Nuevo Amanecer

Eddy Kühl y su meticulosidad de orfebre


“Nicaragua: Historia de inmigrantes”, el último libro del prolífico empresario e historiador Eddy Kühl, es uno de los textos de historia que más aporta a la comprensión de Nicaragua. Con meticulosidad de orfebre, Kühl recoge y engarza información sobre los flujos humanos que han hecho de este país lo que es, mostrando su influjo en los grandes acontecimientos históricos y señalando su impacto en el desarrollo económico, los tejidos sociales y las instituciones culturales nicaragüenses. Quizás sin proponerse una polémica --al menos no de manera explícita--, este libro camina a contrapelo de una compleja urdimbre de supuestos, mitos y lugares comunes que fundan una falsa imagen de esa nación que es Nicaragua. En primer lugar, se contrapone a la idea de una nación compuesta por un grupo homogéneo de pobladores, promedio o tensión de dos grandes grupos humanos. Se desvanece, por tanto, el hombre dual de Pablo Antonio Cuadra --medio indio y medio español-- para abrir paso a muchos grupos de hombres pluriculturales y variopintos: chorotegas, alemanes, españoles, franceses, suecos, africanos, japoneses, chinos, garífunas, británicos, italianos, belgas, irlandeses, árabes, judíos, etc. La nicaraguanidad no puede ser reducida a un grupo, o a un par de grupos. Tampoco puede ser promediada. Nicaragua, como todos los países, es una historia de inmigrantes. Por eso resulta significativo que el libro se titule “Nicaragua: Historia de inmigrantes”, y no “Historia de las migraciones hacia Nicaragua”.
En segundo lugar, el alucinante recorrido que realiza Eddy Kühl nos recuerda que hemos llegado a este punto de nuestra historia tras una larga serie de olas migratorias. No estamos en el mismo punto de partida. ¿Será éste un punto de llegada? Los incesantes movimientos poblacionales parecen dar un rotundo “no” como respuesta. La nicaraguanidad no es estática, como a muchos les gusta creer. Experimenta graduales o incluso violentas transformaciones. El libro de Kühl permite un seguimiento de los migrantes de acuerdo a su origen, pero también facilita información para un seguimiento cronológico, de modo que el lector pueda captar el impacto de los distintos grupos y personajes en el tiempo.
En tercer lugar, los relatos que componen este gran relato de los inmigrantes revelan constantemente que los países se enriquecen con los migrantes. Los migrantes son ganancia para los países de acogida. Kühl proporciona un erudito recuento de sus contribuciones a los distintos sectores productivos --incluso con ejemplos que parecen provenir del realismo mágico, como es el caso del terrocarril, un ferrocarril sin rieles, que inventaron los alemanes en Matagalpa--, a los antiguos vínculos con el comercio internacional gourmet --como es el caso de la Casa Meniere--, a la historiografía, a la medicina, a la arquitectura y a la literatura, entre otros de los muchos campos en los cuales la contribución de los inmigrantes ha sido determinante, plausible y memorable.
Todo el libro está salpicado de curiosas e incluso hilarantes historias --algunas sobre visitantes ilustres, como Mark Twain y Howard Hughes-- para que su lectura resulte más amena y atractiva, además de contundentemente instructiva. Por eso agradecemos a Eddy Kühl que su aporte a la historia nos rescate de esa ignorancia que se ignora a sí misma tan aborrecida por José Coronel Urtecho.