Nuevo Amanecer

Camerata Bach Quince fecundos años


Cómo nace un maestro
Ramoncito tuvo que trabajar como lo hacen muchos niños pobres de Nicaragua. Con sus zapatitos burros recorría las brumosas calles de Jinotega vendiendo periódicos, entregando el diario en las manos de las personas, en las puertas, en los mostradores de los negocios, conociendo gente, saludando a los otros voceadores, silbando canciones, contento. Llegaba a casas de familias adineradas y mientras entregaba el diario escuchaba una música bella que salía de las estancias; no sabía Ramoncito que se trataba de música clásica famosa, pero le fascinaba escucharla, y regresaba a casa tarareando aquella música. Pensaba mucho en esa música, y ese era uno de los placeres de su trabajo de vender periódicos, llegar a esas casas y volver a escuchar aquella música bella.
No sospechaba entonces que estaría frente a un atril, leería complicadas partituras, dominaría las difíciles semifusas y semicorcheas, vestiría de frac; no imaginaba los viajes, la fama, los aplausos, la carrera musical, estar en elegantes escenarios, seducir públicos exigentes.
Primer paso del destino: la casualidad
¿Qué pasaba cuando te decidiste a estudiar música? ¿Tu familia estaba de acuerdo?
La verdad es que en nuestro país, como hay poca tradición musical, la gente llega al arte a través de un vínculo familiar o a través de casualidades. En Nicaragua son pocas las escuelas que tienen educación musical en su pensum. Es difícil que nosotros tengamos en el futuro gente que a lo mejor le encanta la música y poderla captar desde el inicio. El caso de nosotros fue casualidad; hubo un terremoto, se destruyó la escuela de música de Managua y se trasladó a Jinotega; en esa ciudad era algo novedoso, llegaron tantos instrumentos, tantos profesores; creo que todos fuimos más como curiosos, que para saber si teníamos talento para la música. Ya cuando vos llegaste a ese panorama, te encontraste conque la música era bonita, que te gustaba hacer música con tus compañeros; muchos éramos, somos, de la misma edad y en ese momento éramos amigos de colegio. En la mañana estábamos en el instituto público y en la tarde nos veíamos tocando los instrumentos, creo que eso ayudó; luego de que hubo el terremoto, la escuela se trasladó a otro lugar; se hubiera podido trasladar a Chinandega, pudo haber sido a León, o a Somoto, pero no, tuvo que ser a Jinotega. Fue entonces cuando supe que aquella música que escuchaba en mi infancia era obra de Sebastián Bach, y es por eso el nombre de la Camerata, por esos recuerdos de mi infancia.
¿Qué pensaba la familia de eso, que tan pequeño estabas en la música?
Siempre hay sus celos, pero yo recuerdo que en 1975 hicimos una gira a Honduras con la banda; entonces más bien creo que en mi familia lo vieron bonito, y me apoyaron. Desde que yo decidí estudiar música nunca me dijeron que estudiara otra cosa, la verdad es que en los pueblos hay pocas opciones, entonces cuando vieron que podía sobresalir y tener cierto desarrollo como persona en un área, fue que me ayudaron.
Ya en la escuela de música me asignaron el oboe y lo primero que aprendí fueron piezas de Sebastián Bach, nos encontramos otra vez. Vine a estudiar a Managua a la colonia Dambach, teníamos profesores europeos y norteamericanos. En el 78, yo tenía quince años y junto a otros amigos fundamos la Orquesta Nacional, recuerdo que estaba Max Abarca, Paúl Martínez, Francisco Jarquín, Nelson Gutiérrez, Freddy Úbeda, Abner Muñoz.
Segundo paso del destino: tomar una decisión
En los años ochenta cambió el panorama, había oportunidad de viajar para estudiar, ¿cómo fue tu recorrido, qué tan fácil o difícil fue tomar la decisión de irse?
La primera decisión grande fue cuando obtuve una beca del Banco Central para estudios de música en Managua y ahí ya dejé mi pueblo. Después estuve cuatro años en Cuba, estudiando bachillerato en música, regresé a Nicaragua, me metí a la Orquesta, luego obtuve una beca para ir a Alemania Oriental, estuve cinco años. Lo que más me gustaba era el hecho de que nos iban perfeccionando en el aspecto musical; fuimos creciendo, no solamente como personas, sino también en cultura y educación. En Alemania la música es bien fluida, no hubo ópera a la que no asistiese. Entonces yo me empapé de una vida cultural muy fuerte y eso creo que caló mucho en mí, y muchas de las cosas que yo vi las podía hacer en Nicaragua. De ahí nació la idea de la Camerata.
Efervescencia
¿Quiénes comenzaron en la Camerata?
La Camerata nació el 21 de marzo de 1992. La comenzamos como doce o trece músicos, pero los fundadores somos Raúl Martínez y otros; en el camino nos fuimos separando. Pero hemos sido un grupo bien consolidado, que ha tenido una nueva generación y los más viejos tienen diez años. Unos se han ido, porque buscaron nuevos horizontes en los Estados Unidos y otros regresaron al país. Al inicio éramos como quince y sentimos que estaba un poco grande, lo que queríamos era un grupo más pequeño, nueve o diez personas para tener más posibilidades de encontrar trabajo, y nos hemos mantenido casi en ese número.
¿Cómo han hecho para que la música tenga éxito en un país donde no hay cultura musical y menos clásica?
El éxito radica esencialmente en que hemos ido a tocar a los pueblos, hemos conseguido recursos con las diferentes embajadas, la de España, Estados Unidos, Brasil, Alemania, Finlandia, Suecia, conseguimos recursos para que la Camerata fuese a tocar gratis a las iglesias, a los colegios, a auditorios porque realmente los pueblos o las alcaldías no tienen recursos para pagar un lujo como la Camerata; esos primeros años fueron muy exitosos, porque nos fuimos expandiendo a diversas sectores, también le dimos un empuje a la música nicaragüense y en los últimos años con una serie de espectáculos que han sido no solamente novedades, sino que han marcado un hito en la historia musical.
Por ejemplo, la Camerata ha hecho dos veces la Novena Sinfonía de Beethoven, hemos hecho dos veces El Mesías de Hendell, hemos hecho ópera, festivales internacionales de música clásica, hemos hecho siete, entonces vos ves una vida compenetrada en pro del arte y de la música en Nicaragua, traer cultura, hacer cultura. La Camerata es el único grupo musical que tiene una temporada de concierto en el Teatro Nacional, que ha llegado a tener temporadas, traemos artistas invitados.
¿Cómo hacen para traer a los invitados, qué gestiones hacen?
La verdad es que todo lo hacemos nosotros mismos. Sólo imaginate que la Camerata a lo largo de quince años ha invitado alrededor de tres mil músicos extranjeros, hemos traído la Orquesta Sinfónica de El Salvador, cienes de artistas invitados a festivales. Eso se logra gracias también a que nosotros somos un grupo con una producción importante en Nicaragua y ante todo con credibilidad.
¿De qué manera hacen las gestiones, cómo trabajan?
Nosotros hacemos todo y nos mantenemos a tiempo completo, no tenemos manager, damos la misa, recogemos la limosna y barremos la iglesia. Tenemos muchos amigos extranjeros que colaboran. Hemos despertado interés no solamente en Nicaragua, sino que somos bien conocidos a nivel centroamericano.Y eso se ha logrado a base de que la Camerata ha tenido una reciprocidad con los amigos, hemos hecho una actividad cultural importante, nos hemos sacrificado a veces de cosas materiales para tener aquí agrupaciones de lujo. Hacemos todo tipo de música clásica, un poco más moderna, boleros, todo lo que nosotros creemos que pueda servir para el desarrollo o mejorar la producción de la música en Nicaragua.
¿Y cómo hacen con la música popular, ustedes hacen los arreglos?
Raúl Martínez es generalmente el que hace los arreglos, él trabaja mucho más en los arreglos de música nicaragüense, no es necesariamente lo que llaman música popular, sí incursionamos en la música folklórica nicaragüense.
¿Cómo hacen con esa música que está hecha para tambores y para marimbas?
Hay un disco muy bonito que se llama Raíces, que es el más emblemático de la Camerata, porque trasladamos todo el material de la marimba a un CD con instrumentos clásicos; los arreglistas lo que hicieron fue tratar de hacer piezas que no perdieran la alegría, el sabor y la picardía de la música nicaragüense. En ese disco trabajaron Francisco Cedeño y Raúl Martínez.
¿Ustedes funcionan como una sociedad?
No. Somos un grupo independiente. La verdad es que hasta este año vamos a formar una comisión.
¿Pero cada uno es independiente?
Hay algunos de la Camerata que trabajan en otras instituciones. Los que somos meramente de la Camerata buscamos la plata en la calle, la Camerata no tiene dinero o una pensión de determinado gobierno. Buscamos recursos y ofrecemos nuestros servicios para hacer música clásica y popular nicaragüense; tocar en recepciones, en bodas, pero lo que más nos gusta es hacer conciertos. No digo que lo otro sea malo, pero tratamos de tener una especie de trabajo frecuente que nos permita hacer música de concierto.
¿Pero quién de ustedes es el dueño, o sea la patente? Por ejemplo, los derechos de los discos…
Yo soy el director. Los discos de la Camerata muchas veces han sido patrocinados y los derechos son compartidos con los patrocinadores y en ese caso no como Camerata, sino como persona. Yo a veces les pregunto a los músicos si quieren ser parte de una sociedad, pero ellos quieren que se les pague por lo que tocan. El derecho queda en la Camerata, o sea, en la Camerata que yo la represento, si eso genera x o y recurso nosotros lo ocupamos para mantener esta una academia y un proyecto que tenemos en Masatepe.
De aniversario
¿Y ahora con el aniversario, qué tienen pensado hacer?
Comenzamos celebrando en enero, hemos hecho espectáculos, pero la noche central va a ser el 15 y 16 de mayo, será un espectáculo donde van a converger todos los amigos que alguna u otra manera han apoyado a la Camerata; estará el Ballet Fol-klórico Macehuatl, Quezalnáhuatl y el Tepenáhuatl; Carlos y Luis Enrique Mejía, Los de Palacagüina; el Coro de Cámara de Nicaragua y muchos más.
¿Y qué proyecto tienen para un futuro próximo?
Ahora después de los 15 vamos a pasar a una etapa más agresiva en donde nos vamos a concentrar en buscar mejorar las condiciones de trabajo, de nuestros colegas de la Camerata, tratar de conseguir mejores instrumentos y estamos en una constante preparación de actividades. De aquí a diciembre quedan también muchas por hacer y el otro año sí tenemos un proyecto, pero creo que la temática va a ser un proyecto un poco menos ambicioso, porque la verdad es que hemos sentido que en el último año la situación ha estado bien fregada y queremos hacer cosas más sencillas, pero siempre con mucha calidad, y que son cosas novedosas para Nicaragua.
Fecunda y emergente
¿Cómo funciona esta Academia?
Tenemos alrededor de 70 alumnos, dos segmentos, uno de las personas que tienen posibilidades de pagar y la otra, la gran mayoría, la que nosotros ayudamos para que estudie. Son jóvenes de Ciudad Sandino, Villa Austria, Reparto René Schick, son niños que necesitan, hasta instrumentos les hemos dado, pagan un mínimo, muy poco, pero esa clase si ellos tuvieran que pagarla les costaría como 60 dólares al mes. En la Academia tenemos violín, violonchelo, viola, flauta, oboe, piano y guitarra. El alumno que no puede pagar y no tiene instrumento se lo prestamos y a veces con el tiempo se le va vendiendo a precios muy módicos, hemos comprado muchos instrumentos y nos han regalado también, y los tenemos a disposición de los alumnos.
¿Tienen algún buen alumno de la Academia que haya tocado con ustedes?
Varios. La idea es que nosotros estamos en una formación de estudiantes, pero sin sacrificar el hecho de que haya tantos alumnos y meterlos todos a la Camerata, vamos con un proceso bien lento donde hacemos ver al alumno el grado de dificultad que tiene determinada partitura y le hacemos ver que no es tan fácil tocar en la Camerata, pero sí hacemos algunas cosas donde ellos participan en conciertos, porque hasta qué nivel podemos tenerlos a ellos, en las piezas más conocidas, sobre todo en las navideñas, ellos han trabajado mucho con nosotros, son más sencillas.
Tenemos un grupito de niños de violín, son siete. Hemos estado trabajando duro con ellos y tenemos a estos niños que ya tienen tres años de estudiar el violín y esporádicamente tenemos a un flautista, a un violinista; tenemos mucha esperanza en ellos, son músicos que vienen creciendo, es difícil trabajar con los jóvenes o adolescentes. Tenemos ahorita a tres muchachos que se llaman Omar Olinto, Ronald Hernández y Bianca, que comenzaron de cero y ya tienen tres años en el violín.
¿Tus hijos son músicos?
No. Mis hijos estudian, pero yo los dejo que ellos decidan. No acostumbro ni acostumbramos en la escuela a forzar a estudiar música. Debe ser decisión propia. Siempre tratamos de que ellos se entusiasmen con la música y que decidan. Mis hijos van al Teatro bastante, han visto todo, desde muy chiquitos, han crecido en este ambiente, donde oían ensayar a la Camerata, han crecido en ese ambiente musical. Eso es bonito. Otros hijos de músicos de la Camerata tienen talento; el hijo de Raúl toca piano, y otro tiene hijos que son muy pequeños, pero tienen buen oído.
¿Y los alumnos buenos que tienen los ven como relevos?
De eso se trata. Es una cuestión de formación, más o menos esa es la situación de la Academia, crear músicos y que hagan un relevo de los músicos en Nicaragua.
¿Un relevo que todavía no está formado?
Hay otras escuelas, otras academias que tienen sus proyectos y tal vez están trabajando en eso. Por lo menos nosotros sentimos que vamos bien, pero la música necesita tiempo.
En eso la Camerata es un grupo bien profesional, puede ser que nosotros hayamos tenido deslices, lo normal en cualquier grupo, hasta los más famosos, pero siempre tenemos una visión de salir y cada día dar lo mejor, que nos merezcamos de verdad los aplausos, y que no nos aplaudan porque se acostumbra a aplaudir cuando se termina un concierto.
Managua, mayo 6, 2007.