Nuevo Amanecer

Brujúla Para Leer


Poesía Peregrina
Verano 2006
Marina Ester Salinas Martínez
Poesía Peregrina es una revista publicada en Miami por Ligia Guillén y Franklin Caldera, con el fin de difundir la poesía nicaragüense y dar a conocer tanto poetas que residen en Nicaragua como en el exterior.
Esta edición, para sus autores, resultó difícil, ya que no encontraban material para amores no correspondidos, esto se explica “por el machismo imperante entre nuestros poetas varones que prefieren celebrar sus conquistas amatorias, a veces con lujo de detalles, a exponer sus fracasos”.
La revista contiene poemas de Manolo Cuadra, Héctor Avellán, Ernesto Cardenal con su “Al perderte yo a ti...”; Ligia Guillén, Helena Ramos, Luis Rocha, Julio Cabrales, Beltrán Morales, Jorge Eduardo Arellano, entre otros.
De los poemas de amores no correspondidos, entresacamos Una muchacha que soñaba de Edwin Yllescas, Managua, 1941, A Ligia Guillén:
“Hace mucho tiempo/ en un pueblo al norte de Nicaragua,/ conocí a una muchacha/ -oropéndola en la ventana-/ que soñaba con pájaros y árboles. / La encontré en otra ciudad de Nicaragua./ Tenía tres hijos. Un laurel repleto de zanates./ Al cruzar la boca calle,/ una vez la oí/ preguntar por los melones y las piñas./ Al tacto adivinaba la rosada carnosidad./ Cuando me acerqué/ discutía el precio de las naranjas./ Lontana come in uno specchio./ Y todavía quiero besarla.

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“Mujer orando”
La pintura al óleo de María Gallo que ilustra nuestra portada participa en la exposición que la Unión de Artistas Plásticos “Leonel Vanegas” tiene en el Teatro Nacional Rubén Darío, en saludo al 28 aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, desde el 20 de julio al 18 de agosto. Según informa la pintora Julie Aguirre, “esta exposición reúne a setenta artistas de diferentes generaciones con lo más reciente de su obra, mostrando una gran variedad de la plástica nicaragüense actual”.
“Los artistas convocados a esta exposición --dice Aguirre-- respondieron con gran entusiasmo” para saludar “los 28 años del triunfo de un pueblo deseoso de libertad y paz”. Son ellos: Noel Flores, Julio Vanegas, Leoncio Sáenz, Carlos Montenegro, Orlando Sovalbarro, Ricardo Morales, Arnoldo Guillén, Róger Pérez de la Rocha, Silvio Bonilla, Santos Medina, Rafael Castellón, Juan Rivas, María Gallo, Denis Núñez, Leonel Cerrato, Jorge Tablada, Julio Martínez, Yelba Ubau, Carmen García, Rosa Carlota Tünnermann, Porfirio Morles, Giovani Flores, Mario Agüero, Tito Chamorro L., Carlos Barberena.
Víctor Canifrú, Aparicio Arthola, Ricardo Maya, Roberto Barberena de la Rocha, Rodolfo Varela, Pablo Parajón, Marino Charlate, Giovanna Serrano, Aurelio Flores, Javier Sánchez, José Gómez, Carlos Ortiz, Denis Sándigo, Rossy López, Igor Corrales, Miguel Ángel Abarca, Julie Aguirre, Olga Maradiaga, Abel Vargas, José Miguel Flores, Rosa Pineda, Esperanza Espinoza, Elena Pineda, Antonio Aburto, Luis Varela, Mauricio Mejía, Francisco Rueda, José Luis Jiménez, María Lourdes Centeno, Darío Zamora, William González, Domingo Ubaldo, Eddy Luz Tellería, Celso Zamora, Raúl Valverde, Mauricio Solís, Manuel A. Rivera, Raúl Valverde y Sergio Velásquez.

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Arquitrave
Miyó Vestrini
Marina Ester Salinas Martínez
Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982), autora de la nota sobre Miyó Vestrini, es una periodista especializada en temas culturales y coordinadora editorial de El Papel Literario de El Nacional, quien escribe: “El recuerdo de Marie José Fauvelles Ripert --Miyó Vestrini, como se hacía llamar-- no podía ser la excepción. Su vida, como su nombre, necesita una abreviatura dolorosa. Quienes trabajaron con la periodista y poeta nacida en Nimes, Francia, en 1938, dibujan una nostalgia drástica; los que la conocieron de cerca o compartieron con ella la infancia en Valera, estado Trujillo --Miyó llegó a Venezuela con apenas 9 años-- prefieren postergar sus opiniones, dejar las anécdotas para otro día, uno en el que sea posible espantar la tristeza y traerla de regreso.
Tanto a Miyó como a la democracia les quedaban pocos años. Vestrini decidió quitarse la vida en su departamento de Sebucán, en Caracas, el viernes 29 de noviembre de 1991, dos años después de que el país intentase, en vano, recuperarse de las huellas de El Caracazo.
Miyó parte a su viaje sin regreso como en su poema Los viajeros: Agitamos la ternura anclada en los parques/ como un insecto en una caja de plomo./ Nuestros caminos han perdido sus lagartos que/ partían de los ríos acalla el asfalto rojo./ En algún lugar remoto/ las fronteras juegan con los perros hambrientos. / Amamos los bancos devorados de piernas y el/ muchacho negro que le silba a la niebla./ No obstante el grito se estrangula en nuestros dedos./ No obstante las iguanas cagadas de miel/ se devoran en los surcos./ He aquí el llanto de los trenes que cruzan las/ estaciones sin detenerse./ Y queremos partir sobre la cubierta de un monstruo./ Sobre las manchas de petróleo que flotan en el agua./ Sobre los halcones que no crecen en las esquinas./ y nos quedamos, aferrados silenciosamente/ al silbido del muchacho negro. Maracaibo, marzo 1956