Nuevo Amanecer

Mística, libertad y socialismo


Destacar la loable persistencia con que Augusto Sandino construyó su amplia y sólida formación política e ideológica constituye el rasgo preponderante del reciente libro de Alejandro Bendaña. Y esa notable formación --en su mayoría autodidacta-- adquiere su verdadera y justa dimensión si se considera que al iniciarla aquel joven sólo poseía conocimientos del cuarto grado de Educación Primaria, en la que además --como confesara a José Román-- fue pésimo estudiante. Sin embargo, su necesidad de distinguirse en algo, como se lee en una de las numerosas cartas que escribiera a su sempiterna novia de Niquinohomo, fue factor determinante para superarse y emprender después su histórica gesta libertaria al frente del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
Meses antes de viajar a México, le comentaría a don Gregorio, su padre, su ilusión de irse “a otros países más civilizados, donde yo pueda, si no hacer dinero, por lo menos mirar una luz amplia y clara de civilización, que de ella algo lograré”. Sandino tenía la certeza que en el mundo existe luz y civilidad, y va en búsqueda de esos componentes éticos y educacionales que coadyuven a forjar el carácter y sociedades superiores que favorezcan la convivencia humana. Con tal finalidad viaja a varios países, incluido los Estados Unidos de Norteamérica, para luego enrumbarse hacia el hervidero de ideas y transformaciones políticas y sociales que entonces están generándose en el México revolucionario.
Allá se establece este joven obrero de 27 años, migrante de un país pequeño, dominado por elites sumisas a intereses norteamericanos. Trabaja con ahínco y disciplina, y a diferencia de la mayoría de obreros, dedica su tiempo libre a leer con amplitud sobre el significado de la justicia, el espíritu, la condición social de la humanidad y la vida misma. Los libros le proveen cuantiosa información, lo acercan a conocimientos teosóficos, y lo llevan a los clásicos de la literatura universal, factores que le ayudan a enriquecer y ordenar su pensamiento y a desarrollar su capacidad de redacción. Parte de los conocimientos adquiridos, más su pródiga experiencia en la fragua guerrillera, los expresará en manifiestos, cartas y entrevistas, cuya profundidad de contenido sólo puede lograrse mediante reflexión, análisis de la correlación de fuerzas internacionales, comunicación con líderes políticos y periodistas, y muchas horas dedicadas al estudio. Siempre hubo libros en su tren de guerra.
Gracias al funcionamiento de escuelas obreras y a la proliferación de editoriales revolucionarias, grandes contingentes de la clase trabajadora mexicana --entre ellos Sandino-- conocieron las teorías socialistas, anarquistas y sindicalistas. Para el anarcosindicalismo, sólo desde la libertad individual se pueden formar asociaciones comunalistas de autogestión y ayuda mutua, basadas en la propiedad colectiva para defender esa libertad. Sólo así --afirmaban-- se podía inspirar y guiar la transformación del individuo y el mundo contra todo tipo de opresión política, intelectual y económica. Proponían liberar a los trabajadores del control de los empleadores, para colocar la propiedad y el poder económico --empresas, tierras-- en manos de sindicatos y comunas del pueblo. Estatizar los medios de producción era reproducir el autoritarismo burocrático y la dictadura sobre el proletariado.
Con profusa experiencia y conocimientos, y el afán de hallar y juntar a 100 hombres que amaran a Nicaragua igual que él, regresa al país, donde combate al lado de los liberales y sale decepcionado por el pacto del Espino Negro. Luego organizará y comandará su pequeño ejército loco, con el que siete años después de iniciada su legendaria guerra de guerrillas derrotaría a la intervención yanki en Nicaragua. El retiro de los marines, el cambio de gobierno en Managua y las privaciones sufridas por el EDSN no varían el contenido y análisis del General de Hombres Libres, para quien la organización gremial de obreros y campesinos es instrumento principal para hacer efectiva la libertad y emprender la transformación social y humana en su país y en América Latina.
Sabía que Nicaragua continuaba política y económicamente intervenida, y así continuaría mientras los gobiernos estuvieran en manos de los partidos existentes. Por ello se siente obligado a dejar a la honorabilidad de los hombres de Estado, la liberación política y económica del país, “mientras nuestro ejército, que siempre está espiritualmente unido, se ilustra en finanzas”. No concibe que la nación pueda ser reconstruida a partir de partidos y elecciones, sino sobre la base de trabajadores autogestores y de propiedad asociativa, principalmente en forma de cooperativas a lo largo del río Coco, comercializadoras de madera, banano, caucho, oro, granos y tabaco. Así es que ilustraría a su ejército en finanzas, formándolos en la marcha para dominar costos de producción, márgenes de rentabilidad y demás secretos de la administración empresarial, pero con una perspectiva clara de acumulación para la colectividad.
Erróneo sería pensar que su modelo político, social y económico se quedaría en los contornos de Wiwilí. Comenzaría en Las Segovias, pero poco a poco se extendería por toda Nicaragua, siendo aceptado y respaldado por la mayoría de la población, que en él hallaría respuestas a sus demandas ancestrales para liberarse de sus pobrezas. Ese proyecto redimiría a Nicaragua de la intervención política y económica a la que estaba sometida y mostraría y demostraría a los pueblos vecinos y al mundo la factibilidad de una nueva opción, que los condujera por los senderos del progreso. Esa fue la causa determinante para que la embajada norteamericana decretara su sentencia de muerte, y no, como ha sido atribuida, a sus declaraciones en Managua, donde afirmó la superioridad militar del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional sobre la Guardia Nacional, verdad demostrada e incuestionable, después de haber expulsado de Nicaragua a los USA Marines Corps.
Este libro de Alejandro Bendaña nos acerca al pensamiento de Sandino y una vez más nos muestra y demuestra su vigencia, pistas y directrices para constituir una sociedad sustentada en la libertad, la solidaridad y la justicia. Y hay que creerle a quien desde el mineral de San Albino, declaró que no exigía ni un palmo de tierra para su sepultura, que amó a la Justicia y fue por ella al sacrificio; a quien afirmó y probó que los tesoros materiales no ejercían ningún poder en su persona, pues los que anhelaba poseer eran tesoros espirituales. Sin caer en dogmas, exaltó la espiritualidad y la mística, no refiriéndolas a un Dios abstracto, sino al Dios de la conciencia humana, al de la Justicia Divina, o la pro-Videncia… donde la razón es la fuerza que ilumina a la persona para cumplir con una misión superior y aportar al progreso de la humanidad, libre de las supersticiones impuestas por las religiones para perpetuarse en el poder.
Ojalá que a 80 años del inicio de su lucha en Las Segovias las enseñanzas de Sandino sean aplicadas en beneficio de la clase trabajadora y de toda la población nicaragüense sin excepción.
urtecho2002@yahoo.com