Nuevo Amanecer

Poesía de Douglas Téllez


Delenda Est ...

“Delenda est Cartago”
Catón

Desde la cima de nevados Alpes
los veloces paquidermos amenazan
con derrumbar muros y templos de
la gran ciudad.
Aníbal con su mano firme dibuja
una ciudad en el aire.
Tras su temible sombra van los niños de polvo.
Los oráculos y las pitonisas de Delfos,
ignoran donde arderán las torres...
¿Roma, Cartago, Atenas, Jerusalén ...?
«Delenda est Cartago», musita Catón
desde su fúnebre lecho.
La ciudad cede al fuego y se pierde,
otra ciudad se levanta sobre las cenizas
de la ciudad vencida.
Delenda est… Susurran las prostitutas
de Manhattan y los sonámbulos maratonistas
del Central Park.
Delenda est. ... Arde el cielo de Brooklyn el Bronx,
otra vez el alto cielo de Nueva York.
¡Oh! Soledad de los imperios.
Decadencia y gloria.
Delenda est.... Susurran las voces de los niños
de polvo. Aníbal da la espalda a la ciudad
prendida a un ojo de fuego, derrotado
se resigna a morir en el exilio de sal
y oxidado cobre.

Los hijos de la Usura

A Cristina Teutona

Los grandes hijos de la usura amasan sus monedas en las
calderas de Wall Street, lloran amargas lágrimas
cuando se derrumban sus imponentes torres
Saltan de felicidad cuando los misiles justicieros
describen siniestra parábolas en el cielo de Kabul.
No hay lágrimas de cocodrilos en sus ojos, sólo risas
disfrutando la Vengaza Infinita…
Los Gate, los Soros, los Bush… Los buenos y grandes hijos
de América, los que jamás hurtaron, ni mataron…
Brindan por la inteligencia y eficacia de sus bombas
Brindan porque subieron sus acciones en la bolsa
de valores. No importa cuántos morirán en esta transacción
de libre mercado. Confiemos en la estabilidad del dólar.
¡Oremos por América!
El crudo ha oscurecido nuestros corazones, aunque la noche
eléctrica sea un milagro atribuido a Edison.
En un rincón de las remotas montañas de lapislázuli, sólo se ve
el rojo destello de los misiles.