Nuevo Amanecer

Arte en el templo Santa María de los Ángeles


El arte, a lo largo de la historia, ha sido sugestivo, impresionista, naturalista y expresionista, estas cualidades en cuanto a su profundidad, sin aludir a los diferentes movimientos que llevan esos nombres. Y para quienes entienden su propio arte o el imaginario cultural en el que han sido formados es fácil definir una obra, criticarla, ponerle nombre, evaluarla, premiarla o repudiarla. Pero cuando nacen los movimientos artísticos históricamente ha sido difícil entenderlos, asumirlos y convivir con ellos, aun para una sociedad medianamente culta o intelectual, y eso ocurrió con la España negra que pintaban Goya y Velásquez; cuando se gestó la Art Noveau, que produjo como hijo en Barcelona el templo de la Sagrada Familia, que en el momento la sociedad encontró feo, sin arte ni estilo; cuando surgió en la segunda y tercera década del siglo veinte la Art Decó; en la literatura, cuando apareció un nuevo movimiento rompiendo compromisos con el anterior, el romanticismo arrasado por el modernismo y éste irrespetado por la sobriedad de los movimientos de vanguardia. Ocurre lo mismo con el cine, cuando aparece el cine sonoro y Chaplin, Eisenstein y Murnan, que hacían magia con el cine mudo, redactaron un manifiesto contra el cine sonoro, porque no lo consideraban artístico: ese nuevo tipo de cine se explicaba con las voces y la banda sonora, lo que destruyó toda la escuela en estilo, montaje y lenguaje cinematográfico que se había desarrollado hasta entonces con el cine silente. Pero ni con manifiestos ni marchas se pudo detener el desarrollo de la cinematografía en sus procesos de cambio.
Ocurre en la actualidad, con el arte contemporáneo: videoarte, artes visuales, primitivismo, constructivismo, expresionismo abstracto, Pop Art --sólo para nombrar algunos-- y se abren debates, investigaciones y estudios que intentan explicar el fondo y forma artística que tienen estos movimientos, quien no los ha comprendido los critica ferozmente. El arte contemporáneo es el que no viene precisamente del arte ni de las escuelas, es una especie de creación “no artística”, un rompimiento con las Bellas Artes, lo que causa encendidas discusiones entre los críticos. Entonces, ante tantos desaciertos y aciertos en cuanto a la calidad y sentido de la belleza artística a lo largo de la historia, ¿cómo definir y saber si es “arte verdadero” una obra de arte?
Estas reflexiones sobre lo que es el arte y su veracidad nos sugieren pensar cómo serán valorados los murales de la iglesia Santa María de los Ángeles, del barrio El Riguero, de Managua. Para resolver el conflicto sobre los murales en las paredes de la iglesia, el pintor Sergio Michilini escribió una carta al director del Instituto Nicaragüense de Cultura, Luis Morales, en la que propone la creación de “dos Comisiones de alto nivel, con especialistas aceptados por el Estado nicaragüense y por la Iglesia Católica: la primera Comisión de Críticos e Historiadores del Arte para ver si estas obras son arte de verdad; y la segunda Comisión de especialistas de la Historia política de Nicaragua, que defina si antes de las elecciones de 1984 la bandera roja y negra, Sandino, Carlos Fonseca y Luis Alfonso Velásquez representaban únicamente a un Partido Político”.
Es muy importante decir que el muralismo es una antelación al arte contemporáneo y tiene como cualidad principal los efectos monumentales, caricaturizados y exagerados. Lo figurativo y abstracto en la forma es su esencial característica en la representación de sus planos simbólicos y hasta sin perspectivas que encajonen a las pinturas individuales que lo componen. En América Latina el arte del muralismo toma fuerza a principios del siglo XX y tiene como cualidad principal la expresión nacionalista y de representación histórica, humana y social de los pueblos, por la causa obvia de que los murales se pintan en lugares públicos para ser apreciados por la sociedad y no son piezas artísticas para coleccionarse o dirigidas a pequeños grupos intelectuales. He ahí la causa del conflicto que se ha generado en el barrio El Riguero y los feligreses de la iglesia. El padre, Roberto González Abodio, encuentra los murales llenos de violencia, sangre, figuras políticas, y dice que no puede haber ese tipo de murales dentro de un templo donde se celebra la santa misa, por esto ha optado por cubrirlas con mantas de lona, por lo que los parroquianos, entre ellos, han entrado en conflicto, porque se comenta que el padre destruirá los murales.
A lo que el padre Uriel Molina Oliú responde explicando que “en Italia, donde casi todas las iglesias ostentan murales, no se pudo prescindir de personajes y episodios que tuvieron relación directa con la política del tiempo y si hoy a alguien se le ocurriera borrar esos murales con el pretexto de que son políticos, Italia se quedaría sin pinturas y por consiguiente vendrían a menos las contribuciones que los millones de turistas dan para preservar y mejorar el arte”. Hace alusión el padre Molina, además, a los murales de la Capilla Sixtina, que en el tiempo de la Inquisición, cuando en Roma había una atmósfera muy puritana, se contrató a Daniel de Volterra, apodado “El Pantalonero”, para que vistiera los desnudos de la Capilla, y comenta que “hoy uno puede admirar las bellísimas pinturas de la Sixtina, sin los velos que cubrían su pudenda y se sigue celebrando misa en la Capilla sin que el papa ni los cardenales sientan ningún escrúpulo al celebrar frente a los desnudos”.
Cuenta el padre Molina que la iglesia del Riguero se construyó en 1977 y fue hasta el triunfo de la Revolución Sandinista que se pensó en colocar en sus paredes escenas de un vía crucis. Él, como párroco de ese momento, convocó a las comunidades a reunirse para acordar qué hacer con las paredes de la iglesia. Deciden realizar un “vía crucis tradicional”. Un día explicaba el proyecto a unos turistas y les contaba que no tenían los recursos para realizar la obra. Entre los turistas estaba el pintor Sergio Michilini, quien se levantó y se ofreció para hacer la obra sin cobrar “ni un centavo”.
Sobre estas paredes se reflejan 492 años de historia, desde 1492 hasta 1984. Para quienes no han tenido la oportunidad de ver los murales y no saben de qué manera está reflejada la belleza de los colores y arte muralista que defiende Sergio Michilini, con la violencia y los símbolos políticos que denuncia el padre Roberto González Abodio y los elementos históricos valiosos que explica el padre Uriel Molina Oliú, aquí entonces una descripción de los murales, valoremos:
En el mural central, la Iglesia aparece representada como la tienda del desierto y simboliza esta imagen que la Iglesia se mueve como la tienda del Éxodo, de un lado a otro. En la cúpula se pintaron cuatro llamas que representan al fuego que guiaba al pueblo de Dios en la peregrinación del desierto. En la puerta de entrada de la tienda están las estatuas de Tamagastad y Cipaltonal, los dioses aborígenes que se integran en el misterio del Cristo Cósmico. A un lado de la puerta se pintó al cacique Nicarao, ofreciendo la paz ante los españoles, al otro lado de la puerta está el cacique Diriangén luchando contra el conquistador español y atravesado por una lanza. En la misma secuencia del mural hay un tríptico de Fray Bartolomé de las Casas, el defensor de los indígenas, y a su lado aparece el Cristo campesino cargando su cruz. A continuación del Cristo siguen dos apóstoles de Latinoamérica, el padre Camilo Torres, que murió en la guerrilla colombiana, y el padre Gaspar García Laviana, que murió en la guerrilla nicaragüense. Estos dos apóstoles están al lado de una cruz de luz, al pie de la cruz están los cadáveres de miles de jóvenes que ofrecieron sus vidas, este panorama representa la profecía de los huesos secos del profeta Ezequiel. Después está Luis Alfonso Velásquez, que representa en su niñez tierna la lucha nicaragüense, simbolizando a David que con su onda vence al gigante. Este gigante del mural es de tres cabezas, que representan a Hitler, Mussolini y Reagan. Aquí termina el mural.
Luego partiendo al otro lado de la iglesia representada por la tienda en el desierto se despliega otro tríptico que tiene al centro la imagen de Monseñor Romero, mártir salvadoreño, lleva puesta una estola de sangre mientras celebra su última misa. Junto a él está el obispo Valdivieso, que extiende sus manos para detener al invasor español y hace suya la causa de los indígenas víctimas de los Contreras. Al otro lado aparece representado Monseñor Pereira y Castellón, que escribió una carta de protesta al cardenal Gibbons, de Filadelfia, cuando la catedral de León estaba siendo mancillada por los marines de los Estados Unidos. Luego está la Purísima, como símbolo de identidad nacional. Sigue en la secuencia el mural de Sandino blandiendo la bandera roja y negra con Carlos Fonseca Amador, unidos ellos dos entre la tribu de Monimbó. Le sigue un mural del padre Azarías H. Pallais vestido con un manto de profeta. Después está el mural de los Barreta, una pareja que cortaba café en el norte del país y fue asesinada por la Guardia Nacional, la que está representada como un ángel exterminador.
En el tabernáculo del Santísimo Sacramento está el mural donde aparece Francisco de Asís con un guardabarranco en las manos y a su lado los franciscanos que con martillos y otras herramientas construyen el templo. El mural del ábside representa la Crucifixión y Resurrección de Cristo: el Cristo que carga su cruz está representado por un joven nicaragüense que vuela en el cielo mientras el pueblo de Nicaragua carga su propia cruz, las mujeres que lloran al pie de la cruz son las madres de los héroes y mártires.
Pero es a las comisiones que corresponde --si es atendida la propuesta de Sergio Michilini-- la magna tarea de establecer lo que es “Blanc / Noir”.

Managua, 3 de septiembre de 2007.