Nuevo Amanecer

Reencuentro con Candelario Segura


El nombre de Candelario Segura me fue familiar desde la infancia, cuando escuchaba a mi padre con otros contemporáneos hacer remembranzas sobre hechos pasados. La sala de mi casa natal allá en La Puebla, Rivas, era escenario de pequeñas e improvisadas tertulias dominicales en las que no faltaban los amigos, los compadres, antiguos veteranos de las guerras civiles, y algunos activistas políticos de la localidad, entre los que había liberales, conservadores y algunos simpatizantes del sandinismo y del socialismo. Las referidas reuniones carecían de libaciones dada la naturaleza abstemia del anfitrión, en su lugar estaban el pinolillo y el café negro acompañados de rosquillas y tortillas dulces. Los temas eran variados testimonios o referencias sobre los conflictos pasados: las guerras de 1912 y de 1926, la guerra de Sandino, y temas actuales de ese entonces como la Revolución Cubana.
Cuando se hacía referencia a este personaje en la época, se le colocaba como un digno ejemplo de aquello de que “nadie es profeta en su tierra”, y Segura, un rivense nacido en el área rural de Rivas, en el municipio de Tola, era una muestra de ello. Hablaban de sus peripecias como político conservador en Nicaragua, hasta que exiliado en Colombia llegó a tener éxito como reportero en uno de los diarios más leídos de este país. Se remarcaba el hecho de que al producirse su muerte, a sus masivos funerales asistió el mismo presidente de Colombia.
Años después, a mediados de los años 90, en una conversación con el ex militante socialista Ronald Maltez y con el jurista rivense Víctor Selva, tocamos el tema. Maltez, quien resultó ser un pariente político del mismo, nos dio algunos datos, tales como su salida al exilio en tiempos de Zelaya, que fue casado con una señora de apellido Somoza, emparentada con el dictador Somoza García, pero de filiación conservadora y ligada a la oposición somocista. Maltez, aunque compartió conmigo la necesidad de investigar a fondo sobre esta individualidad, al igual que los demás no aportó más allá de señalar su proyección en Colombia y Sudamérica como escritor y periodista. Fueron estos amigos quienes expresaron que a pesar de su conservatismo era opuesto a la intervención norteamericana, pero afirmaron también que esto había que comprobarlo.
Fue en el cumplimiento de una labor orientada por la administración del Banco Central de Nicaragua, que consistió en la clasificación de documentos originales resguardados en la sección de Patrimonio de la Biblioteca del BCN, cuando se produjo mi reencuentro con Candelario Segura. En octubre de 2008 encontramos una única hoja de la revista colombiana de Barranquilla “Letras”, con fecha 28 de febrero de 1932, en la cual se le realizó una entrevista a Segura. En la sección que los editores llamaban “Página Americanista” intitularon la entrevista como “Un rato de charla con Candelario Segura”.
Los entrevistadores, de quienes no localizamos sus nombres, se identifican abiertamente con la gesta heroica del general Augusto C. Sandino y llaman a Segura, “un patriota y escritor de la tierra de Darío y de Sandino”, además de ser “un representante en Colombia de la causa libertadora de Nicaragua”. Esta entrevista que a continuación vamos a dar a conocer textualmente, fue casi coincidente con el combate de “Poza Honda”, en el norte del país, el 24 de febrero, además, con la captura en esos días por parte de la Policía yanqui de más de treinta ciudadanos en Managua, acusados de colaborar con los “bandoleros”.
Queda mucho por investigar sobre la proyección de este personaje, quien siendo de origen conservador se manifestó como un abierto e intransigente opositor a la intervención norteamericana, y apoyó de forma beligerante la lucha armada del general Augusto C. Sandino. Nos inclinamos a creer que su posición coincide con la del conocido dirigente conservador Toribio Tijerino, quien desde la óptica del conservatismo rechazó el ideal y práctica del trinomio entreguista pro yanqui, representado por Carlos Cuadra Pasos, Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro. Mas la posición de Segura, como lo revela el texto a continuación, expresa un horizonte más amplio en tanto no ve la intervención como algo circunscrito a la realidad nicaragüense, sino como una amenaza para toda la América, y condena a los gobernantes y diplomáticos títeres del continente.
No encontramos más datos sobre su vida, o de otros trabajos suyos. Mientras se logra conocer más, invitamos a hacer una lectura serena y meditada de este casi desconocido patriota, en el marco del 76 aniversario del martirio del Héroe de las Segovias, general Augusto C. Sandino, con el fin de que con ello sean capaces de extraer sus propias conclusiones.
Un Rato de Charla con Candelario Segura O.
Tuvimos el gusto de recibir en nuestra oficina de redacción, la visita del fogoso escritor nicaragüense C. Segura O. Después de charlar sobre cosas varias, le preguntamos:
-- ¿Cómo marchan sus trabajos antiimperialistas, y, cómo la compaña libertadora de su patria?
“Mis trabajos, como ustedes ya lo habrán visto, son de liberación racial. No se concretan solamente a la liberación de Nicaragua. El imperialismo yanke amenaza de muerte a toda nuestra América. Naturalmente, que la chispa libertaria debe levantar su llama abrasadora, en uno de los pueblos de habla española más oprimidos, más esclavizados, y éste es Nicaragua. Mis trabajos van siempre rodando, como la bola, siempre rodando”.
-- ¿No cree usted en un pronto despertamiento de la dignidad de la presente generación y que recuperen la libertad perdida y la autonomía mancillada de los pueblos, por opresores extranjeros?
“Ay, amigos míos. Esta presente generación nació esclava y morirá esclava… ¡Sí, acariciando sus cadenas con resignación nazarénica!...” “Miren ustedes” --continuó el compañero Segura-- “los hombres que llamamos prestantes en nuestra América, todos, absolutamente todos, viven de rodillas delante del imperialismo sajón. Nuestros diplomáticos llegan a Washington meciendo el incensario de la adulación y encorvados hasta el suelo en actitud de pordioseros (sic). Esos hombres, amigos míos, son los que han hecho y están haciendo de la Soberanía de nuestros pueblos, un mercado de negocios; de la libertad ciudadana, un escarnio, y de la dignidad de nuestra raza, un verdadero fracaso. Son los Judas modernos sin arrepentimiento, que por treinta miserables monedas, vendiendo están al yanke, los Cristos, que son los pueblos, y es de oír a esa cáfila de ilotas al servicio de nuevos fenicios cuando dicen ufanamente: ‘Nadie puede ser presidente en América si no cuenta con la venia de una legación yanke’. ¡Envilecidos! ¡Sobre su conciencia ha caído el hacha demoledora de las dignidades; y van como cerdo al fango, como el carnero al matadero de la desvergüenza…! ¡Ni una palabra más sobre tales infamias!”
A este tiempo, nuestro visitante se paseaba de un extremo al otro del salón de recibo haciéndose aire con el sombrero. Y continuó produciéndose en los siguientes términos:
“A los que somos antiimperialistas por celo patriótico, por amor a la raza y a la libertad, se nos acusa de ser enemigos sistemáticos del yanke, porque no podemos ser tan ricos como ellos, NO, señores: nosotros combatimos en el yanke sus vicios, sus atentados; los desmanes de sus diplomáticos quienes han hecho de la diplomacia un fiel de explotación en todo el mundo. Sí, señores: Hoover y sus diplomáticos están negociando con la sangre de sus conciudadanos, como en Nicaragua. Que nos digan cuánto vale un yanke vivo y les pagaremos su valor para que no los sigan mandando a morir a los campos de batalla nicaragüenses, y de esta manera, negociarán con los vivos, y no con los muertos; y habrán dado una nota de alta diplomacia en los ramos de las relaciones internacionales con los países latinos, lo mismo que en el ramo de las finanzas mundiales. Nuestra América no da señales de vida. Está de rodillas delante del coloso nórdico. La palabra de fuego y la voz de bronce de la protesta no se escucha: ¡Qué hacer! ¡Es el destino de los esclavos!”
Éstas fueron las últimas lapidarias palabras del patriota y escritor de la tierra de Darío y de Sandino. Nosotros estamos con él, en cuerpo y en espíritu. Y para despedirse, nos dijo:
“Tengo concertada una serie de conferencias por Radio, ahora que se aproximan las Conferencias Internacionales en la hermana República de Costa Rica. Hace un año que en “La Nación”, de esta ciudad, escribí un largo manifiesto pidiendo la colaboración patriótica de los periodistas libres del continente para la conformación de un plebiscito internacional, para pedir a Hoover el retiro de los marinos yankes de Nicaragua y de todo país latino ocupado de la misma manera que Nicaragua. Las conferencias las dictaré en la Radio del Señor Amorteguí en la Calle Caldas.
Asistiremos gustosos a escuchar la palabra encendida y elocuente del representante de la causa libertadora de Nicaragua en Colombia”.

* Historiador. Sala de Investigación de la BBCN.