Nuevo Amanecer

La pasión de silenciar


John Maxwell Coetzee no sólo ha escrito otros libros de ensayos, sino que también en sus novelas, a través, sobre todo, del personaje Elisabeth Costello, introduce la reflexión ensayística. En su libro “Contra la censura” (Debate, México, 2007), publicado en inglés en 1996 con el título “Giving offense: Essays on censorship”, reúne diez artículos publicados por el Premio Nobel sudafricano en distintos medios en los primeros años de la década del noventa, aunque revisados de manera exhaustiva, más dos ensayos originales. Los cuatro últimos (“El pensamiento del apartheid”; “El trabajo del censor: la censura en Sudáfrica”; “La política de la disidencia: André Brink”, y “Breyten Breytenbach y el lector en el espejo”) se refieren en particular al caso sudafricano.
Además de una bibliografía general completa y al día de cerca de 330 títulos, al término de cada capítulo Coetzee añade enjundiosas notas explicativas que no se limitan a meras referencias bibliográficas. Se trata, pues, de un grupo de ensayos que son resultado de una investigación importante y sostenida que guardan entre sí un sentido unitario ostensible.
De entrada nos advierte: “Los ensayos aquí recogidos constituyen una tentativa de comprender una pasión con la cual no tengo ninguna afinidad intuitiva, la pasión que se expresa en actos de silenciamiento y censura”. Así, una parte importante de este libro, casi central, es la búsqueda del punto de vista o, mejor dicho, de la posición, que sin ser exterior al debate entre el censor y el escritor (Coetzee opta por no distinguir entre lo políticamente indeseable y lo moralmente repugnante), eluda lo que él denomina “la lógica de la rivalidad”, lógica que puede asimilar, en cierto modo, a ambos. Coetzee cree que es preciso tomar en serio las razones del censor y, a la vez, oponer a ellas una crítica eramista, en el sentido de que es una crítica insegura, aunque no vacilante. El capítulo 5, “Erasmo: locura y rivalidad”, ofrece una original interpretación del pensamiento de Erasmo, en particular de su Elogio de la estupidez (de la locura, según la traducción mayoritaria), pensamiento al cual se aproxima desde la obra de Jacques Derrida, Michel Foucault y, de manera especial, de René Girad y su concepción de la violencia mimética. Es el espíritu de Erasmo, que se resiste a la interpretación y a adoptar una facción, quien proporciona aquella posición que no es una posición, en la cual uno sabe sin saber, desarmándose prudentemente por adelantado, evitando el juego del poder, evitando la rivalidad política.
El antecedente del acto punitivo de la censura es la ofensa y la indignación. La clave es tratar de desentrañar por qué se ofenden los poderosos y cómo, al reconocer el estado mental de ofensa, se asume una debilidad frente al subordinado que puede dar lugar a la censura. Coetzee es penetrante y fino en el análisis de la sicología del censor, muy honesto y erudito en examinar las razones conservadoras a favor de la censura, los argumentos clásicos liberales en su contra y las nuevas argumentaciones que, por ejemplo, desde el feminismo, se exponen para limitar la libertad de expresión. Siempre agota al máximo las posibilidades de cada una de ellas y despliega una enorme capacidad --propia de su genio de escritor-- de ponerse en el lugar del otro.
Resultan particularmente interesantes los ensayos que dedica a Osip Mandelstam y la “Oda a Stalin”, a la polémica que Alexander Solzhenistsin mantuvo con el Estado soviético, a la poesía del polaco Zbigniew Herbert y la figura del censor, y al escritor y poeta sudafricano Breyten Breytenbach. En ellos, Coetzee, con su conocido equilibrio de parquedad y elegancia, aborda la figura del censor-interior, del lector gemelo y las complejas consecuencias que para la riqueza y comprensión del lenguaje y los recursos literarios (la alegoría, la ironía, el lenguaje esópico) puede tener un régimen permanente de censura.
El Mercurio. Chile.