Nuevo Amanecer

Tragedia en un acto


La tragedia que ya se esperaba ocurre al anochecer
muy cerca del río, en la mísera casa a pleno campo,
y como para acentuar el dramatismo y la barbarie,
ante cuatro sucios niños de ojos desmesurados.
Todos presienten que está por ocurrir algo terrible
y los perros famélicos se esfuman en las sombras
como si temieran ser culpados de algo.
Afuera la noche lo cubre todo, como un negro paraguas.
El olor de la sangre invade los rincones
y casi apaga la herrumbrosa lámpara.
Un alarido que atenaza las gargantas de los cuatro pequeños
escapa por las rendijas agitando telarañas.
Y el olor de la sangre,
tan intenso y pavoroso que ni a los perros atrae.
Luego un llanto mínimo y una oración confusa
tras la cortina miserable
y la voz fatigada que aconseja:
“Es un varoncito. Déle el pecho para que mame.”