Nuevo Amanecer

Cosmapa en llamas


“Cosmapa en llamas”, el relato presentado por el comandante Domingo García (Rodrigo), refiere acontecimientos de un trozo histórico de la lucha política y militar revolucionaria que tuvo lugar hace veintisiete años. El relato se ex­tiende desde 1974 a julio de 1979, centrándose en la ofensiva armada que culminó con el derrocamiento de la dictadura somocista.
Las fuerzas del FSLN estaban divididas en tres ten­dencias desde 1975; no obstante, esfuerzos de uni­ficación iniciados en mayo de 1977, fueron fructifi­cando hasta culminar con la reunificación del FSLN, dirigida por una dirección nacional conjunta, el 8 de marzo de 1978. Las fuerzas de las tres tendencias fueron convergiendo en una sola plataforma de pen­samiento y acción, no sin algunos escollos y desen­cuentros explicables.
La capacidad de combate que estas tendencias ha­bían logrado desarrollar por separado, fue puesta en práctica de forma conjunta a partir de la subleva­ción popular de septiembre de 1978. En esa oportunidad, varias ciudades se levantaron en armas para combatir al ejército con el cual la familia Somoza se mantenía en el poder desde los años treinta.
La experiencia y el arraigo popular y territorial que cada una de las tendencias había acumulado por se­parado, fueron aportados al teatro general de la lucha al producirse la unidad. Sin afán de agotar lo aportado por las tres tendencias, podemos decir que la denominada Guerra Popular Prolongada (GPP) contaba con dirigentes y combatientes de larga trayectoria, lo mismo que con fuerzas guerrilleras en­raizadas en diversas zonas rurales del Norte. Había forjado núcleos de resistencia urbana clandestina, con proyecciones hacia el movimiento estudiantil y popular, desde cuya base se multiplicaron agrupa­ciones de combate que actuaban en diversos depar­tamentos del país.
La tendencia llamada Proletaria (TP), conformada con militantes de las generaciones más jóvenes integra­dos al FSLN, se había concentrado en las tareas de organización de los obreros, campesinos, estudiantes y en general, de la mayoría de sectores sociales. Con esa experiencia, y habiendo decidido militarizar sus fuerzas, aportaron los activos contingentes organiza­dos, vitales, para la sublevación popular y la huelga general en las ciudades que contribuyó a la caída de la dictadura. Así mismo, esta tendencia organizó varias columnas de combate en las zonas Norte y Oc­cidental, así como en la región oriental del país.
La tendencia Insurreccional (Tercerista) tuvo el acierto de desarrollar, por un lado, una política de alianzas que en el plano nacional se materializó en el Grupo de los Doce, y en el plano internacional multiplicó la ayuda militar y material en pro de la lucha armada y contribuyó al aislamiento de la dictadura. Por el otro lado, le imprimió a la lucha armada un salto de calidad llevando a cabo efica­ces ataques armados, los que, desde 1977, fueron forjando varios frentes de lucha en diversas regio­nes del país.
A principios de 1979, las tres tendencias formularon los lineamientos estratégicos para conseguir el derrocamiento de la dictadura. Estos lineamientos o plataforma de lucha por la ofensiva final firmado por dirigentes de las tres tendencias, contempló la organización de los frentes regionales, la disposición combativa, las responsabilidades y el planteamiento estratégico que combinaría en el tiem­po, el accionar armado de los frentes, la huelga gene­ral y la sublevación popular de las ciudades.
El relato del comandante García describe la for­mación y las acciones de las columnas de combate del sector norte de occidente que logró asestar de­rrotas estratégicas a la Guardia Nacional de Somoza en León y Chinandega. En esta memoria, Domingo García entrega sin afán de protagonismo, y más bien con sencillez, un testimonio de inobjetable veracidad de lo que fue el curso de la última etapa del proceso revolucionario desde la lucha clandestina, el trabajo de organización popular en el campo y la ciudad, y las tareas de preparación y despliegue combativo en el período ofensivo de 1978 y 1979.
Estas columnas del Norte y de Occidente en las que peleó Domingo, tenían un carácter inicialmente de resistencia armada interna, y después de septiembre de 1978, de columnas invasivas provenientes del sur de Honduras. Ellas tendrían el papel de cerrar la co­municación con Honduras y El Salvador por El Gua­saule, ocupar las poblaciones del norte de Chinandega, dividir las fuerzas enemigas de Occidente y tomar la cabecera departamental y el principal puerto del país, Corinto; desde allí cooperar con las fuerzas insurrecciónales de León y Estelí.
Bajo la coordinación general de quien esto escribe, estas columnas en su fase de preparación estuvieron bajo la responsabilidad inmediata del comandan­te Alonso Porras, quien más tarde pasó a asegurar las tomas de Rancherías, San José del Obraje, y lue­go de Chichigalpa y Posoltega en la sección sur del departamento, desde donde se asediaba también a la Guardia acantonada en la cabecera.
Los jefes de destacamento en este teatro de lucha en Occidente fueron: comandante Sergio Mendoza, coronel Juan Lorenzo Santana (Toño), coronel Patricio Lorente, mayor Antenor Ferrey y compañero Bayar­do Salmerón. Los responsables políticos y logísticos fueron: Marta Cranshaw, Marta Turcios, Mayra Ros­ses, Mercedes Andara e Ivana Ríos. El armamento fue suministrado y transportado con el apoyo de los compañeros Vanessa Castro, Álvaro Guzmán, Francisco Lacayo, Gina Chamorro y Ricar­do Wheelock. Se trataba de un armamento nuevo y moderno, adquirido de contrabando en Portugal e in­troducido a Honduras con la cooperación de los pre­sidentes de Panamá y Costa Rica, Omar Torrijos y Rodrigo Carazo.
Dada la calidad del equipamiento militar, el núme­ro de combatientes y el terreno, el plan de combate adoptado tomó la forma de una guerra regular. El fuego se inició exitosamente, no sin tropiezos, con la toma del puesto de El Guasaule en junio de 1979. Al día siguiente, se produce la toma del cuartel y ocupación de la ciudad de Somotillo. Veinticua­tro prisioneros son entregados por el suscrito a la Cruz Roja de Honduras. La liberación de Somotillo permitió en unas pocas horas, la incorporación de cientos de combatientes, lo que aceleró la ocupación de Santo Tomás, San Francisco, San Pedro del Norte y Cinco Pinos, para controlar el norte fronterizo con Honduras.
En pocos días, las columnas sandinistas avanzaron tomando los cuarteles de Villanueva y Villa Salvado­rita, la cual fue nombrada Villa 15 de Julio. Aquí se tomaron más prisioneros de la GN. Se libró fuertes combates con las fuerzas somocistas en el sitio Cerro Partido y a lo largo de la carretera Somotillo‑Chinan­dega, sin que la Guardia lograra detener el avance. A mediados de julio fue liberada la ciudad de El Viejo y el pueblo Mina El Limón.
Las fuerzas revolucionarias a inicios de julio neutra­lizaron y derrotaron una contraofensiva de la guardia comandada por el general Gómez. Desde el Sur, las fuerzas comandadas por Alonso Porras presionaron Chinandega. Cuando los contingentes revoluciona­rios estaban por ambos flancos, a las puertas de Chinande­ga, la Guardia somocista huyó en desbandada, lo que permi­tió la ocupación de la cabecera departamental el 18 de julio, así como de Corinto, principal puerto de Nicaragua. Con ello, el estratégico departamento de Chinandega quedaba bajo control revolucionario.
El relato del comandante García viene a saldar una deuda con los héroes y mártires y las y los comba­tientes que tomaron parte en la gesta libertadora. Es el esfuerzo de un hijo del pueblo que desde muy joven se sumó a las filas revolucionarias. Fue organizador de su zona; guía guerrillero, correo, y luego combatiente de las columnas revolucionarias. Alcanzado el triunfo de 1979 se incorporó a las filas de las Fuerzas Armadas. Ahora retirado de la vida militar, tomó un paréntesis de su vida de trabajo civil para recordar en este relato memorable, una de las gestas heroicas del pueblo y de la juventud nicaragüense.