Nuevo Amanecer

Rodrigo Peñalba


El libro de cuentos Holanda se desarrolla por textos visuales como: “La playa”, cuento situacionista donde muertos todos los protagonistas, se describe el ambiente como naturaleza muerta de filme de los 70; “También”, que presenta una mujer en la ducha; “Él” retrato del pulcro DRH. Libro conceptual, como revela “Territorio” en el que, como ocurre en “La Playa”, el texto se autoproclama como universo concreto vuelto sobre sí, a través de la dialectización del concepto de “fact (factum, hecho realizado)”/“factory (facere, por hacer)” mediante el “I am (fac, hacer, imperativo)”.^PEste planteamiento inicial da pauta para entender el libro: así “Él” marca un cambio en los cuentos, la mayoría de los siguientes, incluso ese mismo, evocan formas sociales de antropofagia: el administrativo reclutador comiéndose al reclutado, suerte de demonio ofreciendo un contrato imposible de rechazar; “Inundación” presenta la dualidad entre los salvadores de la Cruz Roja vistos en su helicóptero como ballena bíblica por oposición a los zopilotes vistos como ángeles curadores de heridas; “El miedo es amarillo” dialectiza la actividad de comedor del perro zompopo y de los cables pelados que le cortan la cola. “En el retén” termina como cuento de ciencia ficción, en el que los soldados son robots antropófagos. “Contra el cielo” es la invitación brutal del narrador a un oficinista a suicidarse o degollar a sus hijos porque es un “imbécil... trauma convertido en ciudadano”. Siguiendo el rumbo, “El pájaro de fuego” agrega nueva pauta, evocando el fénix que renace de la muerte de su prole. “El Mercenario” cuenta la desventurada vida de un ronin asesino de su padre. “La estrella” narra la historia de una lata de aluminio que fue tirada en un barril en un solar, barril que, por ser sarroso, le transmite la enfermedad a la lata. Pero ésta se pone a soñar que, probable homenaje a Aróstegui, se acerca a las estrellas y su metal de nuevo empieza a brillar, “pero yo como narrador decidí despertarla, Seguía en el fondo del barril, sí”. “Entre comillas” cuenta la vida y muerte de un niño huérfano cuyo nombre de manufactura de artículo de clase era predestinado ya que toda su vida se pasó entre comillas, corchetes y signos de admiración. ^PEs obvio llegado a este punto el significado de filiación del principio de antropofagia, ya que tanto el ronin como Rolter nos descubren la recurrente dialéctica con la figura paterna, mientras la lata comida por el enorme barril implica por relación de tamaño y de anterioridad en el lugar una existencia primogénita del barril sobre la lata. Al tragársela asume un rol saturnino. Por lo que no es casual la intervención al final del cuento de la voz del narrador para impedirle soñar a la pobre lata, y cortarle su posibilidad de trascender en lo ficticio su irremediable dependencia. También el literario Rolter de pulsiones anales (p.53) sufre padecimiento de muerte. Aparece como vampiro por lo que le atraviesan el corazón “a través de la camisa azul” (color de la bandera nicaragüense), es así sólo en la muerte que el antropófago (porque se bebe sangre-tinta) llega a reencontrarse con sus padres. A la inversa, borrando la existencia del padre, el ronin no llega sino a permanecer en su sombra por la eternidad. A la vida eterna del mercenario corresponde lo efímero de la de Rolter. Asimismo “El pájaro de fuego” se sustituye a su prole eternamente, sin posibilidad por ella de existir fuera de la reproducción del ser original. El ronin también sufre este sino al asumir los años de vida que quita a sus víctimas. Mientras la figura paterna no puede morir, el narrador interviene en el libro para reintegrar a la bruta realidad a la lata soñadora, para inducir a sus personajes a abandonar su vida real porque no alcanza suficiente grado de calidad, a rendirse ante la evidencia de la imposibilidad de vencer el sistema (“Él”, “Contra el cielo”), o para enunciar situaciones sin remedio y sólo queda posible la reseña pictórica o fotográfica de lo ocurrido (“La playa”, “Océano”). Estos procedimientos del narrador en el texto le sirven para legitimar y dimensionar su propio estatus omnipotente en el relato. A tal punto que la voz narrativa asume el mismo procedimiento de autoafirmación “para asegurar que le afirman y aceptan sus comentarios” (p. 49) que la lata al arremedarla al final del cuento, cerrándolo sobre el “sí” de su personaje. ^PLa negación de lo literario a provecho de lo visual dentro del mismo material literario invita a preguntarse por los sustratos genealógicos subyacentes puestos en juego en este primer libro de Peñalba. Mismo procedimiento de identificación entre personajes y puntuación narrativa y, a través de la frase cabalística “No era cierto después de todo”, de negación de lo literario reemplazado el significado metafórico por el literal en el último cuento. El trabajo literario de Peñalba de reestructuración de lo narrativo para dialectizarlo se evidencia en el título Holanda que encuentra significado en la situación de Bond entre espejos borgesianos y clavicordio rubendariano: “Las lágrimas le brotaban discretamente pero sin impedimentos. Lentamente éstas rodaban por sus mejillas, como si fueran gotas frescas de pintura, fluyendo sobre el lienzo de su rostro, dibujando un Bond gris y tenso, desconsolado. Avanzaban al azar dibujando cicatrices y ojeras caídas, caminos sinuosos de action painting sobre su cutis. Levantó la vista y se encontró ante una pared de espejos, detrás de la barra, con decenas de estantes de cristal sosteniendo filas y columnas de botellas apiladas con licores de esencias y colores. Desde la barra era la visión de un órgano, como los del siglo XVIII, holandeses; y cada trago una manivela de la consola, y cada sorbo una nota en los teclados. Buscó distinguir su reflejo entre las columnas de botellas y la música brotó naturalmente de dentro de sí, como una banda sonora para los créditos de una película subiendo por un fondo negro”. (p. 61) Así, Bond tiene el problema del héroe de “(Sin Título)”: la botella. El narrador deja claro que sólo es personaje ficticio (repetición del verbo dibujar, insistencia sobre la evocación pictórica, música de créditos de película ante la visión de sí mismo), lo que permite al autor reafirmar su propia posición omnipotente, paradójicamente negándola al negar el nivel del texto a provecho de otro, implicado por las artes visuales, y en particular por lo pictórico.