Nuevo Amanecer

Reporte de La Cena en casa de Leví


Ubiqué la escena en el jardín de los Barberini, recién remodelado, quedó espacioso, segmentado en plataformas terraceadas por balaustrada de mármol blanco rematada en los extremos con arriates de grandes árboles frondosos. Mi Cristo apostado al centro de la mesa alargada en el primer nivel estaba desempleado, la producción de cristales sobrepasó la demanda de modo que las fábricas de Murano, Burano y Torcello debían realizar inventarios.
Il Gesú, Ducio di Buoninsegna de vacaciones forzadas me buscó para modelar; era robusto, hermoso, no tenía los cachetes abultados por la sopladera del oficio, sólo una vez lo vi cuando llegué a comprar una pieza especial que Il Dux encargó. Detto Il Maladetto por sus compañeros parodiando su parsimonia y apacible estar, “El Maldito” llegó con hambre, bastó con verle los ojos alicaídos y las mejillas fláccidas descoloridas, le di queso, pan y vino, que devoró veloz. Venite mañana.
Me fui de madrugada y ya la fila estaba llena, los chinos abrían a las siete para la prueba, logré alcanzar el primer bus de la ruta; viajé agarrado de la puerta, mi parada era la última donde bajaba la clase obrera bañada y apretujada sacudiendo restos de sueño. El enano amarillo gritaba al pie de la máquina, empecé a coser las piezas, diez mil pantalones sacábamos diario y por eso nos daban en toda la jornada diez minutos para mear.
Te vas a estar quieto, relajado, disfrutando la comida rodeado de mujeres lindas, San Juan tu favorito es un chavalo de Mestre ayudante de albañil, te caerá bien, como operario blanqueado de cal no dice nada, pero bien “chainiado” para el tráfico. Las muchachas llegaron de “El Burdel de los Frari”, obvio que los frailes de la orden nada tenían que ver con puteros pero el pueblo así lo nombró por su vecindad con el convento. Los modelos fueron arribando para los primeros bocetos, alquilé trajes de carnaval, después del alboroto de vestirse posaron en reposo y movimiento, fijados como en escena de teatro.
Aquí la belleza es pareja, Dios la repartió democráticamente por igual a las putas y damitas de la nobleza; bien podía pasar la “mengalada” de la Pianura dei Po por vástagos de los Foscari, los Calergi, burguesía que habita los palacios desde San Giorgio hasta el Rialto. Cuando Jesús y San Juan por primera vez se vieron, se estrecharon en cálido abrazo. Viajo a Mestre el fin de semana, mi papa viene a traerme a Santa Lucía y cabalgamos como una hora. Yo tenía a mi mujer en Torcello pero se fue donde su mama para alimentar mejor al niño, podés venirte conmigo.
Me pasó rozando y sonrió, enfrente hay un bar con cervezas a diez pesos, ¿qué tal si vamos el viernes? Al terminar la sesión con un cansancio descomunal por permanecer tantas horas inmóviles fuimos a caminar a La Riva de Schiavoni. Empujamos la puerta entornada de una taberna y de súbito nos vimos en el andén de una vía muy traficada rodeados de gente cruzando aprisa, muchos entraban a una cantina techada con hojas de palma, nos miramos a los ojos abiertos de estupor y entramos.
Marcamos la tarjeta en el reloj del vestíbulo, al traspasar la verja enorme deslumbró la visión de una acera estrecha junto a un canal de agua agitada contenido en edificios arcaicos de piedra, un rótulo decía: Ca’ Rezzónico.
Los pares interpolados entre “Carretera Norte” y San Rocco, de “La Zona Franca” al taller del pintor, con cinco siglos de desfase diez mil kilómetros distantes no tuvieron más que instalarse a tomar sus cerbatanas, saliendo de, entrando a, por el caos producido en el universo de Paolo “Il Veronese” al pintar a Cristo cenando con los nobles de Venecia. Si gustan de hacer hipótesis consulten la “Teoría de Cuerdas”; si les aterran los saltos pueden calmarse con el continuum lineal o la sucesión expresada en la frase: “primero cenamos y después follamos”.