Nuevo Amanecer

“Yo voy a morir pintando, no hay vuelta pa’ trás”


Es Leopoldo Navarro el pintor que parece tener siempre un espacio reservado para escuchar la voz de sus colores, que seguramente le viene desde el fondo de la memoria de su propia infancia. Es un artista feliz, y lo denuncia y retrata su desbordante sonrisa que le ampara e impulsa en cada pensamiento, en cada vivencia de un ser guía, y especial para su vida, la pintura.
Se propuso el reto de entregarle al mundo y así mismo al Leopoldo Navarro apasionado, pero más disciplinado, una exposición cada año desde que se lanzó al ruedo, y ha cumplido con notas de gozo compartido. Ahora se revela con su quinta exposición personal, y tiene más planes y proyectos.
Quiere morir pintando, y al emocionarme con sus cuadros yo le creo. ^PLeopoldo, ¿qué significados tiene la pintura para usted?
La vida. Yo nunca pensé que me iba a dar tanto gozo, tanta realización espiritual. El poder expresar lo que yo siento, y plasmarlo en mi lienzo, a través de un pincel, un lápiz o una tiza, y que una persona sienta esa emoción que yo puse, ese sentimiento, y me venga a decir: “Me encanta ese cuadro”, ese es el regalo más grande que me ha dado Dios en la vida. Nunca pensé que yo me podía expresar de esa manera. Y de una cosa estoy seguro: yo me voy a morir pintando, no hay vuelta pa’ trás.
Navarro inmediatamente toma una nueva inspiración, y prosigue de manera contundente y precisa cuando dice que la pintura es una comunicación emocional, es un proceso bien lindo de crecimiento, una comunicación de alma a alma.
¿Cómo se entrelaza, cómo se da esa relación emocional entre el lector de cuadros y el pintor?
Hay personas que pueden comprar cuadros porque les gusta el color de los mismos, y pueden decorar su sala, pero quien verdaderamente me encanta que se lleve un cuadro mío es la persona que me dice: “Polo, ese cuadro me tocó y se me pararon los pelos, y casi se me salen las lágrimas, o el corazón me palpitó más rápido, me atrajo mucho”. Tengo amigos como el doctor Edgard Navarrete, cuya oficina estaba muy cerca de la mía, donde yo tenía un cuadrito mío abstracto colgado en la pared, y un día se atrevió y me dijo: “Polo, ¿en cuánto me vendés ese cuadro?” Yo le pregunté por qué, y él me dijo: “Ese cuadro, desde que lo colgaste me emocionó y por eso paso viéndolo”. Tomalo, le dije, es tuyo. Eso es lo que yo quería oír de alguien, con eso estoy más que pagado.
La pintura para mí es la vida. Ahora sí sé, antes yo decía que me iba a morir operando, pero, probablemente, como a los 65 años le comienzan a uno a temblar las manos… pero, yo sí sé que me voy a morir pintando. El mejor regalo que me ha dado Dios, desde hace tres años y medio, para mi gozo y para la comunicación con las demás personas, es la pintura.

¿Leopoldo Navarro es un pintor apasionado o exigente?
Yo soy un pintor disciplinado. Empecé mis talleres en la galería Praxis, para adultos que nunca habían pintado, y fueron promovidos por el Banco Mundial, y a mí me tocó la instrucción, con el maestro Mauricio Solís, él me enseñó disciplina. Un pintor debe tener, como en mi caso, dos actitudes muy perfiladas y definidas: la disciplina y la libertad de expresión. La disciplina significa para mí aprender todas las cosas técnicas necesarias para poder expresarme pero de corazón, en serio, de verdad, no en broma, ni por hobby. La disciplina es también saber adónde querés llegar. Yo dije eso es para mi gusto, ¿pero después qué? Un punto de calidad para el reconocimiento como pintor, y no como amateur, alguien que no tiene un hobby. ¿Se podría esto a mi edad?, dijo yo. A lo mejor sí, a lo mejor no. Pero yo estoy haciendo todo lo posible para hacerlo.
En mi segundo año de trabajo pictórico participé en el concurso nacional “Rodrigo Peñalba”, en el Banco Central, y uno de mis cuadros de los 22 fue escogido para la exposición. Ese día fue uno de los más felices de mi vida. Luego volví a participar y logré una segunda mención de honor entre 300 cuadros participantes, para mí fue como que me gradué de pintor, además, obtuve el reconocimiento del pintor Róger Pérez de la Rocha, que me dijo: “Polo, ahora sí sos pintor”, y eso era lo que yo quería. Yo me siento bien con los pintores. ^PPolo, ¿quiénes son los pintores que te han ayudado?
No creo que haya un pintor que no haya querido ayudarme, la lista de mis estímulos es interminable, y muy rica en expresiones y en compañía. Están Róger Pérez de la Rocha, Sergio Velásquez, Hugo Palma Ibarra, el maestro Mauricio Solís, Ricardo Morales, Miguel Ángel Abarca, Artola, las hermanas Benavides, Chico Rueda, y ojalá que no se me haya olvidado alguien. Ellos me han criticado duro, me han sugerido con respeto, me han contagiado de su alegría de pintar, yo creo que me han adaptado como una mascota, o como alguien con las ganas que tengo de pintar y de seguir adelante.

¿Cómo se lleva con los colores?
Yo creo que depende de mi estado de ánimo. Es impresionante saber cómo plasmaste y cómo te sentías en ese momento. Es como una foto del alma, como un vídeo del alma. De repente amanezco pintando colores súper alegres, alegres. A veces, mi esposa me dice que me levanté pintando con mi cerebro femenino, porque comencé a pintar con colores tan sutiles, tan delicados, y a veces con negros o cafés profundos.

¿Qué colores predominan en tus escenarios pictóricos silenciosos y compartidos?
Me encantan los colores sepias, los tierra siena, los tierra quemada, los colores calientes, los pasteles. El color no lo pienso, lo siento. ^PSiempre en el matiz de los colores, ¿cómo se contagian éstos con la intuición y la imaginación del pintor?
Los pintores Ricardo Morales y Sergio Velásquez me han dicho que yo tuve la suerte de tener una educación especial, y es que desde los trece años, cuando viajé a Washington, y durante los tres años de estudio y permanencia en Europa, yo no hacía turismo, me iba a conocer los museos, las galerías, a llenar de colores y pensamientos, a gozar la pintura de los grandes maestros, y así sembré mi pasión por la pintura. Luego me leí las biografías de esos maestros, y pude comprobar que existía una gran concordancia entre sus colores y el estilo de sus vidas en gran armonía con la época que les tocó vivir, y crea, eso para mí fue rotundamente maravilloso. En mis cuadros, siempre hay armonía en los colores y muy balanceados, pero eso es reflejo de la memoria que me alimentó de esos maestros. ^PPolo, ¿es cierto que el artista no tiene ninguna verdad?
Hombré, a mí no interesa filosofar, ni soy de propuesta ni mensajes. A mí me gusta mi verdad. Me hace vibrar cuando compro un cuadro que me gusta. En otro caso, si me lo regalan lo cuelgo, pero no lo cuelgo. Así es la verdad. ^P¿Un proyecto próximo?
Además de mi quinta exposición personal en galería Añil, de Artes Visuales, estoy trabajando en un cuadro abstracto de un formato grande, pues quiero ganar un premio en el concurso del Banco Central, se lo comenté al maestro Ricardo Morales, y me dijo: “Vos sos disciplinado y lo vas a lograr”. Ojalá.