Nuevo Amanecer

Don RUBÉN pide “duelos y quebrantos”

“EN FERIA DE D. QUIJOTE”, La Nación, 9 de abril de 1905, p.4. Firma Rubén Darío. Cf., RD., DQ. pp. 63-74 Tomado de: Rubén Darío-Crónicas desconocidas-Gunther Schmigalle-206- Acad. Nic. de la Lengua

Para el Centenario de la publicación de Don Quijote, en 1905, Rubén excursiona por las tierras de La Mancha (crónica 33), firmada en Argamasilla de Alba, febrero 1905.
Don Rubén señala desde el principio a ESQUIVIAS, lugar donde Cervantes se casó con Catalina de Palacio, “que la amó como la veneciana Desdémoda a Otelo por sus campañas, sufrimientos y aventuras”, de que habla la Condesa de Pardo Bazán (Crónica de España, La Nación, 7 de septiembre de 1914), y luego sigue Rubén por la región de Ciudad Real de donde por tren pasa a Argamasilla de Alba.
Lo que resulta interesante de tomar en cuenta, para lo cual me propongo deshilachar aquí en mi escrito, es casualmente que en Argamasilla de Alba no halló Rubén ninguna fonda donde hospedarse, salvo “ir a la posada Parador del Carmen”, que “era esa posada un extraño lugar, lo más pintoresco que puede imaginarse, de tal modo, que, repentinamente, pasé de la civilización del siglo XIX a la vida de otros días muy remotos”.
En la posada don Rubén habló con la dueña de nombre Jantipa, el mismo nombre que tenía la mujer de Sócrates, y cuenta Rubén de “la exigüidad de sus recursos y la revolución causada por mi presencia en aquella casa mantenida como seguramente se mantenían las de hace cuatro siglos”.
Rubén le dijo a doña Jantipa que para comer se conformaba con “una olla de algo más vaca que carnero, salpicón, duelos y quebrantos, lentejas y algún palomino de añadidura” (DQ. I,I, t.I, pp. 35 y 36).
Rubén dice que doña Jantipa “se puso las manos en la cabeza y me manifestó que a lo más me serviría un ajo de patatas y abadejo a la arriera, huevos pasados por agua, gachas y algún chorizo de su matanza”, de paso aclaramos que “ajos” se le llama, además que al bulbo para condimento de comidas, a una salsa o pebre que también lleva ajos y con eso se aderezan las papas cocidas. “Abadejo” son pescados cortados en trozos, del tipo del bacalao, “a la arriera”, así nomás como lo comen los arrieros, y “gachas”= preparado con harina, agua y sal, con agregado de miel y vino; además de “algún chorizo de su matanza” que eran chorizos embutidos con la carne de los cerditos cebados en casa.
Ahora voy a entrar al campo de mis reflexiones, ocurrencias y referencias de todo lo demás que sobre D. Quijote me venga a las manos.
Para empezar, estoy señalando que ya han pasado, para ese entonces, tres siglos que andan por ahí los “libros de Caballería”, derivados del ciclo bretón, que ya para 1600 empiezan a estar “demodés” o salidos de moda.
Ahora bien, lo que habría de advertirse dentro de esas circunstancias es que si Cervantes retoma el tema en el mundo de la caballería que ya está perdiendo vigencia --y Cervantes lo sabe bien--, él no lo hace, desde luego, apegado a esa forma literaria aún predominante en la elaboración del discurso, sino que entra a propósito en otro limbo creativo en el cual el personaje ya no es ideado como tal; ahora lo cambia Cervantes armando a don Alonso Quijano, que lo recorta de un simple y ocioso lector de libros de Caballería, que de tanto leer se le secó el cerebro, lo cual vale como figura para significar que don Alonso pasó a existir de manera distinta de como era antes, para entrar ahora, llevado por su interés obsesivo revestido así en su propia argumentación, como un personaje que Cervantes lo tipifica en Don Quijote en carne y hueso; y lo que era la persona de don Alonso queda significada con este testimonio en cada uno de los signos de su escritura.
Michel Foucault dice sobre la veracidad de esos signos, o letras, “que esos largos y magros grafismos también sirven para liberase del derecho de bostezar leyendo “...il vient d’echapper tout droit du baillement des livres”.
Por aparte, el otro punto importante es hacer notar que con la decadencia de los libros de Caballería se daba también otra situación corriente en España, que durante ese tiempo los libros tenían culpa de todos los males que pudieran pasar, de allí que el cura, la sobrina, el ama y el barbero resuelven quemar los libros que le hicieron mal a don Alonso --“mal de libros”--, aunque el cura trata de salvar algunos como La Galatea, novela pastoril que mucho quería Cervantes y que después la repite en la pastora Marcela (cap. VI, t.1, pp.60).
Mas esto tiene otro repliegue todavía, que es revelado por el temor de los escritores cuidándose ellos mismos de ser vistos quemando o escogiendo libros para echarlos al fuego, que es así como aparece en el Quijote, pero se comprende que lo que quiere es más que todo curarse en salud de las acechanzas de posibles juicios adversos, siendo que en realidad el cura lo que está haciendo en la biblioteca es una revisión crítica literaria de las obras que guarda don Alonso.
De ahí vienen las muchas especulaciones, entre las cuales se menciona el judaísmo de Cervantes, así como el margen que logra el gran suceso de que ya para entonces goza la obra de Don Quijote, que es lo que la pone fuera de las garras de la Inquisición.
Todo está en lo que pasa en esa época, como decía, que se habla de libros que hacen culpables a sus lectores y otros libros que hacen culpables al escritor.
Con D. Quijote se ha dicho que Cervantes pretexta por medio de ese libro que no trata de nada más que de libros, siendo además un libro que habla solamente de Don Quijote. Es por ese camino que Cervantes se va a desligar de todo contacto y quedarse previamente encerrado dentro del argumento de su misma hazaña.
Es de mencionar el caso, además, que Cervantes no aparece como cargando la autoría de la novela de Don Quijote, sino que lo deja todo como siendo únicamente “aquellos cartapacios” que vuelve de improviso de arábigo en castellano el historiador arábigo Cide Hamete Benengeli en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, que así también la II Parte se la da a Alonso Fernández de Avellaneda.
Sobre lo que se ha dicho de “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero”, digo que en mis pesquisas hallo que ese: “un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, es ESQUIVIAS, que queda en la región próxima de Argamasilla de Alba, “ donde se dan sus campañas, sufrimientos y aventuras”, agregando la prisión que sufre en Argamasilla en: “...la casa de Medrano, una sólida casa de piedra cuya distribución probablemente es la misma que cuando Cervantes estuvo encerrado en sus cuevas”... “El subterráneo tiene unos 25 pies de largo por ocho de ancho y siete de altura; en lugar de ventana hay un agujero; pero cuando la puerta que da entrada, en pie aún, con sus ensamblajes herrados, se cierra, es tan absoluta la oscuridad que desaparece la suposición de haber podido Cervantes escribir ahí”.
Es más probable que esta dura experiencia lo hace decir consecuentemente que “no quiere acordarse” y que, como apunta Francisco Rico, “no se sabe a cuál de las prisiones que sufrió Cervantes se merece la mención de ser la cuna de D. Quijote (Castro del Río, 1592 y Sevilla 1597, ¿1605?)... Rodríguez Marín y Orozco Díaz defienden que se trata de la Cárcel Real de Sevilla. (Sorprende que casi nunca se haya tomado en cuenta el cautiverio en Argel- Romeo Lozano- Cervantes 0p. cit. t1 p. 9, t2 p. 253).
Sigo ahora con lo que dejé dicho del casamiento de Cervantes con Catalina de Palacio en ESQUIVIAS (que además ese fue el mismo día de la muerte en Madrid de la madre de Cervantes, Catalina López; y que como se había apuntado: - “que el matrimonio se hace el 12 de diciembre de 1585, en el que aparece como testigo la figura de un hidalgo flaco, un poco envejecido, dicharachero y discursiador llamado don Alonso de Quesada” (“¿Y quién es Don Quijote?” -Silva, Fernando- Lengua/2da. época /núm. 30/ sept.2005 /Acad. N. de la Lengua/)-; pero que para mejor ilustración agrego que Catalina de Palacio estaba más bien emparentada con don Alonso de Quesada, Catalina de Palacio Salazar.
Los Quijada o Quesada eran gente rica. El hermano de Catalina, Francisco de Palacio o Salazar y Palacio, descendientes de Juan Quesada, que como los otros Quesada o Quijada se los tenía como confesos judíos.
De por ahí viene la cuestión esa del casticismo español.
Y que todo lo que sea “judío”, “moro”, o lo que luego se le llama como “cristiano converso: tiene significado de la historicidad del carácter de la vida de España, que aquí se ilustra la letra con la mención de “viejos y nuevos cristianos”; o más corriente con la de “conversos” o nuevos cristianos para diferenciarlos de los verdaderos cristianos, llamados “los viejos cristianos y que curiosamente todo gira alrededor del tocino= “torresnos y quebrantos”, lo que algunos llaman el “tocinismo”.
Es oportuno dejar aquí aclarado que es cierto que Cervantes anduvo a la defensiva con la cuestión esa de su naturaleza de converso o nuevo cristiano o de su judaísmo. También que eso dio origen a la confusión del lugar de su nacimiento, que deja tendida la discusión de las cuatro actas del nacimiento o fe de bautismo que se mencionan sobre el lugar y fecha de nacimiento de este Caballero de la Triste Figura (+).
Entonces tenemos el rotulito discriminatorio de “converso”, que tanta gente de gran importancia lo llevó, Gil González Dávila, descubridor de Nicaragua; Gutiérrez de Santa Clara, cronista del Perú; Gonzalo Fernández de Oviedo, máximo cronista, autor de “Historia General y Natural de las Indias”; el padre José Acosta, jesuita; también el Padre Fray Bartolomé de las Casas.
Para seguir con esto de “conversos”, es necesario señalar que tenía en verdad una larga significación social, así que a Fray Luis de León se le achacan los más duros juicios sobre “cristianos viejos y nuevos”, de tal manera que hasta en la vida corriente, algunos oficios como el de potecario- (boticario) era una ocupación de conversos.
Además que no se puede perder lo que significó esa desprendida raíz de naturaleza humana, la cuestión de los sefarditas, que de ahí viene quizás esa rara mixtura del paladar del casticismo, que lo cito con el pretexto de referirme al Restaurante de Mme. Luna (IX arrosdissement) en París, relatado por el mismo Rubén en Crónicas de Schmigalle (ob.cit. p.54) que es el buen menú judío que disfrutó.
“...en compañía del Dr. Cobos que le hablaba de su viaje a Grecia disfrutó de pilaf, kebab, baklbah, confitura de rosas, queso fresco de cabras turcas, una botella de vino de Palestina”... (RD, Articles de París, nov.1904).
El asunto puntual de “duelos y quebrantos”, que son los huevos con torreznos que los sábados se almorzaba D. Quijote, que se dice que: -“desde el mundo cristiano nuevo, comer tocino era motivo de duelos y quebrantos, expresión que se usaba normalmente en otros casos para decir ese “dolido y quebrantado” física y moralmente; y que desde el punto de vista del cristiano viejo, el tal manjar era “merced de Dios” (Américo Castro, pp 16).
Para Don Quijote la ocasión de “duelos y quebrantos” la pronunciaba como una cuasi rebelión de D. Quijote, ante el asunto de los que como él sufrían eso de ser “cristianos conversos.”
Eso es lo que en Argamasilla de Alba le mueve a pedir de comer “duelos y quebrantos”, a don Rubén Darío como una “merced de Dios” para quien como él era un libre y viejo cristiano que al final de su aventura oyendo el reloj de la vecina iglesia dar una campanada de voz antigua las horas... la del alba sería, cuando desperté.
“La del alba sería cuando Don Quijote salió de la venta tan contento, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo (Cervantes, ob. cit I. IV t. I, p.62).
(+_) Todo lo que se origina por el temor del “converso”y/o el “judaísmo”que Cervantes sufre, está lo que se ha expuesto sobre el lugar de su nacimiento, que se conoce bien todo lo que se ha dicho pródigamente sobre el sitio señalado entre Alcázar de San Juan y Alcalá de Henares, siendo que: “la partida de nacimiento que acontece en Alcázar era no sólo apócrifa en su contexto, sino que los caracteres extrínsecos que la informan dejan ver bien a las claras la mixtificación más palmaria, la falsificación más tosca...” (Foronda, pp 41-42). También que el mismo Cervantes contribuye a todo esto cuando él mismo miente a sabiendas sobre el lugar de su nacimiento: “En 4 y 10 de junio de 1593 estando en Sevilla, Cervantes faltó a la verdad dos veces, pues declaró en ambas ocasiones ser “natural” de la ciudad de Córdoba, y no de Alcalá de Henares. El motivo de tamaña incorrección era que su amigo Tomás Gutiérrez tenía que demostrar que sus padres eran cristianos viejos y naturales de Córdoba; para ello convenía que el testigo a su favor hubiese nacido en aquella ciudad de Córdoba (F. Rodríguez-Cervantes) (en documentos cerventinos, Madrid. 1947, p. 170).
En cuanto a la fecha de su nacimiento lo que más a mano se tiene es el dato de su declaratoria al conde de Lemos de las “Novelas Ejemplares”, que Cervantes dice que tiene 55 años y 9 meses el día 9 de noviembre de 1558, al 13 de julio de 1613 fecha la dedicatoria, que corresponde, entonces, exactamente a 55 años que tenía entonces, y se viene también el dato de que: “En nueve días del mes de noviembre de mil quinientos cincuenta y ocho, bautizó el Bachiller Alonso Díaz Pajares un hijo de Blas Cervantes Saavedra y de Catalina López que le puso MIGUEL. Fue su padrino de pila Minchor Ortega, acompañado de Juan de Quirós y Francisco Almendros y sus mujeres de los dichos. Hay una firma que dice: Bachiller Alonso Díaz: está rubricada ...y termina Don Rubén con una cita que dice: “El caso es igual al de Homero, y el ingenioso hidalgo D. Miguel de Cervantes Saavedra, y se ve que tenía plena confianza de su inmortalidad”.

Fernando Silva
Managua, 5 julio/ 07