Nuevo Amanecer

El anunciado


He leído unos cuantos poemas de Carlos Fonseca Grisby, suficientes para afirmar que el joven (precoz) poeta nacido en 1988 posee una voz hasta ahora inédita para la poesía nicaragüense. Curiosa, anómala, abismal, otorgada por quién sabe qué noúmeno, su voz no procede del talento, o la inteligencia poética, o la edición de poemas celosamente confiados a la maceración del tiempo. Sus poemas devienen del fogonazo inexplicable y misterioso, propio de la poesía subterránea, oscura, profunda. No son una forma de hablar, son una manera de entender y traducir al poema el habla circundante de las cosas greñudas y corrientes. Hay algunos rasgos suyos perceptibles en la historia del surrealismo, pero no se trata de poesía del automatismo, ni de exaltación lírica, ni del humor noire, ni de lo maravilloso. Su voz está más cerca de las «Illimmations»; ella misma, conciente y subconsciente, se entrega como iluminaciones donde las cosas, los textos, los hombres y sus actitudes son nominados y extrañados con frescura, audacia, autenticidad, libertad y hasta ingenuidad.
El Premio Creación Joven de la Fundación Loewe 2007, otorgado a su poemario: «Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender», le hace honor a Carlos Fonseca Grisby, y en alguna manera confirma los atisbos aquí señalados, y otros que no lo logro entrever en apenas un puñado de poemas leídos en Carátula. Quizás los juiciosos entre los cuales no me cuento (ni nadie me cuenta) dirán hay que esperar la edición del libro para emitir una opinión (un dictúm) cabal. Eso sólo es cierto, necia aproximación, si se trata de encasillar a alguien. En este caso basta un solo poema para saber que estamos frente a un poeta joven, no ante un joven poeta. Otra cosa digna de los juiciosos: cómo se desarrollará, cómo se desdoblará, cómo se consolidará esa voz de dieciocho años, a pesar de su miserable importancia, no viene al caso. Fonseca Grisby podría no volver a escribir otro libro, pero su brillantez en la oscuridad que la claridad no logra comprender (una llamarada en la mitad de la noche) basta para que ocupe su lugar en la poesía nicaragüense. ¿Será ese el joven poeta que la literatura nicaragüense esperaba, perfilaba y anunciaba? No me queda duda. ¡Calma! Una nueva señal sin parafernalia, sin psicosis de asesinato, ni tierra arrasada (tranquila en lo suyo) alumbra su contexto. Lo enriquece.
01, 12, 07.