Nuevo Amanecer

¿Orígenes del conservatismo y el liberalismo en Nicaragua?

“Policarpo y Cleto, hermanos históricos”, nuevo libro de Emilio Álvarez Montalván y Eddy Kühl

El libro de Don Emilio Álvarez Montalbán y Eddy Kühl Aráuz, titulado “Policarpo y Cleto, hermanos históricos”, es subtitulado por los autores con una interrogación: ¿Orígenes del conservatismo y liberalismo en Nicaragua?, y se refiere a pasajes de la vida de Policarpo Irigoyen y Cleto Ordóñez, y su influencia desde diferentes visiones y acciones en la historia de Nicaragua, desde los primeros pasos por la Independencia, recién iniciada la segunda década del siglo XIX, hasta la guerra civil de 1824, incluyendo los antecedentes de la misma y, por supuesto, las consecuencias que de ella derivaron.

Según los autores del libro y siguiendo a diferentes historiadores, entre ellos a Jerónimo Pérez, Policarpo Irigoyen nació en Granada alrededor 1775, de “familia adinerada, muy respetado por su cultura y bondad de corazón… fue cura de Masaya en los años 1810, allí le sorprendió la insurrección de los indios de Masaya en 1811… porque las autoridades españolas nombraron como Juez de Masaya a Policarpo, cuando los indios deseaban que lo fuera su protector José Gabriel O’Horan”.

La rebelión de Masaya se extendió de la protesta por la libertad de O’ Horan que había sido arrestado y encarcelado en Granada, a las proclamas de libertad e independencia, “quizás el primer grito, junto con el de El Salvador, en ese sentido en Centroamérica”, sostienen los autores. En la descripción que sobre Policarpo Irigoyen hacen Álvarez y Kühl, configuran con amenidad y no sin humor la personalidad del padre Irigoyen, que se proyectaba de la condición religiosa originaria, a lo político, lo social y, por supuesto lo romántico, pues, como dicen los autores, “de su vida romántica, guardada en secreto por dos siglos, sabemos que tuvo varios hijos, al menos con una dama”, aclaran a continuación.

Francisca Zelaya, la dama a la que se hace referencia en este libro, y de acuerdo con lo que los autores llaman relatos anecdóticos de uno de sus descendientes, “era una joven granadina muy atractiva, su familia era originaria de vascos españoles asentados desde tiempos coloniales en Olancho, que habían emigrado a Nicaragua a mediados del siglo XVIII, y que tenían en Managua y Granada comodidades económicas y alta posición social”. Con lenguaje fácil y simpático Álvarez y Kühl narran en forma breve el momento en que el amor y la seducción tocan el corazón de la joven dama. Francisca, nos dicen los autores, procreó con él seis hijos.

José Coronel Urtecho, citado por Álvarez y Kühl en su libro Reflexiones sobre la Historia de Nicaragua, dice: “Todas las clases sociales estaban bajo la influencia del clero… por sus funciones y sus privilegios el clero constituía una clase social, y la más influyente de todas”. Después de las referencias personales y políticas sobre Policarpo Irigoyen, los autores destacan aspectos históricos y anecdóticos como la residencia de Irigoyen en Granada, la que según don Emilio Álvarez Montalbán “estaba ubicada cerca de la Iglesia de la Merced, en la calle de la Piedra Bocona”. Igualmente, hay referencias a la Casa de Alto en Managua en donde vivió el padre Irigoyen entre 1820 y 1825. “Ésta era un hermoso edificio de dos pisos y con grandes corredores elevados a dos varas de altura y orientados hacia la calle, estaba ubicada frente a la esquina opuesta a la Iglesia Parroquial de Managua, al otro lado de la calle de la plaza principal”.

“En esa misma Casa de Alto, el general Tomás Martínez se reunió a celebrar con sus tropas del Ejército del Septentrión el triunfo después de la batalla de San Jacinto en 1856, junto con jefes aliados como Máximo Jerez que mandaba las tropas procedentes de León y Chinandega y los generales Paredes y Belloso López jefes de las tropas de Guatemala, El Salvador y Honduras”, nos dicen.

Además, la Casa de Alto “se usó como Casa de Gobierno durante los gobiernos de los 30 años de los conservadores. El primer presidente que la ocupó como tal fue Tomás Martínez a partir de 1858”. Antes, Managua es ascendida a Leal Villa de Santiago de Managua, por disposición del Rey Fernando VII, el 24 de marzo de 1819 y elevada al rango de ciudad el 24 de julio de 1846, para convertirse en capital de la República en virtud del decreto del 5 de febrero de 1852, del Director de Estado Don Fulgencio Vega.

En lo que concierne a Cleto Ordóñez, medio hermano de Policarpo Irigoyen, éste es descrito por el historiador Jerónimo Pérez, citado en el libro que hoy comentamos, como “pequeño de estatura, delgado, color cobrizo y miope, por cuya razón le decían el tuerto”. Si bien Irigoyen podía considerarse privilegiado desde el punto de vista de su posición social, no es este el caso de Cleto Ordóñez, hijo natural que adquirió el apellido del marido de su madre, y que se crió en condiciones difíciles desde el punto de vista social, educativo y laboral, “haciendo oficios menores y aprendiendo a sobrevivir en aquella sociedad colonial”.

“Fue sirviente de la familia del licenciado Juan Francisco Aguilar, estuvo en la milicia, fue artillero entre 1805 y 1810 en la fortaleza del puerto de Trujillo en el Mar del Norte”. Su vida en el puerto le permitió entrar en contacto con personas que arribaban en los barcos y con las ideas que también eran transportadas en esas embarcaciones. “Allí conoce las ideas de la Ilustración que recorren Europa y Estados Unidos promoviendo el estudio, la investigación y el uso de la razón contra el oscurantismo. Que el poder reside en el pueblo y no es herencia divina”.

Los autores, refiriéndose a José Coronel Urtecho expresan que “Cleto era producto del barrio de Granada, con cualidades naturales como: fácil de palabra, caer bien a pobres y ricos, con aptitudes de líder de masa, pero no sabía lo que deseaba, se le ha llamado liberal pero él no sabía lo que eso significaba”. Refiriéndose siempre a las reflexiones de Coronel, los autores expresan que “Ordóñez no sabía donde llevar al pueblo que le seguía, por eso más bien fue usado, al comienzo por Sacasa quien le permitió dar el golpe al cuartel de Granada… Coronel llama a estas luchas intestinas de Nicaragua la guerra civil permanente”.

En la historia de Cleto y Policarpo, que es también parte de la historia de nuestro país, encontramos perfiladas las características de nuestro ser y hacer en política que de manera recurrente inciden en el desarrollo de los acontecimientos de tal forma que el pasado no pasa, se congela y se vuelve presente al que siempre alcanza y sustituye. En este libro vemos establecerse detrás de la masa de datos y acontecimientos, las causas en las que se originan los hechos informes y contradictorios que llamamos historia nacional.
Entre ellos destacan, la lucha por el poder que debe llenar el vacío dejado por el sistema teocrático autoritario del sistema colonial; la contradicción de las clases dominantes, los criollos, que oscilan entre la Independencia que desean y promueven para aprovecharse directamente de los beneficios hasta ese momento disfrutados por la metrópoli, impuestos, poder político, económico y social, y el rechazo a las ideas de la Ilustración y del racionalismo que conforman el marco ideológico y filosófico, el texto y pretexto de la Independencia.

Del análisis de los hechos referidos en el libro, hemos inferido las causas subyacentes que explican esos hechos y si ahondamos un poco más en los acontecimientos que configuran las líneas principales de nuestra historia, podríamos quizás atrevernos a formular algunas tesis todavía más de fondo y más generales.

Primera tesis. La separación entre el derecho y la realidad que configura y desfigura la existencia de un universo jurídico separado del universo real, al que se han referido al estudiar la situación de América Latina, los escritores mexicanos Octavio Paz y Carlos Fuentes. Segunda Tesis. En el texto jurídico está expresada deliberadamente una intención contraria a lo que realmente quiere hacerse. Se dice lo que no se hace para hacer lo que no se dice. Esta deliberada ambigüedad ha constituido la clave del ejercicio político nicaragüense.

Tercera Tesis. La estrategia de decir lo que no se hace para hacer lo que no se dice, está en el origen mismo de la fundación de la República. Por ello el drama político nicaragüense, y en buena parte latinoamericano, consiste no sólo en el hecho de que sus instituciones son débiles y separadas de su realidad cultural, sociológica e histórica, sino sobre todo, en la circunstancia de que el Estado-nación y la República surgida de la Independencia fue fundada sobre una mentira construida deliberadamente para mantener las cosas en el mismo estado, creando así la tradición del engaño, dejando las cosas como estaban, mientras se anunciaban los cambios en las constituciones, leyes y discursos. ,

La lectura del libro de Don Emilio Álvarez Montalbán y Eddy Kühl nos enseña, entre otras cosas, el poder de la Iglesia en la república y el Estado-nación surgido de la Independencia; el poder del clero y el de los sacerdotes individualmente considerados en el quehacer político del país; el poder de las familias, y en el caso de Irigoyen, descendientes de un religioso; la simbiosis entre el poder de los apellidos y el poder político; el trasfondo social y económico que, sin llegar a formularse como la lucha de clases de la que habla Carlos Marx, existe con no poca frecuencia en la lucha por el poder.

Nuestra historia es en buena parte el recorrido de la ruta de un poder religioso y teocrático al pacto de conveniencias políticas al cual se acomodan todos con tal de obtener las ventajas que se persiguen, aunque sea a costa del sacrificio del país entero, de su desarrollo económico y social y de su estabilidad. Lo que Andrés Pérez Baltodano llama en su libro, Entre el Estado Conquistador y el Estado Nación, pragmatismo resignado, el que, según expresa, “encuentra una de sus principales raíces en la cosmovisión providencialista reproducida por la Iglesia Católica desde la conquista”.

La obra que tenemos ante nosotros dice muchas cosas y narra muchos hechos debajo de los cuales subyacen algunas ideas fundamentales que pueden funcionar como ejes y criterios rectores para formular posibles interpretaciones de nuestra historia. Saludamos, pues, la aparición de este libro y felicitamos a sus autores.