Nuevo Amanecer

El debate y la argumentación


Continuando con las reseñas de los textos de la biblioteca del Banco Central, dentro de su política de actualizaciones, presento ahora la obra “El Debate y la Argumentación” (Editorial Trillas, México, 1997), un libro muy útil para estudiantes preocupados por la consistencia lógica y demostrativa de sus monografías.
También puede servir al ponencista y al polemista para refrescar los procedimientos clásicos y de rigor, proponer u objetar ante públicos y adversarios o legitimar posiciones propias desde esquemas académicos y reglas a observar en los debates y argumentaciones de todo nivel.
Mónica Rangel Hinojosa presenta toda su obra desde el paradigma de la teoría de la comunicación de Jürgen Habermas. Divide, siguiendo el esquema del sociólogo alemán, en cinco los tipos de discurso argumentativo: teórico, práctico, estético, terapéutico y explicativo. Correlativamente se apoya en el modelo Toulmin para caracterizar los argumentos del modo siguiente:
1) Tiene que quedar clara la clase de asuntos que intenta abordar el argumento y circunscribir el campo de la argumentación al tipo de discurso; 2) debe quedar asentado el propósito subyacente en el debate. 3) Las razones o fundamentos tienen que ser suficientes para apoyar la conclusión a la que conduce. 4) La garantía, para asegurar la convicción del argumento, tiene que basarse en un sólido respaldo de una autoridad o ley. 5) Deben entenderse bien las posibles refutaciones y/o excepciones. 6) Toda argumentación necesariamente contempla dentro de sus límites la conciliación y modificación de la pretensión de validez para ser considerada razonable.
La autora, después de pasar revista de modo claro y sencillo con relación a las técnicas y estrategias argumentativas, llama la atención sobre la validez y eficacia fundamentalmente en los discursos teóricos y prácticos.
Además, recomienda: la no-contradicción entre los datos, las bases y el respaldo; la coherencia entre las tesis, hipótesis y conclusiones; la aplicabilidad en el contexto real y la construcción de un sistema de proposiciones necesarias que no dependan idealmente del acuerdo o consenso, sino que se aceptan por ser irrefutables, sea porque responden al modelo lógico de inferencias o por la confiabilidad y significancia de los resultados obtenidos mediante la probabilidad y la estadística.
Sobre esta línea, Rangel Hinojosa proporciona también recomendaciones para los adversarios, diciéndonos: “si el adversario logra eficazmente presentar la contradicción en el planteamiento del contrario, esto significa que toda la construcción lógica sobre la que se basa el argumento se deshace y su conclusión es invalidada. Así, se obliga al contrario a renunciar a su pretensión o, al menos a replantear los términos y alcance de su propuesta.
La misión del contraargumento es refutar a toda costa la validez o eficacia” (pág. 76). El adversario debe atacar las fallas en el marco conceptual, sean por razones de inadecuación, de incoherencia o de confusión; la metodología empleada; pruebas poco confiables o significativas y las premisas que no se comprueban y las conclusiones débiles o inválidas.
El texto lo pueden consultar en la biblioteca del Banco Central dentro de su programa de actualización, se los recomiendo.