Nuevo Amanecer

CREPÚSCULO


La mecedora me aguarda mientras el sol
declina, herido, enrojeciendo el cielo
tras el Monte de los Olivos. ¿Acaso
el ocaso es un acoso a mi alma,
como la de él triste hasta morir, dijo,
sabiendo que preferirían a Barrabás?
¡Crucificadle!, gritaron insensatos
sin saber a dónde iríamos después: Si
a la mierda, si a la tumba o si al olvido.
Él sí sabía y que lo terrible de morir
es ya no poder amar ni que te amen
y se fue como este sol clamando al padre.
Pero para mí ya no habrá otro amanecer;
me doy cuenta que mi cuenta se acabó
y que ya jamás podré pagar a quienes
les quedé debiendo el amor que me negaron.
¿Irme ahora a Roma y dejar Jerusalén?
Sería como huir de mi propio destino.
Los como nosotros, Caín, Judas o vos,
no tendremos ni una cruz como consuelo.
Divisando el Gólgota, yo, Pilato,
con las manos limpias como todo el mundo,
me siento en el corredor de mi casa
a mecerme y esperar, a mecerme y esperar.
Octubre de 2007.