Nuevo Amanecer

Un Humanista Beligerante


El 7 de octubre pasado, la comunidad universitaria nacional conmemoró la fecha del trigésimo aniversario de la muerte de Mariano Fiallos Gil. Treinta años después, su palabra sigue viva y su mensaje presente. Al releer sus ensayos y discursos siento de nuevo la suavidad de sus palabras y la firmeza de sus ideas, sugiriendo, proponiendo, insistiendo; debatiendo con quien fuera necesario en defensa de lo que creía; caballero andante, lanza en ristre, dispuesto a combatir para soñar, a soñar para combatir, a soñar y combatir al mismo tiempo con las armas de sus convicciones, el rigor de sus conceptos y la ironía justa que no quedaba corta en sus alcances ni excesiva en su intención.
Maestro por antonomasia, nos dejó el legado de la vitalidad y el compromiso en su Humanismo Beligerante en el que la vida es lucha por alcanzar determinados valores y objetivos, y no plácida preparación para la muerte, como la entienden los “monjes tibetanos”.
Mariano Fiallos Gil no sólo creó la nueva universidad nicaragüense, sino que creó, también, un estilo, una atmósfera, una época. Su recuerdo para mí es siempre rejuvenecedor, no solamente porque su llegada a la Rectoría hace presente mis 18 años de edad de entonces, sino porque sus ideas y propuestas, sus reflexiones y acciones sobre la Universidad y su misión conservan hasta hoy su frescura inicial y su vigencia.
Han pasado los años y queda no sólo “el signo y la intención”, como él solía decir, sino también la acción cumplida y el ejemplo. Su mensaje debe estar siempre presente en la Universidad, sobre todo en momentos de desconcierto como los actuales que demanda de ella una participación orientadora en la vida nacional y una acción vital, y de puertas abiertas, sin perder por ello el rigor científico, ni la calidad académica que, por el contrario, para ser efectivos y verdaderos, deben ligarse al sentimiento y padecimiento de la nación.