Nuevo Amanecer

Confesiones de un Psiquiatra


Cuando cayó en mis manos el libro “Confesiones de un Psiquiatra”, no sabía qué pensar; porque para alguien acostumbrado a cuentos, novelas, poesía, el título plantea sus dudas acerca de si está uno frente a un manual de siquiatría o simplemente frente a un inventario de casos clínicos narrados en términos científicos e hilvanados con un criterio pedagógico. Así que, como supondrán, no tenía el más mínimo interés al respecto. Pero no: no era ni lo uno ni lo otro, y así salvé la distancia entre el autor y quien escribe. Distancia que generalmente se acorta de un solo tajo con sólo tener al frente el título y al no ser del agrado, simplemente se desecha.
Insisto: no es un manual, ni son relatos de ciencia ficción, sino memorias de un médico siquiatra, portugués, venido a nicaragüense desde 1966, llamado Antonio Felipi Lourenco. Un hombre que por azar del destino, por necesidad propia se tomó la molestia de contar, de hablar escribiendo de la vida, de su propia vida, sus experiencias como hombre y como profesional, inyectándole a cada palabra lo que ha sido su filosofía de vivir, ya sea en Lisboa, Angola, Miami, otros caminos de Europa y América, y finalmente Nicaragua.
“Confesiones de un Psiquiatra” fue editado por Lea Grupo Editorial a propósito de la XI Feria Internacional del Libro en Centroamérica, que por cierto, tuvo una acogida excelente. El libro está dividido en cinco partes. Las tres primeras responden a vivencias personales, biográficas, matizadas por el entorno y el humanismo del autor. La cuarta parte presenta treinta y siete historias clínicas, el comportamiento de los pacientes, el diagnóstico y tratamiento. Y, finalmente, un apartado de reflexiones sobre diagnóstico, prevención y tratamientos de los trastornos mentales.
No se trata de un manual de psiquiatría. “Es la historia de mi vida, la de un viejo casi de la edad de Matusalén”, así dice el autor de setenta y pico de años en el epílogo, quien cataloga sus memorias como apuntes, un compartir sus ideas y experiencias. “Mi impulso responde a la necesidad de dar un testimonio. Lo que aquí reporto y comparto son fragmentos de lo que pude rescatar del disco duro de mi memoria”. Un disco duro que rememora su niñez cuando era el “menino” en su ciudad natal, Bizarril --un pueblo pintoresco, de una sola calle de cerca de un kilómetro de largo--; sus años en el altiplano de Benguela, África --a la sazón una colonia portuguesa en el lado occidental del continente africano bañado por el océano Atlántico--; de vuelta a Lisboa en la Facultad de Medicina, su primera llegada a Nicaragua en 1966 proveniente de París, su exilio por veintiún años en Miami y su nueva llegada a Managua en 1999.

Venturas y desventuras de un médico que se confiesa ante sus lectores cobijado por una crónica ágil que se va abriendo espacio en una montaña espesa de recuerdos agolpados, saliendo uno tras otro incansablemente, ubicando lugares, fechas, nombres: evocando tristezas y alegrías, infortunios, pero siempre contando con Nina --su mujer--, hasta sentirse realizado.