Nuevo Amanecer

Eclipse, de José Adiak Montoya


Hace mucho tiempo José Adiak Montoya se apareció por mi casa, en ese entonces un microscópico apartamento en Reparto San Juan. Es la costumbre que los jóvenes nos reunamos para conversar de literatura. Ese encuentro acude a mi memoria porque mientras crecía la popularidad de Borges, Octavio Paz, Cortazar y Ernesto Sábato, entre algunos compañeros y amigos, José Adiak cargaba el libro de Las misas negras, de Louis Adams. Y recuerdo que me lo mostró con cierto brillo maligno de alegría.
Adams describe los rituales de adoración al Príncipe de las Tinieblas y esboza la tradición del mal, los roles y la jerarquía de los demonios y sus símbolos, las misas negras célebres de la historia, incluyendo la de Madame de Montespan, la favorita del Rey Luis XIV, se dice que Montespan para no perder sus privilegios en la corte acudió a la bruja más poderosa de la época conocida como la Voisin, quien le aconsejó la celebración de una serie de misas negras con tal de mantener al Monarca a su lado.
En esas andaba José Adiak. A eso agreguemos los siete o nueve gatos que viven en su casa. No me sorprendería que tuviera las obras completas de Lovecraft y una versión no autorizada del Necronomicón. Aunque esto no quiere decir que seguirá esta tendencia, es posible que su próximo libro sea el polo opuesto del primero. No hace mucho lo vi con El obsceno pájaro de la noche bajo el brazo.
Eclipse es un libro que mezcla agudamente las diversas influencias, en especial oscuras, existenciales y psicológicas. Es así que encuentro en esta ópera prima de José Adiak Montoya, interpretados y pasados por el tamiz del estilo y la preocupación propia, a Charles Baudelaire y Edgar Allan Poe, ambos los mejores en poesía y cuento respectivamente de este género con inclinaciones a lo tenebroso, si me permiten el atrevimiento. Baste recordar Las flores del mal entre otras provocaciones padecidas de Baudelaire o las Narraciones Extraordinarias de Poe en donde destaca ese poder sobrenatural y siniestro en cada uno de nosotros y que guiados bajo esa sombra seríamos capaces de torturas y abominaciones en detrimento de la vida.
El infierno de José Adiak en Eclipse no es de fuego, es acaso de oscuridad, se trata de un escritor cruzando las aguas negras de su interioridad en esa barca que oscila entre olas de vida y muerte. Es pues el infierno religioso de buscarse a sí mismo. Son los pinceles de José Adiak retratando los colores de la tristeza, los soles del dolor, los fantasmas de la vigilia y el sueño, una mezcla perversa entre placer y dolor, un masoquismo lírico y el frío de un tiempo que nos consume, un Eclipse perverso como velo de la vida y detrás de ese velo la angustia de ser o existir en este cuadrante de misterios y dudas, obsesiones, impotencia, furia y lágrimas.