Nuevo Amanecer

El Arcángel de Guillermo Cortés Domínguez


La posesión de Managua^PHicieron suya a Managua con la complicidad de ésta.
La recorrieron de pies a cabeza
los sucios guerrilleros desaliñados,
le besaron lentamente los dedos de los pies,
se detuvieron un momento en sus tobillos y siguieron suavemente
mientras la capital cerraba sus ojos suspirando.
Los muchachos derramaron siete gotas de vino rojo
en su ombligo perfecto
la plaza de la Revolución fue un éxtasis,
los gemidos quebraron los contornos,
gritos de huesos, carnes sólidas y luces amarillas
los gritos de ella sudorosa, extenuada
fue un momento irrepetible que duró varias horas.
La luna de miel, suave y redonda
como un enorme postre de Pío quinto
del tamaño del Estadio Nacional.^PMuchas gracias.
Cuando terminé de leer la novela de Guillermo Cortés Domínguez “El Arcángel”, obra que consta de 21 capítulos repartidos en 404 páginas, llegué a la conclusión que esa lectura era una excelente crónica periodística sobre diversos personajes de la vida cotidiana nicaragüense y de la vida política nuestra en los años ochenta, un proceso revolucionario que empezaron a matar antes de nacer, y de esa muerte todos tienen su parte. Queda más que claro que a los dirigentes de esa revolución, a los que Guillermo coloca como siete y no los nueve que eran, el poder los sedujo y volvió arrogantes, prepotentes y desconfiados.
Un error grave en aquellos años tocado por Cortés en su relato fue el cometido por la mayoría de los comandantes sandinistas cuando decidieron darle credibilidad y espacio a funcionarios miembros de las familias allegadas a la dictadura somocista, que aprovechándose de las circunstancias formaron parte del gobierno de liberación, cometiendo cualquier tipo de abusos, los cuales fueron apañados por los dirigentes revolucionarios, acarreando con ello un costo político fulminante, desatino que los ciudadanos comunes terminamos pagando.
De Cortés Domínguez puedo decir que he leído sus notas periodísticas en el libro “El ojo maldito”, que narra el paso del huracán Juana por la Costa Caribe nicaragüense en los ochenta, así mismo me impactó su libro “Corresponsales de guerra”, un trabajo que desarrolló por algunos años.
Creo que “El Arcángel” no logra apartar al periodista del novelista, pero me pregunto ¿qué es un novelista sin la crónica periodística? El novelista sin ser periodista se vuelve uno sin quererlo, ya que su investigación, el armado de los retazos que formarán el capítulo, se basa en los mismos retazos que cuidadosamente arma un buen periodista para sus artículos y reportajes.
Los personajes que interactúan son muchos y se mueven en diferentes estadios, pero todos tienen un punto en común: la revolución y cómo la asume cada quien.
Es un libro que no sólo nos muestra la doble moral que existe en muchos de sus personajes, sino las ansias de poder de muchas mujeres de la burguesía rendidas ante los uniformes verde olivo y las estrellas en los hombros de los comandantes. Muchas de ellas hoy se rasgan las vestiduras al escuchar la palabra sandinistas. Son ellas las que se amamantaron con las mieles de los que ahora les suelen causar repugnancia, las que se los disputaron para no tener que bajar de estatus y se deleitaron protagonizando pasarelas en las recepciones diplomáticas, casualmente allí donde valía más el perfume que usaban que la decencia. Es donde afloró su liberación femenina.
Ellos también quisieron colocar un trofeo oloroso con apellido rimbombante con quien compartir su cama. Fueron muy pocos los que se alejaron de la avalancha femenina refinada, y muy poquitos los que se mantienen hasta hoy con la compañera que tenían desde antes de la esperada revolución.
El relato que mantiene Guillermo es además un relato de historia sobre historia, a cada paso mientras avanzamos van saliendo: las historias de Jinotega, su ciudad natal, un terremoto del que hace un descripción increíblemente limpia de toda la desgracia que dejó a su paso, nos relata el origen de la trompeta, instrumento musical que ejecutan los dos personajes principales de la historia: Martiniano Flores y Calixto Porras, nos regala clases de música acompañadas de una lista de quien es quien en la música nicaragüense y mundial, y relata los horrores de la guerra que vivieron muchos jóvenes en el Servicio Militar Patriótico.
En su mayoría todos los capítulos en el libro tienen intensidad propia. El contenido mantiene al lector guindado de sus páginas, salvo aquellos en los que incluye escenas que quieren jugar a ser eróticas, pero que a mi gusto caen en picada en el pozo de la cursilería sexual, un recurso recontra explotado por la poeta Gioconda Belli. A veces tenía la sensación de estar leyendo algo de Corín Tellado, esas historias amorosas que se encuentran en la revista Vanidades, que te ponen como plato exquisito en los salones de belleza mientras llega nuestro turno.
El nombre del libro y su portada es predecible en el contenido ya que en el sueño del doble arcángel tocando trompeta sólo pueden ser los dos amigos que ejecutan ese instrumento, que al final resulta ser así, pero además le da el significado de lo doble con la doble moral que se vivió.
Es interesante ver cómo el narrador juega con figuras literarias hermosas, como por ejemplo cuando se refiere a la timidez de Rufino Lucas, uno de los personajes que es periodista (haciéndome pensar que nuestro escritor también está reflejado en su propia historia): Rufino Lucas era tímido e inseguro como un palo de mango en el patio de una escuela de primaria…
Otra figura es la descripción a Chano: Le llamaban Chano al hombre alto, delgado, atlético, de nuca tiesa y huesuda, como tronco de árbol joven.
Además de esas figuras literarias, una particularidad del libro es que todos los capítulos tienen epígrafes de trozos de poemas de muchos poetas como: Pablo Neruda, Rafael Alberti, Rubén Darío, Gabriela Mistral, Emily Dickinson, Vicente Huidobro y otros sobre el tema del ángel.
La doble moral es un atuendo propio de la perversidad humana, hermana de la frialdad. La doble moral reflejada en el libro durante la revolución sandinista es esa misma hermana de todas las dobles morales dañinas que han gobernado nuestro país. Un ejemplo de eso fue la doble moral en el gobierno de doña Violeta, resultando ser el acabose de nuestra historia reciente, ya que con el estandarte de la reconciliación y la democracia se mandó por un caño la demanda que ganó el gobierno sandinista al gobierno de los Estados Unidos en la Corte de Justicia Internacional de La Haya por el financiamiento que hizo aquel gobierno a los armados de la resistencia nicaragüense. Por quedar bien con Norteamérica, ¿cuántas viudas, huérfanos, mutilados y desmovilizados se quedaron estirando la mano cuando ya a estas alturas sus problemas los tendrían resueltos? Pero bueno, ella ha logrado hasta ahora ser considerada el mejor presidente, pero si tomamos en cuenta la kilométrica doble moral de su periodo nos vamos a encontrar que ella y su gabinete (dirigido por su asesor y yerno Ing. Antonio Lacayo) mientras en una mano movieron la bandera blanca de la paz, con la otra mano se abanicaron con el dinero de toda la ayuda internacional que como nunca llegó a Nicaragua para los pobres y los enfrentados en los conflictos armados.
Pero siguiendo, para finalizar con “El Arcángel” no quiero dejar de mencionar la carga poética que le imprime el autor al describir la entrada jubilosa de los Muchachos a la plaza central de Managua el 19 de Julio de 1970, la que desde entonces fue bautizada como la Plaza de la Revolución. Con el permiso del autor me permití estructurar una parte de esa narración, como el poema que es:

La posesión de Managu
PHicieron suya a Managua con la complicidad de ésta.
La recorrieron de pies a cabeza
los sucios guerrilleros desaliñados,
le besaron lentamente los dedos de los pies,
se detuvieron un momento en sus tobillos y siguieron suavemente
mientras la capital cerraba sus ojos suspirando.
Los muchachos derramaron siete gotas de vino rojo
en su ombligo perfecto
la plaza de la Revolución fue un éxtasis,
los gemidos quebraron los contornos,
gritos de huesos, carnes sólidas y luces amarillas
los gritos de ella sudorosa, extenuada
fue un momento irrepetible que duró varias horas.
La luna de miel, suave y redonda
como un enorme postre de Pío quinto
del tamaño del Estadio Nacional.^PMuchas gracias.