dedos.

Recuesto mi cuerpo cansado,
dormito,
la pasión de mi mano dibuja tu figura,
me hunde en un sueño,
creo abrazarte y ya no estás.
Era otra ilusión,
un sueño en la habitación oscura.

Vuelvo a soñarte
en un salón amplio,
el piso oscuro descubierto por la luz
que entra desde la ventana de cristal.
Tu mirada está perdida
y en ella tu alma sin sosiego,
Pero ¿qué cantas?
¿Cómo sé que es una canción triste?
Y ¿por qué para mí?

SAN ANTONIO
San Antonio al suroeste de mi balcón.
Las nubes cargadas, la lluvia, bendición
derramada por el Dios a quien se venera.
El jardín mustio de la parroquia, deshabitado,
sin el canto de los niños, pajarillos trinando,
sin el clérigo y sus ceremonias; sólo la luz extenuada
alumbrando el viejo campanario, débil,
por entregarse a la luz mayor.

Con el alba llega la vida,
renace del jardín, está listo para florecer,
campanas danzantes por su propio canto
y niños resplandecientes alumbrando interiores.

HOMBRE – NIÑO
Hoy vi un niño con párpados blancos
y rostro cenizo por el sol ardiente de la calle.

Un niño con rasgos de hombre.
El trabajo inhumano, su pobreza.

Tu niñez se viste en harapos y llevas un saco en la espalda.
No juegas con un balón ni aprendes el abc en una escuela.

¿Dónde quedó tu niñez?
Sólo tú mirada la revela.
Lo hemos hecho hombre siendo un niño todavía.

EL NIÑO COMETA
El movimiento del agua y el niño de pie en el cayuco.
La luz crepuscular ilumina la bahía.
La brisa,
y las agua revueltas por el río que muere y se hace mar.
Todo el equilibrio del universo en la bahía de Bluefields
para que el viento venga
y eleve su cometa.

Dejó al viento girar el carrete de forma atimonada,
tirar del cordel.

Desplegó sus alas,
no era sólo un juego.
Era su propio vuelo en blanco
de palometa y alma.

MUJERES POSTIZAS
Ellas no se reconocen.
Temen ante un espejo,
no ser el prototipo de mujer plástica
blanca,
con extensiones de su cabellera rubia o rojiza,
senos rellenos de silicones,
y una figura hecha en el molde de las medidas perfectas.

El espejo afirmándola en la semejanza de esos otros rostros
y su vida que declina ante una luz oscura de belleza perfecta.

Esta mujer renueva su piel sólo para ser joven.
Su cuerpo es preservado sin fecha de vencimiento.
Y muestra la belleza imperecedera
de un ser, de una mujer postiza.