Nuevo Amanecer

En la sala de Cuidados Intensivos


Ahora la bestia que se me acerca es la muerte.
Mis sentimientos arruinaron mi corazón
y se me salen las enfermedades
escupidas desde el fondo del cuerpo.
El amor a mi edad me hizo frágil.
Un amor prolongado y feroz me puso salvaje
y ahora me pone de rodillas.
Mis pasiones ahora son hojas podridas.
Siento que soy un ángel caído,
un rey conspirando
por el poder sobrenatural de la vida.
El amor sigue viviendo en mí
como un hechizo antiguo, desconocido, invisible,
y mi cuerpo es un portal
por donde los dragones salen del infierno.
Estoy en la Sala de Cuidados Intensivos Coronarios,
con asfixia, con una presión de 60-40, con arritmia cardiaca,
y un dolor opresivo en mi corazón
que nunca supo qué hacer con la verdad,
porque mi corazón siempre fue el lugar perfecto para un asesinato,
o el protagonista de una novela de destierros.
En la escena del crimen siempre hallaron mi cuerpo,
el color azufre del caribe de mis ojos,
la pulpa caníbal del rojo gigante de mis labios,
pero nunca encontraron el rastro de mi alma.
En el viaje del engaño escogí la pasión por vocación,
una pasión invasiva
metida en mi piel como una noche sin luna,
una pasión que me convirtió en un viento derrotado,
en una rama podrida por la lluvia y quebrada por el viento.
Estoy en la Sala de Cuidados Intensivos de enfermos del corazón
y la muerte, como una animala imprudente,
como una desvergonzada vagabunda de la noche.
me está comiendo por dentro.
Quiero estar bajo la luz del jardín, donde las lilas florecen,
quiero que Dios me abra los ojos para ver lo que debo ver,
quiero que me guste el silencio
y oír el batir de alas cuando se elevan las aves alejándose:
no quiero jugar el complicado juego de las almas después de la muerte
cuando la tierra se queda sintiendo que le hace falta parte de su felicidad
y unas mañanas que se hicieron para que los ángeles canten.

Granada, 17 de septiembre 2007