Nuevo Amanecer

Hilario Valenzuela con magia en las manos


Nació en Estelí en 1942, a sus 65 años de vida quedó con la eclosión gestual de color, brochazo y pincelada, para reflejar a través de las artes plásticas las hecatombes de una vida quizá incomprendida --en un primer instante-- pero valedera a lo largo del circuito recorrido por este singular artista esteliano.
Desde los primeros años de su vida, comienza los balbuceos de esta pasión tenazmente amada hasta límites insospechables. El febril fervor de sus manos se desplaza libremente para la inspiración de sus primeros paisajes a punta de lápiz y carboncillo.
Los mejores pinceles para pintar son sus propias manos, comenta Hilario Valenzuela, con muchos años de experiencia en este oficio. Por medio de este ejercicio tiene un contacto mayor con lo que crea. Sus iniciativas se caracterizan por grandes dosis de originalidad, ya que muchos de sus cuadros están hechos para que la gente los toque, escuche y sienta. Verbigracia, quienes no pueden ver perciben los altos relieves que ha hecho a través de los dedos, dando lugar a que juegue la mente con otros mundos.
Pese a que en otros países las formas de expresión plástica han cambiado, en Nicaragua sigue siendo algo nuevo el hecho de que un cuadro se aleje del caballete. En otras palabras, que rompa con la cultura sólo del mirar. Sin embargo, Hilario Valenzuela ha decidido irrumpir en la plástica nacional con ideas que a más de ser innovadoras en forma, introduzcan concepciones del arte distintas, cosmovisiones propias.
En los cuadros de Hilario Valenzuela se puede esperar de todo. Hay algunos que van acompañados con música, mientras otros tienen una serie de elementos como canicas. Bajo esta visión, todo es válido al momento de expresar. Nada queda fuera. Danilo Torres, el extinto poeta, escritor y pintor esteliano, indicó que “la pintura del artista por no guardar las reglas, los órdenes establecidos y luchar por expresarse de manera distinta es informal….”.
Un mensaje inconfundible de Hilario Valenzuela es la búsqueda perpetua de la humanidad. En muchos de sus cuadros se refleja aquello de que el hombre es una suerte de hormiga frente a la grandiosidad de la naturaleza y de la vida misma, sin que ello minimice al sujeto, porque de lo que se trata -según comenta- es que recuperemos la mirada hacia la tierra, la ternura, la sonrisa, el cielo, sin poses de ningún orden.
“Son los momentos de silencio en los cuales confirmo cuán inspirado me siento cuando veo mi creación reflejada en grandes sentimientos que evocan a la vida, el ser humano y la madre naturaleza”.
Valenzuela se hizo solo, pues su formación profesional no es precisamente en bellas artes. No obstante, su carácter y actitud autodidacta junto con las inmensas motivaciones de realización en el campo plástico, le permitieron ir cumpliendo sus proyectos desde hace más de 30 años. Es fundador del grupo de artistas plásticos de Estelí Tlapacalli. “Ha viajado, ha vivido varios años en los Estados Unidos, ha visitado galerías y museos, ha fatigado tratados, enciclopedias y catálogos”
Reconoce que el inicio fue duro, porque los ojos de la crítica como los gajes del oficio se tornaron complicados, pero venció los miedos cuando se puso a crear, “porque así me realizaba y también podía realizar a otras personas”. Para él, no hay nada mejor que los minutos en que una persona mira su cuadro. “Pueden ser minutos mágicos”, sentencia.
Son numerosas las muestras y exposiciones pictóricas realizadas por Hilario Valenzuela. Su última participación la realizó en el mes de enero en la Casa de Cultura de Estelí, durante la jornada “Leonel Rugama, en homenaje al pintor y poeta esteliano Dr. Danilo Torres.
Con bastante sencillez, el pintor comenta que ahora el artista debe hacer uso de todas las posibilidades que el medio le ofrece para difundir su obra. Parte de lo que hace está en un CD. Hilario Valenzuela es una persona tenaz y persistente en este proceso evolutivo y vertiginoso del arte que otras manos sensibles como la suya tendrán que recorrer y seguir recorriendo sus huellas.
Por eso nuestro reconocimiento --en vida-- al artista Hilario Valenzuela, activa figura de refutación consagrada, que reclama continuar rescatando el lugar que todos los grandes soñadores y utópicos encontraron con su expresivo lenguaje pictórico y su sugestiva fuerza de colores utilizados “en grandes, pequeñas y medianas superficies creadas sobre yesos, arena, lienzo, papel, esperanzados para que otros pintores en asecho, saquen de su madriguera su explosivo caudal de colores y formas”.
“Estoy seguro que el arte es terapéutico, porque pocas veces se crea algo de la nada”. “Trabajo con los dedos más que con los pinceles, pues de esa forma vuelvo a la tierra”.