Nuevo Amanecer

No alcanza la vida


Erick Aguirre

Decía Rilke a un joven poeta que una obra sólo es buena si ha nacido bajo el impulso de una íntima necesidad. Y precisamente en ese modo de engendrarse radica el único criterio válido para juzgarla. No existe otro. Para escribir poesía primero hay que liberarse de los “grandes motivos” y recurrir a esos que a diario nos ofrece nuestra propia vida. Valernos de las cosas que nos rodean, de las imágenes que pueblan nuestros sueños y de todo cuanto vive en nuestros recuerdos, para luego escribir. Pero escribirlo todo (y he aquí el gran consejo de Rilke) con “íntima, callada y humilde sinceridad”.
Intimidad, sencillez y sinceridad son elementos que se reconocen a primera vista en la poesía de Gabriel Moreno Salmerón, cuya juventud me hace recordar los consejos de Rainer María Rilke. Los poemas de No alcanza la vida, un libro cuya engañosa simplicidad se nos muestra cargada de profundos cuestionamientos acerca del ser, nos transportan a dimensiones que están más allá del lenguaje cotidiano con que a veces anotamos las simples impresiones que dejan en nuestro ánimo la soledad y el hastío.
El sentimiento de orfandad ante el paso del tiempo, ante la frescura o longevidad de los recuerdos y la certidumbre de nuestra contundente fragilidad ante el mundo, se palpan en cada poema de este libro y nos muestran el perfil de un poeta mirándose y reconociéndose como un “animal amargo”, como un ser humano agobiado por las trampas de la memoria y la sensación de impotencia que nos provoca la conciencia de estar vivos. Después de sumergirse en sí mismo y en su soledad, como lo aconseja Rilke, el poeta Gabriel Moreno Salmerón encontrará seguramente mejores caminos. Que éstos sean buenos, ricos y amplios es lo que yo le deseo más de cuanto puedan expresar mis palabras.