Nuevo Amanecer

Entendiendo mejor EL GÜEGÜENCE


María López Vigil es una española nacida en Cuba, pero vino a Nicaragua desde los tiempos de la revolución, y aquí se ha quedado; yo diría que es una nicaragüense “Honoris Causa”. Es también una revolucionaria, pero de las de verdad (no de palabras, como otras personas prominentes), eso es lo más importante de ella, aunque también es teóloga, escritora, periodista, del equipo de dirección de la revista Envío…
Junto con su hermano, el sacerdote Ignacio López Vigil, ha escrito una vida de Jesús, Un tal Jesús, que para mí es la mejor vida de Jesús de todas las que existen. Ha hecho un excelente libro-documental sobre Mons. Oscar Romero, Piezas para un retrato. Tiene un libro sobre Cuba muy iluminador y muy imparcial, en el que dice que Cuba no es un paraíso, pero tampoco es un infierno. Y como persona muy valiente, independiente y audaz que es, tiene un libro en defensa de una niña, Historia de una rosa, que habiendo sido violada, los oscurantistas y fanáticos se empeñaban en que tenía que dar a luz, aunque ella no quería y no podía ser madre.
Ésta es la María López Vigil que ha hecho una adaptación del Güegüence para niños. ¿Y cuál es esta obra el Güegüence?
Curiosamente el primero que escribió sobre ella, después que el investigador norteamericano Daniel Brinton la hubiera dado a conocer, fue José Martí. Dice que en esta obra, “con un diálogo unas veces, y con danzas otras, se cuentan a grandes risas y con chistes gordos, cuando no picantes a más de rastreros, las ingeniosidades, invenciones y astucias” con que un indio burló a las autoridades españolas. Poco después Darío también escribió sobre esta obra, y encuentra en ella “un vago reflejo lírico”. Reconoce que es de una “simplicidad primitiva”, y que sus diálogos son monótonos. Pero lo más importante que él dijo fueron estas palabras claves: que el Güegüence habla por el pueblo”.
Ésta es una obra del siglo XVII de teatro callejero y con bailes, de la región que llamamos la Meseta de los Pueblos. Está hecha en dos idiomas, náhuatl y castellano, seguramente de una época en que se hablaban juntos los dos idiomas. Los personajes van bailando y dialogando en medio del pueblo, y todos llevan máscaras. Los diálogos tienen doble sentido en los dos idiomas y juegos de palabras que podríamos llamar cuádruples: del náhuatl al castellano y del castellano al náhuatl, y del náhuatl al náhuatl y del castellano al castellano. Lo que la hace muy difícil. Pero debieron haberla entendido bien en un tiempo, porque si no, no hubiera durado tanto.
Otra causa de su popularidad y de su supervivencia en todos estos siglos, me parece a mí, es porque esta obra es una manera de burlarse de la autoridad. La autoridad española, en este caso. La obra es en su mayor parte ininteligible para nosotros por estar en los dos idiomas y por muchas expresiones antiguas que tiene la parte castellana. Pero al pueblo le encanta, y dos cosas sí se pueden entender bien de ella: que es una obra cómica y de burla, y que es contra la autoridad colonial. Las máscaras de los personajes son de caras rosadas y ojos azules y bigotes dorados: se están burlando de los dominadores españoles. Y ellos no se daban cuenta seguramente, porque la hubieran prohibido.
El protagonista es un viejo taimado que se hace el sordo, lo que resulta cómico y mueve a risa. Cuando le hablan de “pesos duros” él finge entender “quesos duros”, y por “reales de plata” entiende “redes de platos”. Cuando lo llevan al palacio del Gobernador le dicen que ya está en el “paraje”, y él repite “coraje”. Le corrigen y entonces dice “obraje”, que es el lugar donde están haciendo trabajar a los indios sin parar, las maquilas de entonces; y ésta es una manera de protestar, por eso dice “coraje”.
El Güegüence no es un indio como pensaba Martí, sino más bien un mestizo, aunque para los dominadores españoles no habría mucha diferencia. Ambos eran oprimidos. Y lo que está claro es que el Güegüence está del lado de los oprimidos, y que es un mestizo rebelde. La obra es toda ella una denuncia contra la corrupción y la injusticia, y podríamos calificarla como Teatro de Protesta. Dice Gladis Miranda: “Es la primera protesta literaria en la América Hispánica contra la estructura gobernante opresora e injusta”.
Crítica de los dominados a los dominadores no hay más que ésta en América Latina. En este sentido la pieza es única. Era exclusivamente actuada por indios. No había ningún español que actuara en ella. Y estos indios irrespetuosos se están siempre burlando del lenguaje ridículo de la cortesía barroca palaciega. Por eso se están repitiendo las mismas cosas babosas que ellos dicen, y esas repeticiones eran para dar risa, aunque a nosotros nos parezcan monótonas.
Pero ésta no sólo es la primera obra de teatro de protesta, sino la primera obra de teatro hispanoamericano. Y tiene mucha razón Jorge Eduardo Arellano cuando dice: “El Güegüence dio a Nicaragua el privilegio de ser cuna del arte teatral latinoamericano”.
Me parece significativo también que esta primera obra de la literatura nicaragüense sea una obra de risa y de sátira. Hay mucha risa y alegría en ella, y debemos reconocer que la risa, la guasa, es una característica de nuestra nacionalidad nicaragüense. Es parte de nuestra identidad nacional, y parte muy importante.
El autor de esta obra, también según Arellano, es culto y con perfecto dominio de la lengua castellana, lo que indica que no sería un indio ni un mestizo, sino un español. Pero su actitud crítica también indica que no sería un funcionario real. Tanto Jorge Eduardo Arellano como Carlos Mántica sostienen que este español debía haber sido una cura. Y a mí me parece esto muy razonable. Durante la dominación española los únicos que estuvieron (en su mayoría) con los dominados fueron los curas. Fueron sus defensores, y hoy les llamaríamos Curas de la Liberación.
Una cosa que a mí me llama la atención es que en esta obra se habla de tú y no de vos como hablamos los nicaragüenses (sólo una vez aparece el vos) y esto también podría ser porque el que la escribió era un español. ¿O porque en aquella temprana época aún no se usaba el vos?
Parece ser que la palabra Güegüence, que es la que da el nombre a la pieza, viene de huehue, que en náhuatl es “viejo”, junto con la terminación tzlintle, que es diminutivo de respeto y de cariño.
Este viejo Güegüence, según cuenta él mismo, era un comerciante o contrabandista (que en aquellos tiempos de la colonia venía a ser casi lo mismo) y recorría las tierras de Centroamérica y México con su mercadería: “Cuando yo anduve por esas tierras adentro, por la carrera de México, por la Veracruz, por la Vera Paz, por Antepeque, arriando mi recua…” Y relata de uno de esos viajes: “¡Válgame Dios, Señor Gobernador Tastuanes! viniendo yo por una calle derecha me columbró una niña que estaba sentada en una ventana de oro, y me dice: qué galán el Güegüence, qué bizarro el Güegüence, aquí tienes bodega Güegüence, entra Güegüence, siéntate Güegüence, aquí hay dulce, aquí hay limón…” Y éste sería uno de los pasajes en que Darío encontró “un vago reflejo lírico”, pero también en los que Martí encontró chistes “picantes a más de rastreros” pues la niña que así lo estaba recibiendo no era niña, sino una prostituta.

A este Güegüence (en vez de personaje)
A este personaje los que han hablado de la obra lo caracterizan con muy diversas calificaciones, como: burlón, picaresco, satírico, irrespetuoso, rebelde, fachento, fantasioso, gracioso, igualado, procaz, embaucador, embustero, divertido, fanfarrón, vagabundo, trashumante, inteligente, alegre… palabras todas estas que para nosotros los nicaragüenses, en sus cualidades y defectos, definen al “nica”. Y me parece muy acertado el título que María López Vigil escogió para su adaptación juvenil, resumiendo unas cuantas características: Historia del muy bandido igualado rebelde astuto pícaro y siempre bailador Güegüence.
La obra comienza mezclando las dos lenguas, india y española:
Matateco Dio mispales, Señor Gobernador Tastuanes.
Que traducido por Brinton es:
Dios lo guarde, Señor Gobernador Tastuanes.
El antagonista del Güegüence es el Gobernador Tastuanes. Se cree que “Tastuanes” viene del náhuatl Tlatoani, “jefe”. Es como repetir dos veces la misma cosa, lo que también es una burla. La palabra Tlatoani en náhuatl no suena mal, y sería una palabra digna, pero pasada al español, “Tastuanes” me parece que tiene un sonido que mueve a risa.
Además del Gobernador Tastuanes (o Jefe-Jefe) hay una retahíla de títulos: Alguacil Mayor, Alcaldes Ordinarios, Notarios, Escribano Real, Señores Principales, Cabildo Real. Y a mí me parece que también parte de la burla es toda la indumentaria barroca y recargada de esta pieza teatral, por no decir extravagante, con los indios disfrazados de autoridades: con cadenas de oro, collares de monedas de plata, ornamentos de acero, casacas con botones de oro, bombachos y medias, birretes, bonetes con monedas, sombreros con picos, capas y zapatillas con lazos de oro, adornos fantásticos con plumas y flores y cintas y pañuelos de brillantes colores.
Creo que también es burla el que los hijos del Güegüence se llamen Don, siendo dos muchachos: Don Forcico, su hijo fiel, y Don Ambrosio, su hijastro (o “entenado”) que le lleva siempre la contraria; en la colonia sólo podían usar el Don personas de linaje. Y por tanto los dos hijos se nos presentan como igualados.
Hay varias mujeres en la obra, pero son mudas (¿sería porque así era la situación de ellas en la colonia?). La más importante es Doña Suche-Malinche, la hija del Gobernador. “Suche” parece que viene del náhuatl Xóchitl, que es Flor. Su nombre pues sería Flor de Malinche. Al final ella se casa con el hijo del Güegüence, Don Forcico, y suele verse esto como un final feliz, y algo que así debiera ser en toda historia. La culminación de la obra sería también entonces la alegre alianza entre los dos antagonistas, el mestizo y el Gobernador. Aunque no falta quien ve esta boda como otra farsa y otra burla, y que la tal Suche no es hija del Gobernador sino una criada o una prostituta. No sabemos. En el mundo de lo fantástico (como en el de la realidad) todo es posible.
Éste es el libro bilingüe del Güegüence, muy difícil de entender --imposible de entenderlo cabalmente-- que María López Vigil tuvo la osadía de adaptarlo a los niños, y lo ha hecho estupendamente. Es un acontecimiento literario muy importante, porque se trata del libro más nicaragüense que existe. Y ahora está en manos de niños y jóvenes, que tal vez lo van a entender mejor que los grandes.
En esta adaptación de María López Vigil hay modismos muy nicaragüenses: “Por cuenta…” “Hecho paste”. “Salió chiflado”. Palabras muy nuestras (y tal vez sólo nuestras) como: “Chereques” – “Chirizo” – “Palmazón” – “Achumicado”… como que ella hubiera nacido en Nicaragua.
También tiene esas rimas muy nicaragüenses que José Coronel Urtecho y Joaquín Pasos llamaban “rimas chinfónicas”, que son ristras de rimas seguidas, sin ton ni son, y que mucho ama el pueblo nicaragüense. Un ejemplo propio de María López Vigil:
Tona Nalgona, qué gran alegrona.
En el mismo espíritu del Güegüence original esta nueva versión hace que las palabras suenen (intencionalmente) distorsionadas en el oído de un sordo. Y así “reputado empleado” se vuelve “Puto entenado”. “Me acomodo” resulta “Mee con modo”. “Moneditas de plata”, “bacinicas de lata”. Y una trastocación muy acertada, cuando “Señoría” se convierte en “Tiranía”.
Finalmente quiero poner este ejemplo: en la obra original, el Güegüence, después de ofrecerle al Gobernador hasta el lucero de la mañana, le dice: “Permítame ofrecerle esta jeringuita de oro como remedio para el Cabildo Real”, y el Gobernador contesta: “¡Para tu cuerpo “Güegüence!” Y es que está ofreciendo una jeringa de lavado para curar la corrupción del Cabildo Real. En esta versión para niños y jóvenes de María López se dice: “¡Mejor le doy esta jeringuita de oro purito para que obre mejor!” (Con el juego de palabras muy güegüencista de “obrar mejor” en el sentido de cagar y de actuar. Lo que hace que esta obra colonial siga teniendo actualidad en 2007).
Sergio Ramírez ha dicho de esta adaptación: “Quiero describir esta versión del Güegüence, antes que nada con la palabra linda, por todo lo que tiene de divertido, certero y atractivo en la estructura narrativa y en el lenguaje”.
Las ilustraciones de Nivio López Vigil están a la altura de estos textos. Son coloridas caricaturas de aquellos tiempos de nuestra colonia, con mucho humor y malicia, retratando bien el lujo y la pobreza como lo hace esta comedia nicaragüense. Que sigue siendo la comedia de Nicaragua.