Nuevo Amanecer

Los minutos negros


Los que se suponen tenían que morir, no murieron, y los inocentes, como siempre, pagaron las consecuencias, pero ahí está la Policía, siempre vigilando, atenta para dar al traste al corazón maligno.
Las historias de cuño negro revestidas del rojo carmesí de la sangre generan ansiedad, esa que viene acompañada de sudoración y taquicardia, coraje que ronda los espíritus y aunque no se desee alebresta las sienes.
Contada como lo hace Martín Solares, Los minutos negros se hacen muchos minutos y la ira nace desde el fondo, se acrecienta. Saber cuál es la institución policíaca por la que somos custodiados afecta, porque nos damos cuenta de que es un cuerpo a todas luces corrupto, inmerso en la excrecencia, lleno de pus, agusanado, apesta pues.
Luego de conocer la historia referida en Los minutos negros, tal parece que no estamos en Paracuán sino en alguna ciudad fronteriza, similar a ¿Tampico? Y que no me vengan con el cuento de que no hay rastros de datos autobiográficos, si no, cómo atraerse semejantes imágenes que de tan reales parecen sacadas de las noticias cotidianas, de algún periódico de esos que dan cuenta de los asuntos rojos.
Una novela en la que aparecen B. Traven y el Dr. Alfonso Quiroz Cuarón como personajes circunstanciales, no podía sustraerse de tales elementos: el misterio y la sangre. Martín juega con ambos, los pone a disposición del lector para que nos encabronemos mientras receta los crímenes que dan origen a la novela. El ritmo trepidante y voraz con que discurre Los minutos negros, libera la inquietud interior aquella que nos pone en entredicho si nos lanzamos a la aventura de leerla o no, entonces la droga de la lectura se apodera de nuestra energía y hasta la página 376 estamos a merced del suspenso planteado por Solares, sólo hasta ahí dejamos la compulsión y entramos a la calma.
Dos historias en una: en la primera, el asesinato de las niñas Lucía, Inés, Karla, Julia y Daniela da pie para que la investigación se concatene con la del otro crimen perpetrado en la persona del joven periodista Bernardo Blanco. Separadas por un puente de veinte años, parecieran independientes una de otra, pero el autor les confiere una suerte de paralelismo estructural, de tal manera eficaz que acaso convierten dicha investigación en una misma, el vínculo: Bernardo escribía un libro sobre la historia de la ciudad por los años setentas cuando sucedieron los violentos crímenes en contra de las niñas, una de las víctimas resultó que había sido su compañera de juegos, eso le afectó tanto que decidió emprender por sí solo algunas pesquisas que lo condujeran al esclarecimiento de dichos delitos, mas no sabía que con ello firmaba su sentencia de muerte
El esclarecimiento, a fin de cuentas, nos llevará por los paisajes geográficos fronterizos del noreste mexicano engarzados a los conductuales de un cuerpo policíaco ya conocido, pero no por ello menos tenebroso, quizá el huevo de la serpiente del narco ya rondando, ya en los linderos del conglomerado, asimismo el personaje poderoso, el detective bueno, el jefe de los judíos, el presidente municipal, el gobernador del estado, las madrinas, el sacerdote maestro de la escuela principal, los sindicatos –de educación y el petrolero- con su fauna cupular presta a defender sus intereses particulares a costa de lo que sea, los periodistas creídos adalides, los chivos expiatorios y hasta las novias, reflejan a la mejor manera el cuadro costumbrista adecuado al contexto, donde los bajos fondos del puerto, las cofradías criminales, los abusos de poder y esa siniestra como oscura policía, dizque secreta, eran los sustentos de la estructura gobernante. Todos los hilos de la urdimbre manejados con perspicacia y sumo cuidado por Martín, aparece así –y déjenme regodearme en el parangón- la figura de Rubem Fonseca como un referente obligado a la arquitectura del texto –me recordó la novela Agosto, con su profusión de protagonistas caraduras y cínicos, y su densa atmósfera de relaciones criminales-.
Dos casos, dos investigadores, para el asesinato de la niñas Vicente Rangel González, de la estirpe de los buenos, músico acompañante del otrora famoso cantante sirenito Rigo Tovar y devenido en detective de la judicial gracias a los oficios y beneficios de su tío Miguel Rivera, también policía de los buenos y amigo del escritor Traven Torsvan (B. Traven según Martín) y además discípulo del Dr. Quiroz Cuarón. Para el asesinato del periodista Bernardo Blanco, Ramón Cabrera, también conocido como el Macetón, al igual que Vicente poseedores de una carga de ética desconocida por la mayoría de servidores públicos encargados de la seguridad.
Martín Solares les confiere a estos dos protagonistas, Vicente Rangel y Ramón, el Macetón, Cabrera, las características de valentía, inteligencia mediana, suspicacia, pero también de ingenuidad y desconfianza para resolver los crímenes. Una cosa lleva a la otra, y es el Macetón, quien dos decenas de años después, será el encargado de ir desmadejando los hilos enredados de la trama hasta llegar a El Chacal, que así se dieron en llamarle por la saña que prodigó en sus víctimas.
¿Los minutos negros es la crónica de una investigación ya prevista? No lo creo, porque al abordarla nos atropella con su vorágine, resulta una historia que agarra, no te hace soltar el libro hasta que se ha terminado, eso significa que los elementos de intriga y suspenso están cabalgando la novela con singular amarre, a pesar de tener, como ya advertimos, hermanajes con historias rutinarias que leemos en los diarios todos los días.
Acción, suceso tras suceso, rosario de verbos: correr, huir, traicionar, matar, corromper, perseguir, encarcelar, delinquir, encapsulados en un retrato negro, verosímil, implacable en su visión. Juan Villoro la define exacto: singular examen psicológico donde detrás de cada sobresalto aparece, reveladora, la experiencia humana.
Ágil y corrosiva, la prosa de Martín Solares, puesta aquí en Los minutos negros, se constituye, así lo percibo, como otro de los cimientos de los que pudieran conformar la nueva novela negra en México.

coreatorres@yahoo.com