Nuevo Amanecer

Hacedor de palabras


A mi hermano
Monseñor Leonel Navas
Nicolás Navas

Le fue dada toda la Palabra.
Palabra de los pájaros amanesqueros
Trinando una algarabía desnuda, tierna,
Palabras de las llanuras y sus jinetes
Arreando sus potrancas de aire y silbo
Recién nacidas a la aurora,
Palabras con el alma de los ríos
Y su sonido crotálico de cascadas
Para lanzarlas como dardos sedientos
A los hombres inconstantes,
Palabras con rumores verdes
De montaña,
Palabras con la brama de las olas
Rompiéndose en la quilla de las lanchas,
Palabras arrastradas por el viento sonoro
Llevando la queja rítmica de los marineros
Flotando como pez en la resaca
En el equilibrio frágil de las aguas,
Palabras para lazar pecados
En las multitudes sedientas de la vigilia
Del amor,
Palabras como ríos embravecidos
Construyendo en abundancia
Las transformadas angustias y sus dones,
Palabras con un dolor
A cuestas,
Palabras para iluminar la noche
Y sus oscuros grillos del alma,
Palabras terribles como rugido de montaña
Para los indómitos pecadores,
Palabras saltarinas para los creyentes
De puro corazón
Que ruedan por los caminos
Hacia el crepúsculo de los hombres tristes
Y en el silente amanecer de las mujeres,
Palabras abundantes como la espuma
Para quitar la fuerza misteriosa
Del pecado,
Palabras digeridas sin temor
Bajo el potente signo de la cruz
Y su martirio,
Palabras como pájaros delicados y blandos
Para las madres marchitas de tristeza
Que esperan con amor
Con un inmenso, tierno y delicado amor
Como un torrente inagotable desde lo íngrimo
Del recóndito escondrijo
De las entrañas del vientre donador de vida,
Palabras envueltas en parábolas
Dislocadas de amor
Olorosas a lirio virginal y azucena sacramental,
Palabras para bendecir al herrero
Y su fragua bienhechora y
Para alentar y ensalzar al obrero
Y el símbolo de su esfuerzo y valentía,
Palabras para dignificar al obrero del volante,
Nocturno embrión danzando
En los potreros de la muerte,
Palabras para bendecir los peces
Y los panes
Y el tiste ancestral
Con su antiguo sabor de abuela,
Palabras duras contra la muerte indigna,
Palabras para alabar diariamente a Dios
En la alborada y el crepúsculo,
Y las palabras últimas,
Anónimas
Íngrimas
Íntimas
Para pedirte perdón, Dios mío,
Que ya va
Con el alma restregada
Y bien lavada
Con el misterioso jabón de la humildad
Para entregarse limpio y puro
y sin mancha de pecado ni de orgullo
en el arrullo de tus brazos divinos
por los siglos de los siglos

Chinandega, 23 agosto de 67

Tu hermano
Nicolás