Nuevo Amanecer

Noel Flores y sus dos pasiones


Es un artista entregado a la humildad de su actitud consecuente y su fino humor, regocijado y tímido, es tan espontáneo como un carisma que lo ata a sus dos pasiones universales: la pintura y la escultura. Así es de cuerpo entero el maestro Noel Flores Castro.
Sin esperar más, y para oírlo hablar de sus dos pasiones, y por supuesto para calentar la conversación le pregunto: ¿Tolerancia o convivencia para oficiar el arte de la escultura?
NF: Ambas cosas. Hay que tener mucha tolerancia para trabajar a la intemperie. Pero también para realizarlo a lo interno o al aire libre en la azotea de un edificio. Con la escultura uno necesita espacios grandes. Con la pintura es cómodo trabajar en los espacios. Pero tanto en la pintura como en la escultura urge que haya de parte del artista absoluta dedicación. El artista debe asumir mucha conciencia y equilibrio espiritual para realizar su arte, y no dejarse influenciar por la mediatización del dinero. O sea, no pensar primero en el dinero y después en la obra. La escultura exige mucho sacrificio.
TL: ¿Cómo salvaguardar el arte en estos tiempos de crisis mundial?
NF: El artista debe empeñarse en crear con absoluta libertad. Uno se compromete como parte de un sacrificio sagrado que se manifiesta en cada obra produciendo con honradez y seriedad, y consciente que en ningún momento puede sacrificar la creatividad.
Noel no altera el tono de su voz cuando habla, pero sus brazos morenos, de muchos años de bregar en el arte como cómplices de su identidad, lo descubren en sus sentimientos y lo urgen para decir: “A mí me gusta coleccionar música clásica, popular, folklórica, regional y de la que suena tan alegre en “La hora de la rocola”, tengo de todo un poco, porque la música es una gran compañía, me dice aprovechando el momento para resguardar de la lluvia (sopla fuerte el viento) algunas herramientas que están en el patio donde tiene su pequeño taller.
TL: ¿Y qué tipo de música le gusta escuchar mientras trabaja?
NF: Escucho un poco de Beethoven y Vivaldi. Así también, las grandes orquestas italianas y alemanas. Me encanta escuchar los grandes temas nicaragüenses ejecutados bellamente en nuestra marimba de arco. Es importante mi estado de ánimo para poder disfrutar la música.
TL: ¿Una obra de escultura es siempre una provocación?
NF: Cada artista es un creador que realiza su obra para impactar al observador y motivar en él una emoción. Es la función principal del arte, no se consigue de otra forma. En lo que respecta a la escultura por la forma, los espacios, siempre hay una provocación.
TL: ¿Necesita estar viendo esculturas?
NF: El artista necesita enriquecer su arte, para estar al día, y no perder los referentes en el mundo artístico, y el hecho visual es muy importante. Aunque en muchas ocasiones no esté de acuerdo.
TL: ¿Por qué?
NF: Porque haciendo un recorrido por el arte griego, clásico, egipcio, me permite reflexionar que el arte antiguo es una necesidad.
TL: ¿Se mantiene la polémica de arte tradicional vs. arte contemporáneo?
NF: Hay una distancia muy grande. Los clásicos del Renacimiento, los griegos, en pintura y escultura, en realización y concepción, en las líneas de estilo, para no caer en tal cosa.
TL: ¿Hay artistas a los que siempre vuelve?
NF: En el arte egipcio, me impresiona la cabeza de Nefertiti, el clásico renacentista italiano, las esculturas de Miguel Ángel, Donatelo, Rodin.
TL: ¿Hay que volver la mirada a la escultura?
NF: Hay muy poca preocupación por la escultura. Poca importancia, para despertar el interés. La escultura tiene su renombre histórico y tiene suficiente mérito, pero que aún no existe ese gran momento. Se han hecho esfuerzos, pero falta más por hacer, para el disfrute del arte público. Sí, es necesario volver a la mirada a la escultura, para que en las políticas culturales, se aprecie más su valor.
Noel Flores Castro recuerda, que fue en la escuela donde su madre era profesora cuando empezó su pasión por la pintura. “Era una escuelita muy humilde ubicada en la comunidad de Piedra Menuda, en Nindirí, pegado al Raizón. Mi madre y mi padre fueron un gran soporte para forjar mi vocación artística. Ellos me alentaron para dar el gran salto a la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1952, cuando yo sólo contaba con apenas catorce años de edad. Esa fue una gran decisión en mi vida, pues, nunca imaginé que llegaría a realizarme. Recuerdo a mi padre, Alfredo Flores, de oficio zapatero, un gran alistador, yo lo observaba cómo se empeñaba con gran dedicación en realizar sus diseños. Ese hecho en mi niñez fue para mí un estímulo para mi inclinación por el arte”.
TL: ¿Cuál fue el mejor consejo que recibió del maestro Fernando Saravia?
NF: Saravia me dijo que si me iba a dedicar al arte, que lo hiciera como un gran creador, que explotara mis sentimientos, que analizara y contemplara cada obra en la que trabajaba, hasta llegar a idealizarla, de lo contrario que me dedicara a otra cosa.
TL: Después de tantos años transcurridos, ¿cómo es su relación con su maestro?
NF: Yo lo admiro como profesor. Es un buen amigo, que respeto mucho. Hemos viajado juntos, por ejemplo a Honduras, que recuerdo como si fuera ayer. Nuestra relación de artistas se mantiene inalterable, sin perder el calor de los amigos”.
TL: ¿Cuál de sus obras le ha provocado más reflexión y crítica?
NF: Los trabajos de escultura que realicé en bocetos en hierro para ganar una beca para estudiar en Italia, en 1957. Recuerdo que mis fuertes competidores fueron el pintor y escultor Arnoldo Guillén y el pintor Leoncio Sáenz. Esa época marcó mis inicios como el pionero en trabajar la escultura en hierro. A mi regreso de Italia, donde estuve cuatro años, realicé una exposición de pintura abstracta en el Banco Central de Nicaragua y creo que fui el primer artista en colgar cuadros de ese género pictórico.
TL: Cuéntenos cómo comparte el tiempo entre la escultura y la pintura.
NF: Por las dos tengo el mismo interés. Son mis dos pasiones y las realizo con gran responsabilidad artística exigiéndome a mí mismo cada día.
El maestro Noel Flores Castro recuerda con especial cariño los años de 1966 al 79, cuando se desempeñó como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes compartiendo enseñanza con los pintores Sergio Dávila, Carlos Montenegro y Julio Vallejos. “De esa cosecha salieron los pintores Rafael Castellón, María Gallo y Róger Pérez de La Rocha, entre otros. Ahora los nuevos dicen que fueron formados por el maestro Peñalba, es necesario que se conozca la verdadera historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes, para evitar mayores confusiones, y ojalá tengamos otra conversación para hablar al respecto”, precisa Flores Castro.