Nuevo Amanecer

Paradojas de la mandíbula

El próximo jueves 20 de diciembre, será presentado en la Galería Epikentro de Managua, el libro de poemas “Paradojas de la mandíbula”, del escritor nicaragüense Carlos Calero, recientemente publicado en Costa Rica por Ediciones Andrómeda

Es bueno regresar a un libro que nos hiciera meditar. Porque solamente se regresa a los libros que nos dijeron algo, ésos en donde se sospecha que aún tienen mucho que decir. Así, las imágenes giran: la dentellada del mastín; la mordiente del gato con la paloma en sus fauces; el tránsito del autobús suburbano de la barriada popular al downtown de la capital; el amanecer entre anturios, azucenas, claveles y la fragancia escarlata de una piel femenina; la responsabilidad del poeta sin protocolo y con audacia; todo eso y más, decía en anterior reseña, nos muestra el penúltimo libro del poeta tico-nica Carlos Calero, Paradojas de la mandíbula. Porque sabemos que ya está en prensa su nueva producción.
Y se regresa a un poemario como el que nos ocupa, fundamentalmente por la memoria, mejor dicho, por la cabanga, que se despliega ante nuestros sentidos; ese hilo conductor de la trama y de la conciencia del poeta, desde la infancia hasta el exilio voluntario donde acecha el mercado de la muerte.
Sobreviviente de los talleres literarios de la otrora revolución sandinista, hoy acartonada en el gobierno nicaragüense como una perífrasis tragicómica, Calero rehusó la forma que perseguía su estilo, para refugiarse en el estudio y la lectura de los maestros y las poéticas renovadoras, sin borrar, claro está, la valiosa experiencia de aquellos balbuceos exterioristas. Por eso nos entrega una poesía trascendente, pero con garra, lírica mas cotidiana, intimista pero conversacional, culta y sin embargo popular.
Como profesor que es, en el sentido más amplio y pedagógico del término, Calero evita la grandilocuencia, no pontifica, sino que busca, describe, interpela, opone y propone. Tributario de su doble vertiente sociocultural y lingüística, su poesía es fronteriza: desde el ceremonial de Monimbó hasta la acidez urbana de una metrópoli que se muerde la cola, como San José (la ciudad más grande de Nicaragua, según la calificara el poeta Alfonso Chase), el poeta y su poesía surcan montes, llanuras, y ese río donde asoma la boina de su mayor prestidigitador y mediador (JCU), pero sin perder la frescura que nos convoca a todos a un territorio compartido que, como el poeta, el otro, el Hermano Mayor, el paisano, es inevitable. Porque la división, en esta época, es asunto de cínicos, oportunistas y politicastros.
Paradojas de la mandíbula es testimonio consciente del oficio. Carlos Calero convoca a sus poetas precursores y predilectos, los reúne alrededor de su buró de trabajo y les platica. Conversa largamente con ellos, les narra sus imágenes, los reclama en sus reflexiones. Y se interna en ese monólogo profundo con la voz ajena, que nos es más que la bullaranga de las plazas, parques, mercados y ferias de su pueblo, ése de la Nicaragua natal, éste de su Costa Rica neoliberal. O se ensimisma en su voz interior para retrotraer a sus antepasados, a su amante esposa difunta, a sus camaradas de viaje, quienes hacen posible la construcción de un mundo que se nos cae, como en la guerra de todas las cosas, en un caos y una anomia que amenazan al planeta entero.
Calero nos entrega una obra largamente meditada, elaborada, digerida, distribuida en su argamasa originaria. Todo ello en el silencio de la labor del orfebre, silencio que, sin las poses y aspavientos de muchos vates posmodernos, es condición sine qua nom de todo verdadero artista. Así es su postura vertical de hombre comprometido con la vida, de ciudadano oficiante de la poesía. Por eso el poemario mastica, masculla, aulla, susurra, acaricia y supura, con la lucidez del artesano que pule las palabras y las imágenes, tal vez en exceso a veces, pero con la convicción barroca de los hechiceros y los amanuenses de la palabra historiada, es decir, amasada colectivamente, multiplicada, compartida.
Por eso regresamos a las Paradojas… con una nueva mirada, pero resguardados por las emociones e ideas que nos provocara su primera lectura. No hay duda, en Calero encontramos a un poeta equilibrado, dueño de su oficio, con palabra y personalidad propia, elementos que lo colocan entre las poéticas más interesantes de la actual poesía costarricense, una poesía cada vez más híbrida e intensa gracias, precisamente, a los aportes de productores como el poeta monimbó/josefino. Por ello recomiendo la lectura, no sólo de este poemario, sino de todos sus libros.

* Escritor costarricense.